Fungifree AB®: 13 años del primer biofungicida hecho en México
CIENCIA-UNAM: CIENCIAS AGRARIAS / BIOTECNOLOGÍA.
La biotecnología agrícola propone soluciones de impacto en la productividad del campo.
“Hay dos clases de ciencia, la ciencia aplicada y la que todavía no se aplica; simplemente es un problema de tiempo, tenemos que seguir haciendo ciencia básica, puesto que las tecnologías bien fundamentadas son las que tienen más éxito en el mercado”, afirma Enrique Galindo, investigador participante en el equipo científico que logró la creación del primer producto mexicano hecho con biotecnología agrícola.
Fungifree AB® es el nombre del biofungicida creado por investigadores del Instituto de Biotecnología de la UNAM. Su desarrollo científico y tecnológico duró casi dos décadas, hasta que en 2012 –después de contar con todos los permisos gubernamentales– salió al mercado.
El producto se usa para el control de la antracnosis, una enfermedad que afecta al fruto del mango y se caracteriza por la aparición de manchas oscuras que comprometen su calidad y valor comercial. Mediante pruebas de campo, se comprobó que la aplicación de este biofungicida incrementa significativamente la proporción de frutos de mango aptos para exportación, en comparación con el pesticida químico tradicional.
“Desarrollamos esta tecnología en conjunto con colegas del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD) en Culiacán. Empezamos en 1990, y en 2008 decidimos, para comercializarlo, crear una empresa de base tecnológica que nombramos Agro&Biotecnia, es una spin-off del Instituto de Biotecnología que creamos el doctor Leobardo Serrano Carreón, el biólogo Carlos Roberto Gutiérrez y yo. Desde 2013, nuestra empresa le ha estado pagando regalías a la UNAM por la venta de Fungifree AB®”, comenta el doctor Galindo.
“Éste es un ejemplo que muestra cómo se cierra el círculo virtuoso de la innovación, creando –con dinero para investigación– conocimiento nuevo y valor para regresar los recursos, en este caso, a la UNAM y al CIAD”, puntualiza el investigador.
Las raíces de la innovación.
En México, existe una amplia tradición en biotecnología agrícola en institutos y centros de investigación. Desde hace más de tres décadas, la UNAM ha impulsado esta tecnología con el objetivo de lograr mejoras en el campo e incrementar las cosechas, lo que se traduce en beneficios para el agricultor.
La biotecnología agrícola constituye una rama de la biotecnología orientada al desarrollo de soluciones para mejorar la sanidad, la nutrición y la productividad vegetal mediante el aprovechamiento de organismos vivos (silvestres o genéticamente modificados), y/o de sus metabolitos.
Estas herramientas permiten desarrollar alternativas que sustituyan productos de alto impacto ambiental o potencialmente nocivos para la salud humana (como los pesticidas de síntesis química), así como incrementar la productividad, reducir la huella de carbono y/o mitigar los impactos de la actividad agrícola sobre los ecosistemas.
En México, se han desarrollado diversas líneas de investigación relacionadas con el diseño, desarrollo y evaluación de organismos genéticamente modificados, biofertilizantes, biofungicidas y biorrepelentes, entre otras aplicaciones.
Actualmente, este biofungicida se encuentra registrado para su uso en 23 cultivos, con aplicaciones dirigidas a la prevención de diversas enfermedades de cultivos agrícolas, entre ellas: antracnosis en mango, papaya, aguacate y cítricos; cenicilla en pepino, melón, jitomate, chile, calabaza y sandía; moho gris en frutos rojos —fresa, frambuesa y arándano— fusariosis en caña de azúcar, y roya del café.
La UNAM ha sido pionera en estas investigaciones y se ha consolidado como una institución de referencia internacional, en la generación de conocimiento científico, desarrollo y transferencia de soluciones biotecnológicas que ya están en el mercado.
Con esta labor han contribuido a la formación de estudiantes y jóvenes investigadores, cuyos trabajos han sido publicados en revistas científicas internacionales de alto impacto. Algunos de ellos han pasado de la academia a la creación de sus propias empresas de base tecnológica.
En tanto, el avance de líneas de investigación en los laboratorios del Instituto de Biotecnología sigue. Actualmente, se profundiza en el potencial biotecnológico de Bacillus, microorganismo empleado como agente activo de Fungifree AB®. Dichos estudios incluyen la caracterización integral de su genoma, la identificación de patrones de expresión génica bajo distintas condiciones ambientales y conocer los mecanismos moleculares involucrados en su actividad biofungicida.
"Estos conocimientos contribuirán a comprender su fisiología y capacidad de biocontrol, y constituyen una base para el desarrollo de nuevas aplicaciones biotecnológicas", explica el doctor Galindo quien en 2015 recibió el Premio Nacional de Ciencias y Artes en la categoría de Tecnología e Innovación.
Productos innovadores.
Otra aplicación de la biotecnología en la agricultura son los biofertilizantes. Un ejemplo son los trabajos del doctor Jesús Caballero, del antes Centro de Fijación de Nitrógeno, hoy Centro de Ciencias Genómicas, que condujeron al aislamiento de cepas microbianas con gran poder de biofertilización. Su uso fue licenciado a la empresa de base tecnológica Biofábrica Siglo XXI, la cual los produce comercialmente en México desde 2004.
Un ejemplo más es BTMosquito®, un bioinsecticida basado en el Bacillus thuringiensis, el cual fue diseñado para el control de larvas del mosquito Aedes aegypti y para reducir las poblaciones del vector sin afectar la calidad del agua potable. Ya cuenta con todas las aprobaciones regulatorias mexicanas.
Esas moléculas tienen potencial para lograr un control selectivo de plagas de importancia agrícola, así como de insectos vectores de enfermedades virales como Zika, dengue y chikungunya. Esta línea de investigación ha sido desarrollada por la doctora Alejandra Bravo y el doctor Mario Soberón por más de tres décadas.
Otro producto relacionado con la biotecnología agrícola son los biorrepelentes, desarrollados por los doctores Agustín López Munguía y su exalumno el doctor Alejandro Torres Gavilán, quien junto con dos colegas fundó la empresa Applied Biotec.
La tecnología licenciada por Applied Biotec a la UNAM, emplea análogos de capsaicinas, moléculas de origen natural responsables del picor característico del chile. Con ello se desarrolló un biorrepelente capaz de disuadir a las plagas agrícolas, sin generar efectos adversos sobre el ecosistema. Esta innovación, ya está en el mercado.
Nuevos caminos.
Recientemente, se anunció la creación de un biofungicida hecho con tecnología de ARN, el cual viene a aportar a la larga tradición de la biotecnología agrícola en nuestro país, señala Galindo.
“Es excelente ver cómo la biotecnología agrícola sigue avanzando y sumando herramientas innovadoras en nuestro país. Sin embargo, hay que mencionar dos puntos clave sobre este desarrollo. Primero, el biofungicida basado en tecnología de ARN fue diseñado e íntegramente desarrollado por una empresa estadounidense, no se trata de un desarrollo nacional.”
“Y segundo, este producto no es el primer fungicida biotecnológico comercializado en México; nuestro país cuenta con una amplia trayectoria en la adopción y uso de insumos biotecnológicos. Su verdadero hito radica en ser el primer fungicida que utiliza tecnología de ARN en obtener registro en territorio nacional”.
“Es otra tecnología interesante y poderosa, pero necesita validarse para demostrar su eficacia en manos de los agricultores mexicanos”.
De esta manera, el panorama de la biotecnología agrícola se amplía en el país. La búsqueda de soluciones innovadoras es clave para alimentar a una población creciente y enfrentar uno de los mayores retos del siglo XXI: lograr una agricultura más sostenible y productiva.
Por: María Luisa Santillán.
Sitio Fuente: Ciencia UNAM