¿Cómo convierte el cerebro la materia gris en experiencia subjetiva?
NEUROCIENCIAS / PSICOLOGÍA.
¿Cómo es posible que un kilo y medio de tejido orgánico, impulsos eléctricos y reacciones químicas den lugar a la sensación de estar vivos?
Cuando contemplas un atardecer, el cerebro no solo procesa longitudes de onda de luz roja y naranja; tú experimentas la calidez del momento. Esa vivencia interna y personal es lo que la ciencia llama experiencia subjetiva o conciencia en primera persona.
Foto: Wikimedia Commons.
Durante siglos, este territorio perteneció exclusivamente a la filosofía. Sin embargo, la neurociencia moderna ha tomado el relevo, intentando descifrar el que se considera el mayor enigma de la biología contemporánea: el "problema duro" de la conciencia.
El "problema fácil" frente al "problema duro".
Para entender dónde se encuentra la investigación actual, es fundamental diferenciar los dos retos que planteó el filósofo David Chalmers en los años noventa:
- El problema fácil: Consiste en explicar cómo el cerebro procesa los estímulos del entorno, integra la información, enfoca la atención o pasa del sueño a la vigilia. Se llama "fácil" no porque sea sencillo, sino porque la neurobiología clásica tiene las herramientas mecánicas para resolverlo mediante el estudio de circuitos neuronales.
- El problema duro: Es el verdadero abismo. ¿Por qué todo ese procesamiento físico viene acompañado de una experiencia interior? Un ordenador superavanzado puede procesar datos visuales sin experimentar nada en absoluto. Nosotros, en cambio, sentimos los qualia (las cualidades subjetivas de las experiencias individuales, como el sabor de un café o el dolor de un pinchazo).
Las dos grandes teorías científicas sobre la mesa.
La neurociencia actual no busca el "alma" en un punto concreto del cerebro, sino patrones de conectividad global. Hoy en día, el debate científico está liderado por dos marcos teóricos que intentan explicar cómo emerge la chispa de la autoconciencia.
1. El Espacio de Trabajo Global. (Global Workspace Theory)
Imagina el cerebro como un gran teatro. La mayor parte de la actividad ocurre entre bambalinas: tu cerebro procesa el latido cardíaco, la digestión o las reglas gramaticales de forma totalmente inconsciente.
Según esta teoría, liderada por científicos como Stanislas Dehaene, la conciencia surge cuando una información visual, auditiva o emocional sube al escenario principal y el foco de la atención la ilumina. En ese momento, una red de neuronas de largo alcance (principalmente en la corteza prefrontal y parietal) emite un "destello global" que distribuye esa información por todo el cerebro. Cuando los datos se comparten de forma masiva con el resto del sistema, la experiencia se vuelve consciente.
2. La Teoría de la Información Integrada. (IIT)
Propuesta por Giulio Tononi, esta perspectiva cambia el enfoque: la conciencia no es un subproducto de un ordenador biológico, sino una propiedad fundamental de cualquier sistema que cumpla dos condiciones: tener mucha información y estar altamente integrado.
Para esta teoría, el cerebro genera conciencia porque sus miles de millones de neuronas están conectadas de tal forma que el sistema no puede dividirse en partes independientes. Cuanto mayor sea el grado de información integrada (medido con la letra griega Phi), más rico y complejo será el nivel de conciencia del sistema. Una de las conclusiones más fascinantes de este modelo es que la conciencia no sería exclusiva de los humanos, sino que existiría en diferentes grados en la naturaleza.
Los interruptores de la conciencia en el laboratorio.
Más allá de los modelos teóricos, los neurólogos buscan los "correlatos neuronales de la conciencia", es decir, las estructuras físicas mínimas necesarias para que estemos conscientes.
Las investigaciones con pacientes en coma o estado vegetativo apuntan a que el secreto reside en el diálogo constante entre el tronco encefálico (que actúa como el generador de energía o el interruptor de encendido) y la corteza cerebral (que genera el contenido de la experiencia, las imágenes y los pensamientos). Si la comunicación de ida y vuelta entre estas regiones se corta, el escenario se apaga por completo.
A esto se suma la llamada Red Neuronal por Defecto, un circuito que se activa cuando no estamos prestando atención al mundo exterior y nos sumergimos en nuestros propios pensamientos, recuerdos y proyecciones futuras. Muchos expertos consideran que esta red es el pilar central de nuestra narrativa de identidad: el lugar donde reside el "yo".
¿Llegaremos a resolver el misterio por completo? A medida que las técnicas de neuroimagen ganan resolución, estamos más cerca de ver en tiempo real cómo las ondas cerebrales se sincronizan para fijar un recuerdo o una percepción consciente.
Sitio Fuente: NCYT de Amazings