Cómo la paleopatología lee la desnutrición infantil en los huesos del pasado
CIENCIAS DE LA VIDA / PALEONTOLOGÍA.
Los esqueletos humanos funcionan como registros biológicos definitivos.
Cuando un niño sufre carencias nutricionales severas durante su crecimiento, sus huesos no solo detienen su desarrollo, sino que alteran su estructura física de formas muy específicas. La paleopatología, la ciencia encargada de estudiar las enfermedades en restos antiguos, ha perfeccionado el diagnóstico de patologías metabólicas como el escorbuto y el raquitismo a través del análisis macroscópico, microscópico y radiológico de las poblaciones históricas.
Foto: Job Lewis Smith.
Raquitismo: la huella de la falta de sol y vitamina D.
El raquitismo se produce por una deficiencia severa de vitamina D, calcio o fosfato durante la infancia. Dado que la vitamina D es fundamental para mineralizar la matriz ósea, su ausencia provoca que el tejido recién formado permanezca blando y maleable.
Al analizar un esqueleto infantil con raquitismo, los paleopatólogos observan marcadores bioarqueológicos inconfundibles:
- Deformación por carga: Las extremidades inferiores (fémur y tibia) se curvan hacia afuera o hacia adentro bajo el propio peso corporal del niño cuando este empieza a gatear o caminar.
- Rosario raquítico: Ensanchamiento visible en las uniones entre las costillas y los cartílagos costales, generando pequeños nódulos óseos alineados.
- Deformidades craneales: El cráneo presenta ablandamiento (craneotabes) e hiperostosis porótica, caracterizada por un engrosamiento anormal y poroso de los huesos parietales y frontales.
Escorbuto: el impacto de la carencia de vitamina C.
El escorbuto infantil resulta de la falta prolongada de ácido ascórbico (vitamina C), una molécula imprescindible para la síntesis de colágeno. Sin colágeno estable, las paredes de los vasos sanguíneos se vuelven frágiles y se rompen con facilidad ante el menor movimiento muscular.
El diagnóstico paleopatológico del escorbuto no busca el daño vascular directo —imposible de conservar en tejido óseo seco—, sino la respuesta del hueso ante los hematomas subperiósticos continuos:
- Porosidad en la órbita ocular (Cribra orbitalia): Lesiones porosas en el techo de las órbitas causadas por microhemorragias en los músculos oculares.
- Formación de hueso nuevo periostiol: Al romperse los vasos sanguíneos que alimentan el periostio (la membrana que recubre el hueso), la sangre acumulada eleva esta capa. El hueso reacciona creando una lámina de tejido óseo nuevo y poroso en la superficie.
- Lesiones en el esfenoides y la mandíbula: La masticación provoca sangrados constantes en las zonas de inserción del músculo temporal y en los alveolos dentales, dejando marcas porosas muy delimitadas.
Líneas de Harris y la interrupción del crecimiento.
Además de los rasgos específicos del raquitismo o el escorbuto, la bioarqueología recurre a marcadores inespecíficos de estrés metabólico. Las Líneas de Harris son bandas horizontales de mayor densidad mineral que se observan mediante radiografías en los huesos largos.
Estas líneas representan periodos en los que el crecimiento óseo se detuvo por completo debido a una crisis nutricional o enfermedad grave y posteriormente se reanudó. Su recuento e intervalo permiten a los investigadores reconstruir el historial de salud y los momentos exactos de vulnerabilidad durante la infancia de individuos que vivieron hace siglos.
Sitio Fuente: NCYT de Amazings