¿Cómo defiende nuestro cuerpo su integridad frente a los millones de microbios que lo acechan cada día? Hoy en día, la respuesta parece obvia: gracias al sistema inmunitario.
¿Qué diferencia a un buen científico de un genio? El propio Albert Szent-Györgyi lo resumió en una frase que se convirtió en el mantra de la investigación moderna: "Descubrir consiste en ver lo que todo el mundo ha visto, y pensar lo que nadie más ha pensado".
A mediados del siglo XX, la biología se enfrentaba a su propio "mecanismo de Anticitera": sabíamos que las proteínas eran las ejecutoras de la vida, las encargadas de defender el cuerpo, acelerar las reacciones químicas y estructurar los tejidos, pero no teníamos ni la menor idea de cómo estaban construidas por dentro.