Cómo nos envejece la obesidad

CUIDADO DE LA SALUD.-

La obesidad no solo se refleja en la báscula o en la ropa que dejamos de ponernos: también acelera un proceso mucho más silencioso y profundo. Investigaciones recientes confirman que el exceso de grasa corporal no solo está relacionado con enfermedades crónicas, sino que también puede acelerar el envejecimiento biológico de nuestras células, órganos y cerebro.

Obesidad y envejecimiento celular: el acortamiento de los telómeros.

En el núcleo de nuestras células hay estructuras llamadas telómeros, que protegen el ADN y se acortan con cada división celular, actuando como un reloj biológico. Diversos estudios han demostrado que las personas con obesidad tienden a tener telómeros más cortos que las personas con peso saludable. Esto implica una mayor edad biológica respecto a su edad cronológica, lo que se traduce en un deterioro más rápido de funciones vitales.

Una investigación publicada en The Lancet reveló que la obesidad puede acortar los telómeros entre 7 y 9 años, lo que equivale a un envejecimiento celular prematuro significativo.

Inflamación crónica: el enemigo silencioso.

El tejido adiposo (grasa corporal), especialmente el que se acumula alrededor del abdomen, no es inerte. Se comporta como un órgano endocrino que libera hormonas e inflamocinas, sustancias que promueven una inflamación de bajo grado pero persistente. Esta inflamación es uno de los principales mecanismos que contribuyen al envejecimiento acelerado, afectando el sistema inmunológico, las articulaciones, el cerebro y hasta la piel.

Este estado inflamatorio constante se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2, Alzheimer y ciertos tipos de cáncer, todas ellas condiciones que suelen aumentar con la edad.

Obesidad y envejecimiento cerebral.

El cerebro también sufre los efectos del exceso de peso. Investigaciones con imágenes cerebrales muestran que las personas con obesidad presentan una reducción en la materia gris en regiones clave del cerebro responsables de la memoria, el aprendizaje y la toma de decisiones. Un estudio de la Universidad de Cambridge concluyó que el cerebro de una persona con obesidad puede parecer hasta 10 años más viejo que el de una persona con peso normal.

Además, la obesidad está asociada con un mayor riesgo de demencia y deterioro cognitivo leve en la vejez.

El envejecimiento de los órganos internos.

Órganos como el corazón, el hígado y los riñones también muestran signos de envejecimiento acelerado en personas con obesidad.

- El corazón sufre un mayor estrés y riesgo de insuficiencia cardíaca.

- El hígado puede desarrollar esteatosis hepática (hígado graso), una alteración que puede evolucionar a cirrosis incluso sin consumo de alcohol.

- Los riñones pierden eficiencia, aumentando el riesgo de insuficiencia renal crónica.

Estos órganos se ven forzados a trabajar más intensamente durante años, lo que desgasta su capacidad funcional mucho antes de lo esperado.

¿Se puede revertir este envejecimiento prematuro?

La buena noticia es que el envejecimiento acelerado inducido por la obesidad no es irreversible. Estudios recientes demuestran que una pérdida de peso moderada, entre el 5 y el 10% del peso corporal, puede:

- Reducir la inflamación sistémica 
- Mejorar la sensibilidad a la insulina 
- Restaurar parte de la longitud telomérica 
- Favorecer la neurogénesis (creación de nuevas neuronas)

Además, el ejercicio físico regular, una dieta rica en antioxidantes y el control del estrés son herramientas poderosas para frenar e incluso revertir parte del daño celular.

Sitio Fuente: NCYT de Amazings