La vulnerabilidad a las olas de calor varía mucho de una zona a otra de cada ciudad
CIENCIAS DE LA TIERRA / CLIMATOLOGÍA.
Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes y severos como consecuencia del cambio climático global.
Un buen ejemplo son las olas de calor, que tienen efectos directos sobre la salud, el confort térmico y la habitabilidad de las ciudades. Por lo tanto, es muy importante realizar evaluaciones del riesgo climático para orientar las políticas de adaptación de las ciudades e intervenir de forma prioritaria en las zonas más vulnerables.
Mapa de Bilbao que muestra la vulnerabilidad de los edificios frente a las olas de calor. Imagen: Laura Quesada-Ganuza, Irantzu Álvarez González, Ane Villaverde García, Leire Garmendia Arrieta: “Assessing urban heatwave vulnerability through a multiscale and multicriteria GIS-based approach: Evidence from three Spanish cities”. Cities, 2026.
El grupo de investigación SAREN (Sustainable And Resilient built ENvironment) de la Universidad del País Vasco (Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU)), liderado por la profesora Leire Garmendia , está evaluando la eficacia de las soluciones de adaptación que se pueden utilizar para minimizar el impacto de las olas de calor en los edificios y los espacios al aire libre de las ciudades. La investigación se está llevando a cabo en el marco del proyecto OLADAPT, en colaboración con la Universidad Politécnica de Madrid, la Universidad de Extremadura y la Cátedra UNESCO sobre Desarrollo Sostenible y Educación Ambiental de la EHU, siguiendo las directrices del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC).
“Estamos estudiando cómo llevar a cabo una evaluación de múltiples dimensiones y escalas en torno al riesgo de las olas de calor en el ámbito urbano. El riesgo que suponen las olas de calor no solo se mide con la temperatura, sino que tiene múltiples dimensiones”, explica Irantzu Álvarez, investigadora del grupo. Para implementar políticas más adecuadas, hay que tener en cuenta, por un lado, la forma en que está construida la ciudad (tanto los edificios como los espacios públicos); por otro, los lugares de la ciudad que más se ven afectados por las altas temperaturas; y por último, el número de personas que sufren esta situación y el grado de vulnerabilidad o desprotección de las personas que viven allí. “En este trabajo hemos medido la vulnerabilidad de cada uno de los edificios y espacios abiertos de la ciudad, en Bilbao, Madrid y Cáceres (las tres de diferentes zonas climáticas)”, añade la investigadora Laura Quesada .
La metodología desarrollada por el grupo de investigación SAREN de la EHU permite obtener mapas de vulnerabilidad urbana que muestran claramente dónde se debería incidir de forma prioritaria para poder hacer frente a las olas de calor: “Las medidas de adaptación se pueden aplicar de manera mucho más eficaz con este tipo de estudios”, dicen. Además, la aplicación de la metodología en estas tres ciudades ha demostrado que “la metodología es totalmente replicable; se puede utilizar en cualquier lugar. Esto proporciona solidez a la metodología. Es una herramienta realmente útil para municipios y ciudades”.
Los edificios de menor nivel socioeconómico son más vulnerables.
En las tres ciudades se ha puesto de manifiesto “la importancia de las variables socioeconómicas a la hora de medir la vulnerabilidad. Son mucho más vulnerables las personas de renta baja, las personas mayores, etcétera”, afirman desde el grupo de investigación. La vulnerabilidad no es igual en toda la ciudad. Por lo tanto, no basta con decir que una ciudad es más vulnerable que otra, porque hay diferentes puntos calientes dentro de la ciudad. También puede haber situaciones diferentes en un mismo barrio, por lo que este tipo de investigaciones concretas son necesarias”.
En la investigación se ha utilizado una gran cantidad de datos extraídos de diversas fuentes. Se han tenido en cuenta las variables socioeconómicas, las características de los edificios y las variables ambientales. Por ejemplo, “puede ocurrir que un edificio sea sensible al calor pero que las personas residentes tengan capacidad económica para proteger su vivienda del calor”, aclaran. Álvarez y Quesada explican que el hecho de que la unidad de análisis sea el edificio es lo que permite que las medidas de adaptación se puedan enfocar mejor: “Esta metodología muestra qué edificios o qué tipos de edificios deben ser renovados o adaptados primero”. Además, también se ha medido la influencia del entorno en el edificio, lo que ha permitido relacionar la vulnerabilidad del edificio con la de los espacios públicos abiertos: “Puede ocurrir que los edificios sean muy vulnerables, pero que tengan muchas zonas verdes y sombras a su alrededor. Teniendo en cuenta todo ello, las medidas de adaptación pueden ser aplicadas de diferentes maneras”.
Laura Quesada es arquitecta con especialidad en rehabilitación e intervención en patrimonio histórico, y trabaja en la Escuela de Ingeniería de Vitoria-Gasteiz. Irantzu Álvarez es ingeniera técnica en topografía y licenciada en geografía, y trabaja en la Escuela de Ingeniería de Bilbao. Ambas son profesoras del Máster en Ingeniería de la Construcción de la Escuela de Ingeniería de Bilbao.
El estudio se titula “Assessing urban heatwave vulnerability through a multiscale and multicriteria GIS-based approach: Evidence from three Spanish cities”. Y se ha publicado en la revista académica Cities. (Fuente: Euskal Herriko Unibertsitatea)
Sitio Fuente; NCYT de Amazonas