La historia de la aviación suele comenzar en los albores del siglo XX con los hermanos Wright, o quizás un poco antes, en el Renacimiento, con los bocetos de Leonardo da Vinci.
Aunque el gran público suele asociar la era dorada de la ciencia soviética con figuras como Lev Landáu o Andréi Sájarov, fue Ígor Yevgénievich Tamm quien, con una mezcla de intuición matemática brillante y una brújula moral inquebrantable, sentó las bases de descubrimientos que hoy transforman desde la medicina hasta la búsqueda de la energía limpia del futuro.
El hombre que transformó radicalmente nuestra vida cotidiana, permitiendo la existencia de los ordenadores, los teléfonos móviles y la electrónica moderna, suele pasar desapercibido para el gran público.
Por definición, la ciencia avanza a hombros de gigantes, pero a veces esos gigantes tienen que pasar décadas remando contracorriente, soportando el escepticismo general.
La muestra, curada por Rafael del Río, es una reflexión sobre la identidad, la memoria y la narrativa visual, a partir de la obra de 82 artistas jaliscienses.