October Big Day en América Latina: de la emoción de descubrir un ave a la defensa de su hábitat

CIENCIAS DE LA VIDA / ECOLOGÍA.-

- Este 10 de octubre, se convoca a observadores de todo el mundo para registrar aves a través de eBird, una plataforma gratuita de ciencia ciudadana que ayuda a conocer su distribución, migración y los cambios que enfrentan sus poblaciones.

- En México, observar las aves migratorias permite reconocer cómo sus viajes atraviesan ciudades y espacios cotidianos, mientras los registros contribuyen a identificar cambios en sus poblaciones y amenazas como la pérdida de hábitat, las colisiones y la captura ilegal.
- Bajo la campaña “Colombia, territorio de encuentro”, pajareros de ese país buscan acercar a más personas a las aves y fortalecer una comunidad de observadores que promueva la conservación de los bosques y otros hábitats esenciales para las especies migratorias.
- En Argentina, la observación de aves genera comunidad, empatía y sentido de pertenencia, y la invitación es participar incluso desde un balcón, jardín o plaza, en un contexto marcado por la pérdida de bosques y la transformación de los pastizales naturales.

Observación de aves en los ejidos La Ventura y 20 de Noviembre, parte del ecosistema del Desierto Chihuahuense, en Coahuila, México. Foto: cortesía Karen Toro/BirdLife International.

“Las aves nos permiten medir el pulso al planeta: su presencia, su ausencia o algún cambio en su población, nos proporcionan información muy valiosa sobre el estado de salud de los ecosistemas”, dice Ana Sofía Lorda, especialista en el Programa de Áreas Protegidas de Audubon Américas. Además, como muchas especies migratorias atraviesan distintos países durante sus desplazamientos, su conservación depende de una red de territorios que les permita reproducirse, alimentarse, descansar e invernar.-

Sin embargo, proteger esa red requiere más que conservar grandes parques nacionales. Según Lorda, también son importantes las áreas protegidas locales y los territorios gestionados por pueblos indígenas y comunidades que contribuyen a mantener hábitats y conexiones ecológicas a lo largo de las rutas migratorias.

“Las aves migratorias conectan territorios y la ciencia ciudadana conecta personas”, resume Lorda.

Colorin sietecolores (Passerina ciris). Foto: cortesía Lorraine-Minns/Audubon-APA 2018.

En Mongabay Latam conversamos con especialistas de México, Colombia y Argentina para conocer cómo se vive esta jornada en distintos puntos de la región y por qué las observaciones de miles de personas pueden aportar mucho más que una lista de especies: también pueden generar información valiosa para comprender los cambios que enfrentan las aves y contribuir a su conservación.

México: observar la migración para conocer qué ocurre con las aves.

Una persona puede vivir durante años en una ciudad sin advertir que sobre su casa o en el parque que visita pasan aves que han viajado miles de kilómetros. En octubre, muchas cruzan México rumbo al sur, en busca de alimento ante la llegada del otoño y los cambios en la vegetación de sus sitios de reproducción en Norteamérica.

Para el ornitólogo Rafael Calderón, el October Big Day es una oportunidad para mirar de cerca ese fenómeno y comprender que la migración no ocurre únicamente en lugares remotos o bien conservados: también atraviesa los espacios cotidianos de las personas.-

En México, las comunidades de observadores de aves, científicos y aficionados se organizan para salir a registrar aves surante un mismo día. Foto: cortesía Rafael Calderón.

“Una cosa es que te lo cuenten, que te lo digan, que lo puedas leer en algún lugar, y otra es que verdaderamente puedas vivir la migración y observar cómo las aves están pasando”, dice Calderón. Esa experiencia, explica, puede cambiar la manera en que alguien se relaciona con su entorno.

“Empiezas a saber que el espacio no es solamente de los humanos, no solamente es tuyo, sino que también lo compartimos con otros seres vivos como las aves”, describe el ornitólogo. “Además, nosotros podemos ayudar en su jornada para que puedan llegar sanas y salvas a su destino”.

Chipe corona negra (Cardellina pusilla) fotografiado en Ciudad de México. Foto: cortesía Rafael Calderón.

Cuando los registros de aves se acumulan a lo largo de los años, ayudan a identificar cambios en la distribución o en la frecuencia en la que aparecen ciertas especies. “Nos sirve como una especie de alarma para indicarnos que algo está pasando en el ambiente”, señala Calderón. Si una especie que antes era común comienza a registrarse cada vez menos, esos datos pueden orientar nuevas investigaciones y ayudar a identificar dónde se necesitan medidas de conservación.-

En México, las aves enfrentan distintas amenazas. Calderón destaca el cambio de uso de suelo, la captura ilegal, las colisiones contra ventanas y edificios, y los gatos domésticos que deambulan libremente y suelen cazarlas. Un ejemplo de una especie que ha tenido un fuerte declive en su tamaño poblacional es el zorzal moteado americano (Hylocichla mustelina), agrega el ornitólogo, ya que en los últimos 50 años se ha estimado que sus números se han reducido en más del 50 %. La causa, al parecer, es la pérdida de hábitat en su área reproductiva que se encuentra en el este de Estados Unidos y zonas adyacentes de Canadá.

Zorzal moteado americano (Hylocichla mustelina) fotografiado en Oaxaca, México. Foto: cortesía Rafael Calderón.

La ciencia ciudadana también puede reunir a personas y grupos que trabajan por la conservación desde sus localidades. Del 23 al 25 de octubre de 2026 se celebrará el primer Festival de las Aves del Centro de México, una iniciativa que busca vincular a observadores y monitores comunitarios de la región, intercambiar experiencias y fortalecer una red. El festival cuenta con un mapa interactivo que incluye todas las sedes y proyectos que participarán. Aunque el festival no ocurrirá en el October Big Day, coincide con el mes dedicado a las aves migratorias, comenta Calderón.-

Aguililla alas anchas (Buteo platypterus) fotografiada en la Ciudad de México. Foto: cortesía Rafael Calderón

Para el ornitólogo, el propósito va más allá de registrar especies o competir por quién observa más. Se trata de contribuir al conocimiento y con acciones cotidianas para conservar a las aves.

“A todos nos gusta divertirnos y también podemos tomarlo como una especie de competencia, pero hay que verlo un poquito más profundo: que la competencia sea contribuir a generar conocimiento y saber que, con nuestras observaciones, podemos hacer la diferencia para poder tomar acciones y conservar a las aves”.

Colibri garganta rayada (Selasphorus calliope) fotografiado en Ciudad de México. Foto: cortesía Rafael Calderón

Colombia: un territorio de encuentro para las aves y quienes las observan.

Cada año, miles de aves migratorias llegan a Colombia para encontrar alimento, descansar y continuar su viaje. Allí se encuentran con las especies que habitan el territorio durante todo el año, en un país cuya geografía reúne costas en el Pacífico y el Caribe, tres cordilleras andinas, valles interandinos, el Chocó biogeográfico, la Amazonía y la Orinoquía. Ese encuentro entre especies y ecosistemas es el punto de partida de la campaña que este año se impulsa desde este país: “Colombia, territorio de encuentro”.-

“Pensamos no solamente en el encuentro de los pajareros, sino en el encuentro de tantas especies que llegan al territorio y vienen a encontrarse con nosotros y con todas las otras especies que habitan acá”, explica Mauricio Ossa, director de Birds Colombia y miembro del Comité Nacional de Global Big Day Colombia.

La jornada de octubre permite registrar especies migratorias que no suelen estar presentes durante el Global Big Day, la jornada de observación mundial de aves que ocurre en mayo. Pero, para Ossa, el valor de estas fechas también está en la comunidad que se ha formado alrededor de la observación de aves.

Ossa recuerda que 2017 marcó un antes y un después para la pajarería colombiana: la organización de aquella jornada ayudó a conectar observadores de distintas regiones y desencadenó una participación que, desde entonces, no ha dejado de crecer. Según cuenta, en 2017 había apenas unos cuantos festivales de aves en el país; hoy, solamente la agenda de Birds Colombia reúne más de 60.

Ossa coincide en que una de las principales amenazas está en la transformación de los hábitats y en la manera en que las personas se relacionan con ellos. En algunas regiones, explica, la vegetación que alberga aves se considera maleza y se elimina para ampliar cultivos o despejar terrenos. Recuerda un caso que documentaron en Brasil: un pequeño bosque de apenas 750 por 180 metros rodeado de plantaciones. Allí, si su propietario decidía talarlo por completo para avanzar con sus cultivos, ello representaba que las especies que dependen de ese último refugio podrían desaparecer. “Somos muy inconscientes de la naturaleza”, agrega Ossa.

Frente a ese escenario, Ossa propone que la observación sea también una forma de aprender a reconocer y proteger la naturaleza cercana. Su aspiración es que más personas se conviertan en observadoras de aves y comprendan qué necesitan las especies que viven a su alrededor. Para él, el encuentro que celebra el October Big Day depende de que sigan existiendo los lugares que hacen posibles las migraciones.-

“No es con la escopeta que las vamos a recibir”, dice sobre las aves migratorias, sino “manteniendo el bosque, reforestando, mejorándoles la alimentación”. Y deja una advertencia que resume el sentido de la campaña: “El día que los encuentros se nos acaben, vamos a sufrir”.

Ossa y su equipo han convertido esa idea en un propósito: “pajarerizar” para la conservación y el bienestar emocional. El término, explica, nace de la conjugación del verbo pajarear, la palabra que la Real Academia Española incorporó para referirse a la observación de aves en vida silvestre. Para ellos, pajarerizar significa acercar a más personas a las aves, despertar conciencia sobre los ecosistemas de los que dependen y reconocer que observarlas también puede contribuir al bienestar personal.

Los niños son una pieza central de esa apuesta. “Cuando nosotros convertimos a un niño en guardián de las aves, ese niño transforma su familia, transforma su escuela, transforma a sus vecinos, la vereda, el pueblito donde vive y la ciudad”, dice Ossa. Por eso, el October Big Day no se trata únicamente de contar especies, sino también de multiplicar a quienes se comprometen con su cuidado. La meta, concluye, es que haya cada vez más guardianes capaces de transformar su entorno, un ave a la vez.

Argentina: cada ave cuenta, incluso las que vemos todos los días.

Francisco González Táboas conoce bien la emoción de encontrarse con un ave que nunca ha visto. Aunque lleva años vinculado a la conservación y a la observación de aves, dice que ese momento todavía lo conmueve: “Por suerte, conozco muchísimas especies argentinas, pero cada vez que estoy frente a una forma de vida que nunca había visto, es un momento bastante movilizante para mí”, narra el director de coordinación institucional de la organización Aves Argentinas.

Es una experiencia que, para él, explica parte del atractivo de salir a pajarear y que cada octubre reúne a miles de personas durante el October Big Day.

La jornada tiene una historia particular en Argentina. Durante años, el Global Big Day se celebró en mayo, cuando el otoño avanza en el hemisferio sur y algunas especies migratorias ya no están presentes. Por eso, en 2015, Aves Argentinas y organizaciones de otros países del Cono Sur comenzaron a impulsar una jornada de observación en primavera. La iniciativa buscaba registrar las aves que mayo dejaba afuera de las listas y, con el tiempo, dio paso al October Big Day global.

Pero la experiencia no se limita a encontrar especies nuevas. En la observación de aves también se forman amistades, se conocen lugares y se encuentra un espacio de pertenencia. González Táboas cuenta que, en un grupo de observadores, cualquiera puede aportar algo, incluso quien apenas comienza: basta con escuchar un sonido, señalar un movimiento entre las ramas o preguntar por un ave desconocida para que una salida tome otro rumbo.

“Esto genera comunidad, genera empatía con las aves, hace que la gente se agrupe, se conozca, converse y salga a la naturaleza”, describe el especialista. “Una de las crisis que enfrentamos últimamente es que faltan lugares de pertenencia, faltan lugares donde las personas puedan realizarse y encontrar un lugar donde se sientan parte de algo, sobre todo, ser parte útil porque estás aportando tu información, tu conocimiento”.

En Argentina, González Táboas destaca los desmontes y la pérdida de bosques en el Gran Chaco, así como la transformación de los pastizales naturales del litoral por el avance de plantaciones de pinos y eucaliptos. En esos pastizales viven especies amenazadas, como el tordo amarillo (Xanthopsar flavus) y la loica pampeana (Leistes defilippii). Aves Argentinas trabaja en la protección de estos ambientes y, recientemente, adquirió un área para conservar colonias de tordo amarillo afectadas por el avance de los monocultivos.

“Además, siempre instamos a los clubes de observadores de aves a monitorear los lugares que frecuentan y que tienen cercanos, así como reservas urbanas o humedales, y subir los datos a eBird”, explica González Táboas. “Eso sirve para un montón de cosas: para entender migraciones o cambios en la distribución por cuestiones como el cambio climático o para ver cómo afecta la corriente de El Niño en los cambios de la distribución o los patrones migratorios de las aves”.

Por eso, su invitación para el October Big Day no está dirigida únicamente a quienes ya saben identificar aves. No hace falta siquiera tener binoculares: se puede empezar en una plaza, un balcón o el jardín de casa. Para González Táboas, esa experiencia también importa: salir a mirar aves puede ser una manera de dejar de pasar por alto la naturaleza que nos rodea.

“Cada ave cuenta, cada lugar cuenta”, insiste González Táboas. “Siempre decimos que el problema más grave para las especies es la pérdida de ambiente, pero el otro problema es el desconocimiento, la falta de interés, que la gente se olvide de que existen los pájaros, de que son lindos, de que nos inspiran y de que nos hacen la vida más agradable. Que salga gente ese día a acordarse de las aves y a ponerlas en el centro de la escena es importantísimo”.

Por: Astrid Arellano.

Sitio Fuente: Mongabay