Encuentran una necrópolis de ballenas en uno de los lugares más profundos y remotos de la Tierra, a 7 kilómetros en el océano Índico: algunas tienen 5,3 millones de años

PALEONTOLOGÍA MARINA.-

A 7 kilómetros bajo el océano Índico, los científicos han encontrado cientos de esqueletos de cetáceos que llevan acumulándose desde hace más de cinco millones de años y que albergan formas de vida desconocidas.

Descubren el mayor y más profundo cementerio de ballenas del mundo. Fotos: Global TREnD / IDSSE.

En las profundidades más remotas del océano Índico, donde la luz del Sol jamás ha llegado y la presión aplastaría cualquier vehículo convencional, un equipo internacional de científicos ha realizado uno de los descubrimientos más extraordinarios de las últimas décadas. A más de 7.000 metros de profundidad, en una región prácticamente inexplorada del fondo marino, han encontrado una inmensa necrópolis de ballenas que lleva acumulándose durante al menos 5,3 millones de años.

El hallazgo, dado a conocer en la revista Nature, revela la existencia de centenares de restos de cetáceos distribuidos a lo largo de unos 1.200 kilómetros en la llamada Zona Diamantina, una accidentada región submarina situada al sureste del océano Índico. Lo que comenzó como una expedición para estudiar las profundidades oceánicas terminó convirtiéndose en el descubrimiento de un auténtico archivo fósil de la evolución de las ballenas y de uno de los ecosistemas más extraños del planeta.

Los investigadores documentaron un total de 485 emplazamientos con restos fósiles y cadáveres de ballenas en distintas fases de descomposición. Algunos pertenecen a especies actuales, mientras que otros permanecían sobre el fondo marino desde una época en la que nuestros ancestros caminaban por África y el clima global era muy diferente al actual.

La magnitud del hallazgo sorprendió incluso a los propios científicos. Hasta ahora se conocían numerosos ejemplos de "caídas de ballena", el nombre que reciben los cadáveres que se hunden hasta el fondo oceánico y generan auténticos oasis de vida en las profundidades. Sin embargo, nunca se había encontrado una acumulación de restos de semejante tamaño, antigüedad y profundidad.

Lo más llamativo es que la necrópolis sigue creciendo. Entre los fósiles aparecieron también varios esqueletos relativamente recientes que continúan alimentando comunidades de organismos especializados, demostrando que este proceso lleva produciéndose de manera continuada durante millones de años.

Un cementerio submarino oculto en uno de los lugares más inaccesibles de la Tierra.

La Zona Diamantina es una vasta fractura oceánica situada al sur de Australia. Se trata de un paisaje extremo formado por valles, fosas y crestas submarinas que alcanzan profundidades cercanas a los 7 kilómetros.

Para explorarla, los investigadores utilizaron el sumergible tripulado Fendouzhe, uno de los pocos vehículos del mundo capaces de descender hasta las mayores profundidades del océano. Entre febrero y marzo de 2023 realizaron 32 inmersiones que permitieron cartografiar una pequeña parte de la región.

Fue durante una de esas expediciones cuando aparecieron los primeros restos. Lo que inicialmente parecía un hallazgo aislado se transformó rápidamente en algo mucho mayor. Cada nueva inmersión revelaba más cráneos, vértebras y esqueletos dispersos por el fondo marino.

Los científicos estiman que la densidad de restos en algunas zonas es extraordinariamente alta para un entorno tan remoto. Aunque únicamente se examinó una pequeña fracción del área total, los datos sugieren que podrían existir miles de restos distribuidos por toda la región.-

La imagen que emerge es la de un gigantesco cementerio natural donde los cuerpos de cetáceos han ido acumulándose lentamente durante millones de años, preservados por unas condiciones geológicas excepcionales.

Los investigadores apenas han examinado una pequeña parte de la zona tras más de 30 inmersiones con un sumergible de gran profundidad. Foto: Global TREnD / IDSSE

Los investigadores documentaron 485 puntos con restos fósiles y caídas de ballena activas distribuidos a lo largo de unos 1.200 kilómetros de la Zona Diamantina, una concentración sin precedentes en las profundidades oceánicas.

Ballenas modernas junto a especies desaparecidas hace millones de años.

Uno de los aspectos más fascinantes del descubrimiento es la mezcla de especies actuales y extintas.

Los análisis paleontológicos identificaron restos pertenecientes a varias especies de zifios, un grupo de cetáceos de aguas profundas conocido por realizar algunas de las inmersiones más extremas del reino animal. Entre ellos aparecieron fósiles de especies actuales que todavía habitan el océano Austral, como los zifios de Andrews y los zifios de Layard.

Pero también surgieron sorpresas mucho mayores. Los investigadores identificaron ejemplares de géneros extinguidos que solo se conocían por hallazgos muy escasos. Entre ellos destaca Pterocetus benguelae, una especie que vivió hace más de cinco millones de años.

Además, el estudio describe una especie completamente nueva para la ciencia, bautizada como Pterocetus diamantinae en honor a la región donde fue encontrada. El excelente estado de conservación de algunos cráneos permitió reconocer características anatómicas desconocidas hasta ahora y ampliar el conocimiento sobre la evolución de estos cetáceos especializados.

La datación mediante isótopos de estroncio confirmó que algunos de los fósiles tienen una antigüedad de hasta 5,3 millones de años, situándolos en el Plioceno temprano.

Pocas veces los científicos tienen acceso a un registro fósil tan prolongado y continuo en un mismo lugar.

Un oasis de vida en medio del desierto abisal.

Aunque pueda parecer paradójico, la muerte de una ballena puede desencadenar una explosión de vida.

Cuando un cetáceo se hunde hasta el fondo marino, su enorme masa orgánica se convierte en una fuente de alimento capaz de sostener ecosistemas completos durante décadas. En regiones donde la comida escasea, estos cadáveres funcionan como auténticas islas biológicas.

Tal y como indica el estudio publicado en Nature, las cinco caídas de ballena activas descubiertas en la Zona Diamantina estaban cubiertas por densas comunidades de organismos especializados.

Entre ellos aparecieron gusanos perforadores de huesos del género Osedax, moluscos quimiosintéticos, estrellas quebradizas, crustáceos y otros invertebrados adaptados a sobrevivir gracias a la energía química liberada durante la descomposición de los restos.

Los científicos identificaron 35 grandes grupos de organismos asociados a estos ecosistemas. Sin embargo, el dato más sorprendente surgió al analizar su ADN.-

De las 21 especies estudiadas genéticamente, solo una pudo identificarse con seguridad como una especie ya conocida. Todo apunta a que gran parte de esta fauna podría representar organismos aún no descritos por la ciencia.

La profundidad extrema parece haber favorecido la evolución de comunidades biológicas únicas, aisladas durante largos periodos de tiempo y adaptadas a condiciones que apenas existen en otros lugares del planeta.

Tres cráneos fósiles de zifios recuperados del fondo marino de la Zona Diamantina. Entre ellos aparecen dos especies extinguidas y una especie que aún habita los océanos actuales. Foto: Global TREnD

"Las comunidades activas asociadas a las ballenas se encontraron a profundidades superiores a los 6.700 metros, ampliando en más de dos kilómetros el rango conocido para este tipo de ecosistemas".

El misterio de por qué tantas ballenas terminaron aquí.

La gran pregunta que plantea el descubrimiento es evidente: ¿por qué se acumularon tantas ballenas precisamente en este lugar? Los investigadores creen que la respuesta se encuentra en una combinación de factores geológicos y biológicos.

Por un lado, la región forma parte de las rutas migratorias utilizadas por varias especies de grandes ballenas barbadas, como la ballena minke antártica y el rorcual norteño. Algunos individuos probablemente murieron de manera natural durante sus desplazamientos.

Pero la mayoría de los restos pertenecen a zifios, especialistas en inmersiones profundas que persiguen peces y calamares en aguas abisales.

Estos cetáceos son capaces de permanecer más de una hora bajo el agua y descender a profundidades extraordinarias. Sin embargo, la Zona Diamantina supera ampliamente los límites habituales de inmersión de muchas especies.

Los autores del estudio plantean que algunos individuos pudieron morir debido al enorme estrés fisiológico asociado a estas inmersiones extremas.

La propia geografía del lugar habría hecho el resto. Los valles submarinos con forma de V actuarían como enormes embudos naturales capaces de concentrar los cuerpos que se hunden hacia el fondo.

A ello se suma otro factor decisivo: la sedimentación en esta región es extremadamente lenta. Los restos no quedan enterrados rápidamente, lo que permite que permanezcan expuestos durante cientos de miles o incluso millones de años.

Un archivo único para estudiar la evolución de las ballenas.

Más allá de lo espectacular del descubrimiento, los científicos consideran que la necrópolis de la Zona Diamantina puede convertirse en una herramienta excepcional para reconstruir la historia evolutiva de los cetáceos.

Los zifios actuales son algunos de los mamíferos marinos más enigmáticos del planeta. Muchas especies apenas se conocen porque pasan la mayor parte de su vida lejos de las costas y emergen muy raramente a la superficie.

La acumulación de centenares de restos fósiles y modernos en un mismo lugar ofrece una oportunidad única para estudiar cómo evolucionaron estos animales, cómo cambiaron sus adaptaciones al buceo profundo y cómo respondieron a las transformaciones climáticas ocurridas durante los últimos millones de años.

Tal y como ha revelado el equipo científico, la Zona Diamantina podría representar solo el primer ejemplo de un fenómeno mucho más extendido. Existen otras regiones oceánicas donde se han recuperado fósiles similares y que podrían albergar necrópolis comparables aún ocultas bajo kilómetros de agua.

Si futuras expediciones confirman esta hipótesis, los océanos profundos podrían guardar algunos de los mayores archivos fósiles del planeta, esperando desde hace millones de años a ser descubiertos.

Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.

Sitio Fuente: MuyInteresante