Un fósil con 16 mordeduras revela que los tiranosaurios remataban y devoraban a otros gigantes agonizantes, cambiando la imagen clásica del cazador implacable
PALEONTOLOGÍA.
Un hueso hallado en Montana conserva las huellas de un joven tiranosaurio alimentándose del cadáver de otro mucho mayor, una escena que cambia la imagen clásica de estos depredadores.
Unas mordeduras fósiles desmontan la imagen clásica de los tiranosaurios como simples cazadores. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.
La imagen del tiranosaurio como un cazador implacable y solitario lleva décadas dominando tanto el cine como la divulgación científica. Sin embargo, un fósil descubierto en Estados Unidos acaba de añadir un matiz mucho más complejo a la vida de estos grandes depredadores del Cretácico. Un estudio publicado en la revista Evolving Earth ha identificado 16 marcas de dientes en un hueso de pie perteneciente a un gran titanosaurio, señales que apuntan a que un ejemplar más joven estuvo alimentándose de los restos de otro individuo de su misma familia hace unos 75 millones de años.
El trabajo, liderado por Josephine Nielsen, investigadora de la Universidad de Aarhus, se centra en un metatarsiano hallado en la Formación Judith River, en Montana, uno de los grandes yacimientos de dinosaurios de Norteamérica. Tal y como indica el estudio, el hueso pertenecía a un tiranosaurio de entre 10 y 12 metros de longitud, pero las marcas encontradas sobre él eran demasiado pequeñas para haber sido producidas por un adulto de ese tamaño.
Los investigadores utilizaron escaneado tridimensional de alta resolución y modelos digitales para analizar con precisión la profundidad, orientación y separación de cada una de las marcas. Gracias a esa reconstrucción virtual pudieron comprobar que los surcos no eran aleatorios ni producto de la erosión, sino auténticas impresiones dentales dejadas por un tiranosaurio más pequeño.
El detalle más llamativo es la localización de las mordeduras. Todas aparecen en la parte distal del metatarsiano, una zona con muy poca carne. Para los paleontólogos, esto sugiere que el cadáver llevaba tiempo descomponiéndose y que el animal estaba aprovechando los últimos restos disponibles, un comportamiento típico de carroñeo.
Un “crimen” fósil reconstruido en 3D.
El hallazgo tiene algo de investigación forense. El hueso fue encontrado hace años por aficionados a la paleontología, pero no fue hasta ahora cuando se sometió a un análisis detallado mediante técnicas digitales. Tal y como ha revelado el equipo científico, el fósil original era demasiado delicado para ser trasladado, por lo que el estudio se realizó a partir de una réplica impresa en 3D y un modelo virtual.
Cada una de las 16 marcas fue clasificada utilizando el llamado sistema CM, una metodología reciente que permite estudiar mordeduras fósiles a partir de criterios medibles. Los investigadores analizaron longitud, anchura, profundidad y ángulo de cada surco para determinar cómo había sido producido.
La separación entre las marcas resultó especialmente importante. Los espacios entre dientes coinciden con los de un tiranosaurio juvenil o subadulto, probablemente de unos seis metros de longitud. Según los autores, la disposición de las huellas apunta a que el animal utilizó principalmente los dientes delanteros de la mandíbula, ideales para arrancar restos de carne adheridos al hueso.
Las marcas individuales están numeradas del 1 al 16 y cada grupo aparece diferenciado con un código de colores. Fuente: Evolving Earth (2026)
El estudio también descarta que las marcas fueran producto de una pelea entre individuos vivos. El hueso no muestra señales de cicatrización y los surcos no corresponden a impactos violentos, sino a movimientos de raspado y alimentación. Todo apunta a una escena mucho menos espectacular, pero igualmente reveladora: un joven tiranosaurio aprovechando un cadáver abandonado.
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Los tiranosaurios también limpiaban cadáveres.
La idea de que los grandes terópodos consumieran carroña no es completamente nueva, pero sigue chocando con la visión tradicional de estos animales como superdepredadores exclusivos. Durante años, algunos investigadores defendieron que Tyrannosaurus rex era más carroñero que cazador, una hipótesis muy discutida dentro de la paleontología.
Este nuevo estudio no plantea que los tiranosaurios fueran simples oportunistas incapaces de cazar. Lo que muestra es que, igual que muchos grandes depredadores actuales, probablemente combinaban ambas estrategias según la ocasión. Leones, hienas, cocodrilos o dragones de Komodo también aprovechan cadáveres cuando la oportunidad aparece.
"Las marcas no están donde esperaríamos en un ataque, sino en una zona del pie con muy poca carne, lo que apunta a un comportamiento de carroñeo en las últimas fases de descomposición".
La Formación Judith River, donde apareció el fósil, albergaba hace 75 millones de años varios géneros de tiranosaurios, entre ellos Daspletosaurus y Gorgosaurus. Los autores consideran más probable que las marcas pertenezcan al primero debido a la distribución geográfica de estos animales en la región sur del ecosistema.
Otro detalle interesante es que el estudio no puede confirmar si se trató de canibalismo. Aunque el hueso pertenecía a un tiranosaurio y las mordeduras también parecen obra de otro tiranosáurido, resulta imposible determinar si eran exactamente de la misma especie. Aun así, el trabajo se suma a otros descubrimientos que ya habían sugerido comportamientos similares en grandes dinosaurios carnívoros.
Reconstrucción de un pequeño tiranosaurio alimentándose del cadáver de un ejemplar mucho mayor. Ilustración: Yu Xin, Shen Li y Liang Junwei
Un fósil que cambia la imagen clásica del depredador perfecto.
Más allá del propio hallazgo, la investigación demuestra hasta qué punto las nuevas tecnologías están transformando la paleontología. El uso de escáneres 3D y análisis digitales permite estudiar detalles invisibles hace apenas unos años y reconstruir escenas de comportamiento con una precisión sorprendente.
"Los científicos comparan este comportamiento con el de grandes depredadores actuales, como hienas, cocodrilos o dragones de Komodo, capaces de alternar caza y carroñeo".
Los científicos creen que este tipo de métodos ayudará en el futuro a distinguir mejor entre mordeduras producidas durante la caza, el carroñeo o incluso enfrentamientos entre individuos. En el caso de BDM 124 —el nombre técnico del fósil analizado— las pruebas apuntan claramente a una fase tardía de alimentación sobre un cadáver ya casi consumido.
La escena resultante se aleja mucho del retrato clásico del tiranosaurio cinematográfico. En lugar de un cazador invencible persiguiendo presas gigantes, el fósil muestra a un joven dinosaurio aprovechando hasta el último resto disponible en un ecosistema donde nada se desperdiciaba.
Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.
Sitio Fuente: MuyInteresante