El cerebro nos hace ver un faro que no existe: resuelto uno de los grandes enigmas ópticos
NEUROCIENCIAS.
La extraña ilusión del "faro fantasma" se produce frente a las costas de Australia y también ha sido documentada en Francia: los científicos han descubierto qué mecanismo cerebral provoca este engaño visual.
La ciencia explica por qué vemos un faro fantasma donde en realidad no hay nada. / Crédito: Erik Mclean en Pexels.
Un fenómeno conocido como "faro fantasma" lleva a ver el haz luminoso de un faro que en realidad no existe. Los investigadores pudieron determinar que esta ilusión óptica se produce cuando, en situaciones de oscuridad, el cerebro completa la información que no obtiene visualmente con expectativas basadas en datos previos, generando un desajuste que le hace inventar algo inexistente.
En la isla de Lady Elliot, frente a Queensland y en el extremo sur de la Gran Barrera de Coral australiana, existen dos faros. El más antiguo se construyó en 1873 y dejó de funcionar en 1995, cuando otro tomó el relevo para advertir a los barcos de la presencia del arrecife. Sin embargo, los visitantes cuentan que, al caer la noche, distinguen un tercer faro en el mar. Su luz parece barrer el horizonte desde un punto que no existe.
El mecanismo de la ilusión óptica.
El fenómeno también fue descrito en la costa de Bretaña, en Francia: las primeras referencias conocidas se publicaron en 1937. Ahora, Charles Kemp, Weilun Xu y Simon J. Cropper, de la Universidad de Melbourne, proponen una explicación en un estudio publicado en la revista Open Mind y desarrollado en un artículo de The Conversation. La investigación sostiene que el cerebro calcula mal la distancia de distintas partes del haz luminoso y acaba "inventando" una fuente situada frente al observador.
Para experimentar el efecto, basta con situarse de noche entre el faro y el mar, a unos 70 metros o más. Primero se mira hacia la torre y se ve girar su potente haz. Después, uno se da la vuelta y mira al agua, con el faro a la espalda. Aunque sabe que la luz procede de detrás, parece venir de un faro lejano, delante de sus ojos. Girarse para comprobarlo no elimina la impresión: al volver a mirar al mar, el faro fantasma reaparece.
Un experimento con realidad virtual.
Los investigadores estudiaron la ilusión en Lady Elliot y después la recrearon en realidad virtual. La simulación respaldó la explicación y una predicción clave: los relatos anteriores la situaban a un par de kilómetros, pero el modelo apunta a que puede surgir a unos 67 metros de la torre. En una de las situaciones descritas, el faro real estaba a unos 300 metros a la espalda del observador, aunque la luz parecía proceder del horizonte opuesto.
La clave está en cómo vemos cuando apenas tenemos información. De noche desaparecen muchas pistas para calcular distancias: faltan referencias del paisaje, contornos y objetos que sirvan de escala. Un punto luminoso puede ser algo pequeño y cercano o algo grande y lejano. Ante esa ambigüedad, el sistema visual combina los datos que recibe con conocimientos previos sobre el mundo.
Las expectativas del cerebro pueden imponerse a la información que reciben nuestros sentidos y alterar la percepción de la realidad: imagen de la llamada "ilusión del cráter". / Crédito: NASA / GSFC / Arizona State University.
Indicios y expectativas previas.
El trabajo aplica a ese proceso la inferencia bayesiana, un marco matemático que explica cómo se combinan indicios y expectativas previas. Según el modelo, tendemos a subestimar la distancia de los tramos más alejados del haz. En realidad, el extremo lejano está muy distante y se desplaza con rapidez mientras gira el faro. Pero si el cerebro lo sitúa mucho más cerca, también parece moverse más despacio. Esa diferencia aparente lleva a interpretar que el haz parte de una fuente situada delante, cuando el faro verdadero está a la espalda.
La explicación también ayuda a entender por qué los haces de los faros pueden parecer inclinados hacia el suelo, aunque se encuentren paralelos al mismo. Ambas percepciones reflejan, según el estudio, el peso de las expectativas y de las regularidades aprendidas a partir de escenas habituales. No es un fallo aislado, sino una estrategia que normalmente resulta útil.
Percepción y engaño visual.
El cerebro funciona como una máquina de hacer predicciones: utiliza la experiencia para completar la información sensorial y construir una interpretación coherente del entorno. Esa operación nos permite orientarnos, pero puede producir errores cuando las señales son escasas. Algo parecido ocurre con la ilusión del cráter: acostumbrados a suponer que la luz llega desde arriba, podemos ver como una elevación lo que es una depresión, según cómo esté iluminada la imagen.
El faro fantasma demuestra que la percepción no es una copia exacta del exterior. Incluso sabiendo que la luz procede de una torre situada a nuestra espalda, la interpretación visual puede imponerse. De esta forma, el estudio revela cómo el cerebro da sentido a lo que ve y, en condiciones concretas, puede equivocarse y hasta inventar objetos que no existen.
Por: Pablo Javier Piacente / T21.
Sitio Fuente: Levante / Tendencias21