El cazador de la vitamina K

HISTORIA DE LA CIENCIA.-

A menudo, la historia de la ciencia recuerda a los descubridores de la penicilina o de la estructura del ADN, pero existen héroes semiolvidados cuyas investigaciones salvan miles de vidas cada día en los quirófanos de todo el mundo.

Uno de ellos es Edward Adelbert Doisy, el bioquímico estadounidense que desentrañó los misterios de la vitamina K, el interruptor maestro que permite la coagulación de la sangre.

Foto: Wikimedia Commons

De las aulas de Illinois a la vanguardia bioquímica.

Edward A. Doisy nació el 13 de noviembre de 1893 en Hume, Illinois. Desde muy joven mostró una mente analítica y una profunda curiosidad por los procesos químicos que sostienen la vida. Se formó en la Universidad de Illinois y posteriormente obtuvo su doctorado en la Universidad de Harvard en 1920.

Tras un breve paso por la Universidad de Washington, Doisy asumió la cátedra de bioquímica en la Escuela de Medicina de la Universidad de San Luis en 1923, un puesto que mantendría durante décadas y que transformaría en un epicentro mundial de la investigación biológica.

Aunque sus primeros éxitos estuvieron vinculados al aislamiento de las hormonas sexuales estrogénicas —un campo en el que compitió ferozmente con los laboratorios europeos—, el verdadero hito que lo consagraría en los libros de historia comenzó con un enigma hemorrágico en pollos.

El enigma de la sangre que no coagulaba.

A mediados de la década de 1930, el científico danés Henrik Dam descubrió que los pollos alimentados con una dieta libre de grasas desarrollaban hemorragias internas graves. Dam determinó que este fenómeno se debía a la carencia de un factor desconocido al que bautizó como Koagulationsvitamin (vitamina de la coagulación), origen del término vitamina K.

Sin embargo, identificar la existencia de una sustancia es una cosa; aislarla en su forma pura, comprender su estructura molecular y replicarla en un laboratorio es otra muy distinta. Ahí es donde entró en juego la tenacidad de Edward A. Doisy.

Doisy y su equipo de la Universidad de San Luis iniciaron una carrera contrarreloj. Utilizando toneladas de alfalfa y de pescado en descomposición, desarrollaron técnicas de extracción extremadamente complejas para aislar la esquiva sustancia. El esfuerzo dio sus frutos cuando el equipo de Doisy no solo aisló la vitamina K1 (de la alfalfa) y la vitamina K2 (de la harina de pescado), sino que determinó su estructura química exacta.

El golpe definitivo de Doisy a la medicina fue lograr la síntesis química de la vitamina K, lo que permitió producirla en masa de forma artificial sin depender de costosas extracciones biológicas.

El Premio Nobel de 1943 y el impacto en la salud global.

El impacto de este descubrimiento fue inmediato. La vitamina K demostró ser un tratamiento milagroso para salvar a recién nacidos que padecían la enfermedad hemorrágica del recién nacido, una dolencia hasta entonces mortal. Además, transformó la cirugía, permitiendo a los médicos tratar a pacientes con deficiencias de coagulación antes de someterlos a operaciones complejas.

En reconocimiento a este avance crucial, la Asamblea Nobel otorgó el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1943 de forma conjunta a Henrik Dam, por el descubrimiento de la vitamina K, y a Edward A. Doisy, por el descubrimiento de su naturaleza química.

A lo largo de su vida, Doisy fue recordado por sus colegas como un investigador de una ética inquebrantable y un rigor absoluto en el laboratorio. No buscaba la fama, sino la precisión. Permaneció vinculado a la Universidad de San Luis hasta su jubilación y continuó interesándose por la ciencia hasta su fallecimiento el 23 de octubre de 1986, a los 92 años.

Sitio Fuente: NCYT de Amazings