Nature rinde homenaje a dos científicas españolas que estudiaban el inicio de la vida y la formación del corazón: murieron en Urda
España: HOMENAJES.
Marta Shahbazi Alonso y Tamara González Costa fallecieron en el accidente ferroviario cuando viajaban a un congreso donde iban a compartir sus investigaciones.
Marta Shahbazi Alonso (izquierda), una prometedora embrióloga, y Tamara González Costa, experta en desarrollo cardíaco, fallecieron en el choque de trenes en Urda. / MRC LMB/Michael Thornton (izquierda), Departamento de Diseño Gráfico del IMBA/Hannes Tkadletz (derecha).
Una iba a recibir un premio por sus avances en el estudio del embrión humano. La otra, a presentar una investigación sobre las enzimas que intervienen en la formación del corazón. Marta Shahbazi Alonso y Tamara González Costa murieron cuando viajaban a un congreso científico en Huelva en uno de los trenes siniestrados en Urda. Nature reconstruye sus trayectorias a través de los colegas que conocieron su trabajo y compartieron sus proyectos.
Un reconocimiento desde la ciencia internacional.
La revista Nature ha dedicado un reportaje a dos investigadoras españolas cuyas carreras se desarrollaban en centros de referencia europeos. Marta Shahbazi Alonso, de 41 años, dirigía un grupo en el Laboratorio de Biología Molecular del Consejo de Investigación Médica británico, en Cambridge. Tamara González Costa, de 31, se había incorporado en agosto al Instituto de Biotecnología Molecular de Viena.
Ambas fallecieron en la colisión de trenes del 28 de octubre cerca de Urda, Toledo. Se dirigían al XIX congreso de la Sociedad Española de Biología del Desarrollo, en El Rompido, Huelva. El homenaje publicado por Nature, firmado por Miryam Naddaf, recoge el alcance de sus investigaciones y el recuerdo de quienes trabajaron con ellas.
Una ventana al desarrollo humano.
Shahbazi se incorporó en 2014 al laboratorio de Magdalena Żernicka-Goetz en la Universidad de Cambridge. Dos años después, participó en un avance que permitió cultivar embriones humanos en el laboratorio hasta los 14 días después de la fecundación. Los investigadores pudieron observar con un detalle sin precedentes una etapa decisiva del desarrollo y disponer de una alternativa a los modelos de ratón.
El interés iba más allá de prolongar la supervivencia de los embriones. El método permitía estudiar qué ocurre durante un periodo en el que fracasan numerosos embarazos y qué condiciones necesita el embrión para seguir desarrollándose. El equipo también identificó mecanismos moleculares que coordinan el desarrollo celular y la formación de los tejidos.
En 2020, Shahbazi creó su propio grupo en Cambridge. Sus investigaciones más recientes abordaban las aneuploidías: alteraciones por las que las células tienen cromosomas de más o de menos, asociadas a pérdidas gestacionales y fallos de implantación. Su colaboradora Roser Vento-Tormo, del Instituto Wellcome Sanger, explica que parte de esos resultados se darán a conocer en los próximos meses.
Varias grúas trabajan en la zona del accidente ferroviario en Urda. / Diego Radamés - Europa Press.
Cómo dotar de circulación a un modelo de corazón.
González había realizado su doctorado en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares de Madrid. Viajaba al congreso para presentar parte de su tesis sobre enzimas implicadas en el desarrollo cardíaco, un trabajo que, según Nature, se publicará próximamente.
En Viena había comenzado a investigar cómo desarrollar circulación sanguínea en organoides cardíacos: pequeñas estructuras de tejido cultivadas en el laboratorio que reproducen características del corazón humano. No son corazones completos, sino modelos experimentales con los que estudiar su desarrollo.
Su supervisor, Sasha Mendjan, la recuerda como una científica muy cuidadosa y, al mismo tiempo, ambiciosa. También destaca la rapidez con la que se integró en el laboratorio y entabló amistad con sus compañeros. Había llegado apenas unos meses antes.
Lo que recuerdan sus colegas.
Los testimonios reunidos por Nature hablan de resultados científicos, pero también de formas de trabajar. Żernicka-Goetz recuerda el entusiasmo de Shahbazi y su amor por la ciencia, y explica que la ponía como ejemplo a sus estudiantes por sus conocimientos y su actitud.
Vento-Tormo destaca su generosidad y el apoyo que le prestó durante su embarazo. Shahbazi, madre de dos hijos, compartía con ella desde recetas hasta información sobre colegios. En el recuerdo de sus compañeros conviven la investigadora que abría nuevas posibilidades para estudiar el embrión y la amiga disponible para resolver una preocupación cotidiana. González dejó también, en su breve etapa vienesa, el recuerdo de una persona extremadamente amable. El reportaje reúne esas voces para contar qué habían aportado las dos científicas y cuánto trabajo tenían todavía por delante.
Por: Eduardo Martínez de la Fe / T21.
Sitio Fuente: Levante / Tendencias21