Una investigación concebida y coordinada por la Universidad de California en San Francisco ha logrado modificar el genoma de las células T con la sutileza necesaria para abordar las citadas cuestiones médicas.
El autor principal del trabajo, publicado en la destacada revista “Nature”, es el físico y neurocientífico argentino Emilio Kropff, del Instituto Leloir, quien trabajó bajo la dirección de los premios Nobel de Medicina 2014.
Emilio Kropff, investigador del CONICET en el Laboratorio de Plasticidad Neuronal del Instituto Leloir.
Un consorcio internacional integrado por científicos de universidades e instituciones de investigación de Brasil y del Reino Unido pretende develar durante los próximos cinco años cómo se formaron, hace millones de años, esos depósitos.
En algunas áreas situadas en el fondo de los océanos, a profundidades que pueden llegar a los 5 mil metros, es posible hallar diversos tipos de depósitos de metales. Los más comunes son los nódulos de manganeso, de un diámetro de entre 10 y 20 centímetros, distribuidos en el lecho oceánico, sobre el sedimento marino, compuestos por manganeso, hierro, cobre, níquel y cobalto.
Pocos consideran el tipo de suelo antes de construir una vivienda, de cortar la vegetación que de él nace o de modificarlo por actividades humanas. Este desconocimiento puede exponer a la población a inundaciones, hundimientos, derrumbes, e incluso problemas de salud, si hay metales pesados depositados en el terreno.
Suelos, la piel de la Tierra. Imagen: Bárbara Castrejón.