El hombre que "vio" las moléculas en la oscuridad

HISTORIA DE LA CIENCIA.-

¿Cómo se puede cartografiar la estructura tridimensional de los compuestos químicos que sostienen la vida sin poder verlos a simple vista?

Más difícil aún: ¿cómo lo logras si eres completamente sordo desde la adolescencia? Esta es la historia de John Cornforth, el brillante químico australiano que desafió las barreras de la física y de la biología para desvelar los secretos del colesterol, ganando el Premio Nobel de Química en 1975. Su vida es un testimonio de una genialidad espacial absoluta y de una tenacidad inquebrantable.

Foto: AP/Wikimedia Commons.

El silencio que agudizó la visión mental.

John Warcup Cornforth nació en Sídney en 1917. A los 10 años comenzó a notar los primeros síntomas de la otosclerosis, una enfermedad ósea del oído que, a los 20 años, lo dejó completamente sordo.

Lejos de rendirse, Cornforth descubrió que la pérdida del oído agudizaba otra capacidad crucial para la química orgánica: la visualización espacial. Al no poder escuchar las clases magistrales en la Universidad de Sídney, devoraba los libros de texto y recreaba las estructuras moleculares en su mente. Para "Kappa" (como lo llamaban cariñosamente sus amigos), las moléculas no eran dibujos planos en un papel, sino objetos tridimensionales que giraban, se entrelazaban y reaccionaban en un espacio geométrico perfecto.

El secreto del colesterol y el Premio Nobel de 1975.

El gran hito científico de Cornforth, y la razón por la que su nombre brilla en la historia de la ciencia, fue descifrar la estereoquímica de la biosíntesis del colesterol.

El colesterol es una molécula compleja fundamental para nuestras células, pero en los años 50 y 60 nadie sabía exactamente cómo el cuerpo humano la construía paso a paso a partir de bloques más pequeños.

La síntesis del colesterol implica más de 30 pasos químicos. En cada uno de ellos, los átomos de hidrógeno pueden orientarse hacia la "izquierda" o hacia la "derecha" (un fenómeno conocido como quiralidad).

Utilizando isótopos de hidrógeno (deuterio y tritio) como si fueran "etiquetas de colores", Cornforth rastreó con precisión milimétrica la posición de cada átomo.

Este trabajo de artesanía atómica le valió el Premio Nobel de Química en 1975 (compartido con Vladimir Prelog). Demostró al mundo que la vida no solo depende de qué átomos están hechos nuestros compuestos, sino de cómo están posicionados en el espacio.

Rita Harradence: La mano derecha y el gran amor de su vida.

Es imposible escribir sobre John Cornforth sin mencionar a Rita Harradence. Se conocieron en la universidad cuando ella le pidió que reparara una pieza de vidrio rota en el laboratorio. Desde ese momento, se volvieron inseparables.

Rita, también una química brillante, se convirtió en sus "oídos". Desarrollaron un lenguaje de signos propio, ella le traducía las conferencias en tiempo real y colaboraron codo con codo en casi todas las investigaciones. La comunidad científica coincide en que el Nobel de Cornforth fue, en gran parte, un logro de ambos.

John Cornforth falleció en 2013 a los 96 años, dejando tras de sí una herencia que va más allá de sus fórmulas y matraces. Su trabajo sentó las bases para el desarrollo de medicamentos modernos, incluidos los fármacos para controlar el colesterol (estatinas) y tratamientos hormonales.

Sitio Fuente: NCYT de Amazings