El cambio climático está detrás de dos de cada tres muertes por calor en las ciudades europeas
Europa: VERANO 2026.
Un estudio estima más de 50.000 fallecimientos asociados al calor en 854 zonas urbanas durante el verano de 2026, unos 32.600 atribuibles al calentamiento humano.
En las ciudades españolas analizadas, esa proporción alcanza el 77%.
En España, aumentan las muertes debido a las olas de calor. / EFE.
El calor extremo del verano de 2026 habría causado más de 50.000 muertes en 854 ciudades europeas, y unas 32.600 serían atribuibles al cambio climático provocado por las actividades humanas, principalmente por la quema de combustibles fósiles. Es la estimación que recoge el estudio Heat-related urban mortality attributable to human-induced climate change in Europe in summer 2026, realizado por científicos del Imperial College de Londres y de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres: aproximadamente dos de cada tres fallecimientos relacionados con el calor no se habrían producido en un clima sin ese calentamiento.
El análisis abarca ciudades de los 27 países de la Unión Europea, Reino Unido, Noruega y Suiza, que reúnen alrededor del 40% de la población de esos treinta países. Su alcance es exclusivamente urbano: las cifras no representan la mortalidad total por calor de Europa.
Un verano que supera los registros de 2003 y 2022.
Según los resultados de este estudio, el verano de 2026 presenta la mayor mortalidad estimada por calor de la serie analizada por estas instituciones, iniciada en 2000. Supera ampliamente las aproximadamente 29.000 muertes calculadas para 2022 y las 28.000 de 2003.
La comparación también tiene en cuenta los cambios demográficos. Al aplicar los mismos supuestos demográficos de los años anteriores, el estudio estima 45.492 muertes en 2026, aproximadamente un 50% más que en 2022 o 2003.
España: el 77% de las muertes, atribuible al calentamiento humano.
En las 90 ciudades españolas incluidas, los investigadores estiman 6.824 fallecimientos asociados al calor entre junio y agosto. De ellos, 5.227, cerca del 77%, se atribuyen al calentamiento antropogénico.
Barcelona aparece como la segunda ciudad europea con mayor número absoluto de muertes por calor atribuibles al cambio climático, por detrás de Milán. El desglose facilitado estima 1.842 fallecimientos asociados al calor en Barcelona, de los que 1.587 se vinculan al calentamiento provocado por la actividad humana. Milán alcanza las 1.627 muertes atribuibles.
Madrid ocupa la sexta posición, con 967 muertes atribuibles al cambio climático sobre un total estimado de 1.067 fallecimientos por calor. En Valencia, las cifras son 262 de 355; en Zaragoza, 169 de 264. El análisis también estima 84 muertes atribuibles al calentamiento en Málaga, 77 en Sevilla y 71 en Granada.
En 2026 las muertes por olas de calor en Europa aumentaron proximadamente un 50% más que en 2022 o 2003. / Grantham Institute.
Cómo se calcula la mortalidad atribuible al cambio climático.
Para calcular esa contribución, el equipo comparó las temperaturas registradas con las que cabría esperar en un clima sin el calentamiento causado por las actividades humanas. Después aplicó relaciones entre temperatura y mortalidad diaria obtenidas de investigaciones epidemiológicas. La diferencia entre ambos escenarios permite estimar cuántas muertes asociadas al calor se deben al calentamiento añadido.
Son cálculos estadísticos sujetos a incertidumbre, no un recuento de certificados de defunción que identifiquen individualmente esas causas. La investigación señala que este método ha producido resultados comparables a las estadísticas oficiales de exceso de mortalidad publicadas posteriormente por las autoridades sanitarias para episodios anteriores.
El análisis apunta también a una contribución creciente del cambio climático: de alrededor del 40% de las muertes por calor a comienzos de siglo a aproximadamente dos tercios en 2026.
Un nuevo clima y la advertencia sobre El Niño.
Los resultados se inscriben en un contexto de preocupación científica por las consecuencias de un clima más cálido. En una carta firmada por cientos de científicos españoles, sus promotores advierten también sobre el fenómeno que denominan «Super Niño» y sus posibles consecuencias.
La advertencia apunta al riesgo de que el verano de 2027 desemboque en un “caos climático”, con un aumento potencial de la mortalidad si los gobiernos, desde el ámbito local hasta el estatal, no adoptan medidas preventivas. Se trata de una alerta sobre los riesgos futuros, distinta de las estimaciones de mortalidad del estudio europeo.
El calor no entiende de fronteras ni afecta solo a los mayores.
Casi un tercio de los fallecimientos estimados se concentraría entre el 17 de junio y el 1 de julio. Aunque el sur y el oeste de Europa registraron las mayores temperaturas y tasas de mortalidad estimada, el impacto también alcanzó a países habitualmente más frescos. En las zonas urbanas británicas analizadas se calculan unas 4.500 muertes por calor.
Las personas mayores soportan una parte importante del riesgo, pero el estudio estima también unos 6.000 fallecimientos entre menores de 65 años. El alcance de estos episodios refuerza la preocupación por sus consecuencias sanitarias, abordadas también en T21 a propósito de los récords de calor del verano europeo de 2025.
Adaptarse al calor sin renunciar a reducir las emisiones.
La conclusión del estudio es que resulta imprescindible adaptar las ciudades y reducir las emisiones: adaptación y mitigación, sin bajar la guardia.
Coincidiendo con estos resultados, la ONU ha advertido de la imposibilidad de evitar que la temperatura media global rebase el umbral de 1,5 °C respecto a la era preindustrial. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente presentó el 21 de octubre de 2026 su Informe sobre la brecha de emisiones 2026, que alerta sobre las dificultades para cumplir ese objetivo del Acuerdo de París.
En un mensaje con motivo de la presentación del informe, el secretario general de la ONU, António Guterres, expresó que «sobrepasar ese límite no significa rendirse» y reclamó «acelerar los recortes de emisiones para que ese exceso sea lo menor y más breve posible y lograr que la temperatura vuelva a situarse por debajo del umbral antes de finalizar el siglo».
Los investigadores del estudio plantean dos necesidades simultáneas: proteger a la población frente al calor que ya está aquí y reducir las emisiones que intensifican el calentamiento. Pierre Masselot, estadístico y epidemiólogo de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, advierte de que las ciudades están insuficientemente adaptadas. Propone ampliar los espacios verdes, reducir la contaminación y garantizar atención sanitaria a las poblaciones afectadas.
Y Clair Barnes, investigadora del Imperial College, añade: “creo que podemos afirmar con bastante seguridad que es probable que el verano de 2026 haya sido el peor registrado en cuanto a mortalidad relacionada con el calor en gran parte de Europa. Estas cifras son un claro recordatorio de que nuestros veranos, cada vez más calurosos y extremos, están teniendo un impacto cada vez más grave en la salud pública. Detrás de estas estadísticas hay personas reales que han perdido la vida y familias reales que las lloran”.
El calor extremo se relaciona con 33 enfermedades, que van mucho más allá del golpe de calor
La investigación sitúa así la adaptación urbana y las políticas públicas energéticas y climáticas en un mismo terreno: la protección de la vida. En el centro, la vida.
Por: Alejandro Sacristán / T21.
Sitio Fuente: Levante / Tendencias21