Ejercicio físico y rendimiento académico

CUIDADO DE LA SALUD.-

En un mundo donde la excelencia académica es una meta constante, la búsqueda de métodos eficaces para mejorar el rendimiento escolar o universitario se vuelve prioritaria.

Una de las estrategias más respaldadas por la ciencia —aunque aún subestimada por muchos— es el ejercicio físico regular. ¿Puede realmente mover el cuerpo ayudarnos a sacar mejores notas? La evidencia indica que sí, y no se trata de una moda, sino de un fenómeno biológico comprobado.

El vínculo entre cuerpo y mente.

Durante años, se pensó que la mente era independiente del cuerpo, pero la neurociencia moderna ha desmontado esa idea. Diversos estudios han demostrado que el ejercicio físico regular no solo mejora la salud cardiovascular y muscular, sino que también tiene un impacto directo sobre el cerebro.

El ejercicio aeróbico, como correr, nadar o montar en bicicleta, estimula la producción de BDNF (Brain-Derived Neurotrophic Factor), una proteína clave en la formación de nuevas conexiones neuronales. Esto se traduce en una mejora en la memoria, la atención y la capacidad de aprendizaje.

Estudios científicos que lo confirman.

Una investigación publicada en Journal of Pediatrics (2013) mostró que los niños físicamente activos tenían un mayor rendimiento en pruebas de matemáticas y lectura que sus compañeros sedentarios. Otro estudio de la Universidad de Illinois encontró que los adolescentes con mejor forma física presentaban mayor densidad de materia gris en áreas del cerebro relacionadas con el control ejecutivo, la memoria de trabajo y la toma de decisiones.

En el ámbito universitario, un estudio de la Universidad de British Columbia (2014) reveló que el ejercicio aeróbico regular mejora la memoria verbal y la capacidad de procesamiento en adultos jóvenes, factores cruciales para el éxito académico.

¿Cuánto ejercicio se necesita?

No es necesario convertirse en un atleta para notar los beneficios. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda al menos 150 minutos de actividad física moderada a la semana, lo que equivale a unos 30 minutos al día, cinco veces por semana.

Ejercicios como caminar a paso ligero, bailar, hacer yoga dinámico o practicar deportes en grupo son más que suficientes para comenzar a notar mejoras cognitivas. Incluso breves pausas activas durante el estudio —de 5 a 10 minutos— pueden reactivar la atención y combatir la fatiga mental.

Beneficios a corto y largo plazo.

Los efectos del ejercicio no solo se manifiestan a largo plazo. Una simple sesión de actividad física puede mejorar la concentración durante horas. Esto se debe a que el movimiento físico aumenta el flujo sanguíneo al cerebro y potencia la liberación de neurotransmisores como la dopamina y la serotonina, claves para el estado de ánimo y la motivación.

A largo plazo, el ejercicio contribuye a una mejor gestión del estrés, mayor autoestima y resiliencia emocional, todos factores indirectamente relacionados con el rendimiento académico.

Si bien estudiar y asistir a clase son esenciales, el complemento ideal para rendir mejor académicamente es moverse. El ejercicio físico no solo mejora la salud general, sino que activa mecanismos cerebrales que optimizan la memoria, la atención y el aprendizaje. Incorporar una rutina de actividad física a la vida diaria puede marcar la diferencia entre estudiar con esfuerzo y aprender con eficacia.

Sitio Fuente: NCYT de Amazings