Descubren casi 11.700 virus desconocidos en el fondo del Pacífico donde se buscan metales para baterías
CIENCIAS DE LA VIDA / BIOLOGÍA MARINA.
Un estudio revela una enorme diversidad viral en los sedimentos de la zona Clarion-Clipperton. Sus genes podrían ayudar a los microorganismos a sobrevivir en un entorno rico en metales y escaso en nutrientes.
Es probable que los virus de la zona Clarion-Clipperton presenten características únicas que reflejen el entorno inusual en el que han evolucionado, rico en metales pesados y extremadamente deficiente en nutrientes disponibles. / NOAA Ocean Exploration, 2026 American Samoa.
A miles de metros bajo el Pacífico, entre México y Hawái, el fondo marino está salpicado de piedras oscuras con aspecto de patata. Contienen manganeso, níquel y cobalto, metales codiciados por la industria. Pero, entre esos depósitos, los investigadores han descubierto otra riqueza que apenas conocíamos: un extraordinario repertorio de virus. De los 11.742 grupos virales identificados en los sedimentos, 11.662 no tenían correspondencia en las bases de datos utilizadas. El descubrimiento sitúa bajo una nueva luz la zona Clarion-Clipperton, uno de los grandes escenarios de la exploración minera submarina. Allí donde se estudia cómo extraer minerales del océano, la ciencia empieza a averiguar qué contiene el sedimento.
Un censo a partir de sus genes.
La investigación, publicada en Nature Communications, analizó material genético de sedimentos recogidos en 2023 y 2024. El equipo comparó las secuencias recuperadas con las de otros ambientes oceánicos y encontró una comunidad viral con muy pocas coincidencias respecto a lo conocido.
El hallazgo necesita una aclaración: los científicos no han cultivado en el laboratorio casi 12.000 virus ni han descrito formalmente otras tantas especies. Han identificado grupos a partir de sus secuencias genéticas, una forma de explorar la diversidad microscópica sin tener que aislar cada virus. Que más del 99% carezca de correspondencia en los registros consultados muestra cuánto queda por conocer de estos fondos, advierten los investigadores.
Nada de patógenos humanos.
Tampoco se trata de un hallazgo de miles de patógenos humanos. Los posibles huéspedes identificados son principalmente bacterias y arqueas, microorganismos unicelulares que intervienen en las transformaciones del carbono, el nitrógeno, el azufre y otros elementos. El interés del descubrimiento es ecológico: averiguar cómo influyen los virus en el funcionamiento del fondo marino.
Localización de la Zona Clarion-Clipperton (CCZ) en el Océano Pacífico. / U.S. Geological Survey/USGS.
Mucho metal, poco alimento.
La abundancia de minerales no convierte estos sedimentos en un lugar fácil para vivir. El entorno es rico en metales, pero muy pobre en nutrientes disponibles. Sus habitantes microscópicos deben sobrevivir con pocos recursos y soportar unas condiciones químicas exigentes.
Los virus podrían intervenir en esa adaptación. Según explica ScienceAlert, al recoger los resultados el equipo detectó genes virales que podrían modificar el metabolismo de los microorganismos infectados y ayudarles a hacer frente al estrés provocado por los metales.
Un virus necesita una célula para multiplicarse. Durante la infección, algunos aportan instrucciones genéticas capaces de alterar su funcionamiento. En este caso, esas instrucciones podrían influir en cómo aprovecha los recursos o tolera su entorno. Los autores plantean posibles consecuencias para los procesos químicos del sedimento, aunque todavía falta comprobar experimentalmente muchas de esas funciones.
Antes de remover el fondo.
El hallazgo llega en plena discusión sobre la minería submarina. Como recuerda el South China Morning Post, la zona alberga enormes depósitos de metales y ha atraído numerosos contratos de exploración.
Extraer los nódulos supondría alterar también los sedimentos: removerlos, poner partículas en suspensión y depositarlas de nuevo en otros lugares. Los autores recuerdan que los experimentos de perturbación realizados en estos ambientes han encontrado efectos que persisten durante décadas. Todavía no sabemos cómo responderían las comunidades virales ni qué consecuencias tendría su alteración para los microorganismos que infectan.
Por eso, el estudio se presenta como un inventario previo a una posible explotación. Permitirá comparar lo que hay ahora con lo que pudiera quedar después. En una región valorada por sus reservas minerales, conocer a esos habitantes invisibles es indispensable para evaluar qué se pondría en juego al extraerlas.
Por: Eduardo Martínez de la Fe / T21.
Sitio Fuente: Levante / Tendencias21