¿Por qué a veces imitamos los movimientos de alguien sin darnos cuenta?
PSICOLOGÍA.
La ciencia explica el efecto camaleón y cómo influye en nuestras relaciones sociales.
Estás conversando con una persona, cruza los brazos y, al rato, tú haces lo mismo sin proponértelo.
Quizá tampoco notes que ambos inclináis la cabeza o adoptáis una postura semejante. No hace falta que uno de los dos dé una orden ni que el otro decida seguirla. La imitación puede aparecer durante una charla corriente, incluso cuando estamos concentrados en las palabras.
Se llama "efecto camaleón". Al observar gestos y posturas, nuestro cerebro tiende a preparar acciones parecidas. Por eso, podemos copiar determinados movimientos de manera automática.
Este fenómeno forma parte de la relación entre percibir una conducta y activar mecanismos que permiten realizarla. Sin embargo, eso no significa que exista un botón cerebral que nos obligue a repetir cualquier gesto. Tampoco es una copia exacta: a veces, basta con adoptar una posición similar o acompasar pequeños movimientos.
Pero no imitamos todo lo que vemos: también influyen la atención, el contexto y la persona que tenemos delante.
Por ejemplo, una conversación amistosa puede favorecer que nos coordinemos, mientras que ciertas situaciones incómodas pueden cambiar esa tendencia. La conducta de nuestro interlocutor importa: no reaccionamos igual ante un movimiento natural que ante una imitación exagerada, evidente o burlona.
¿Tiene alguna utilidad? Estos pequeños reflejos pueden facilitar la interacción y favorecer la cercanía entre interlocutores.
Los psicólogos han estudiado esa posible función mediante conversaciones preparadas en las que una persona reproducía algunos gestos de otra sin llamar la atención. Después, preguntaban a los participantes qué impresión se habían llevado de la experiencia.
De hecho, algunos experimentos han encontrado que, cuando alguien reproduce discretamente nuestros gestos, esa persona puede caernos mejor, aunque no sepamos por qué.
Eso no demuestra que imitar siempre genere simpatía ni que permita conocer lo que piensa alguien. Sus efectos dependen de la situación y de otros factores sociales.
Por: César Noragueda. Periodista especializado en cine, ciencia y pensamiento crítico.
Sitio Fuente: MuyInteresante