La historia de la astrofísica moderna no se puede contar sin mencionar a Antony Hewish, el radioastrónomo británico que cambió para siempre nuestra comprensión del cosmos.
James Franck no fue solo un físico excepcional; fue la brújula moral de una generación de científicos que se encontró, de repente, con el poder de destruir el mundo.
En la historia de la ciencia, hay nombres que resuenan por un solo descubrimiento fortuito. Otros, como el de Donald J. Cram (1919–2001), se inscriben en el panteón de los grandes por haber enseñado al ser humano a "pensar en tres dimensiones".