Descubren el “pez Batman” que surcaba los mares hace más de 400 millones de años: el secreto estaba en su extraña cabeza
CIENCIAS DE LA VIDA / BIOLOGÍA MARINA / PALEONTOLOGÍA.
Un fósil del Devónico descubierto en China revela que un primitivo pez sin mandíbulas utilizaba su insólita cabeza con forma de alas para desplazarse por el agua con una eficiencia inesperada.
Reconstrucción artística de cómo habría sido Bataspis crux en vida. Ilustración de Dinghua Yang.
Hay fósiles cuya rareza salta a la vista incluso antes de conocer su historia. Bataspis crux es uno de ellos. Este pequeño vertebrado sin mandíbulas vivió durante el Devónico temprano en lo que hoy es el sur de China y llevaba sobre los hombros —o, más exactamente, formando parte de su escudo cefálico— una estructura que recuerda de manera sorprendente a unas alas de murciélago. No era un simple adorno: su extravagante anatomía pudo convertirlo en un nadador mucho más eficiente de lo que cabría esperar de un animal tan primitivo.
La nueva especie ha sido descrita por Xinyuan Meng y un equipo internacional de paleontólogos en la revista Palaeontology. Pertenece a los galeáspidos, un grupo desaparecido de peces acorazados sin mandíbulas que habitó durante el Silúrico y el Devónico territorios correspondientes a las actuales China y Vietnam. Su posición cerca del origen evolutivo de los vertebrados con mandíbulas hace que estos animales sean especialmente interesantes para reconstruir cómo eran y cómo vivían algunos de nuestros remotísimos parientes evolutivos.
El fósil tampoco acaba de salir de la tierra. Fue recogido por Yuhai Liu en la década de 1980 cerca de Qujing, en la provincia china de Yunnan, y procede de las areniscas de la Formación Xishancun, correspondiente al Lochkoviense, la primera edad del Devónico. El ejemplar conserva un escudo cefálico de unos cinco centímetros de longitud, aunque su anchura completa habría alcanzado aproximadamente 14,3 centímetros debido a sus enormes prolongaciones laterales.
Es precisamente ahí donde comienza lo verdaderamente extraño. En lugar de limitarse al contorno más habitual de otros galeáspidos, el cráneo de Bataspis se extendía hacia ambos lados mediante largos procesos cornuales. Visto desde arriba, el resultado recuerda a la silueta de un murciélago con las alas abiertas. Su forma es tan singular que, al comparar geométricamente los escudos cefálicos de 30 especies de galeáspidos, los investigadores descubrieron que Bataspis ocupaba una región del espacio morfológico en la que no aparecía ningún otro animal estudiado.
Unas “alas” bajo el agua.
La pregunta inevitable era para qué servía semejante cabeza. Los paleontólogos no podían observar nadar a un animal extinguido hace cientos de millones de años, pero sí podían reconstruirlo digitalmente y estudiar cómo habría reaccionado el agua al encontrarse con su cuerpo.
El equipo elaboró un modelo tridimensional completo de Bataspis crux y recurrió a simulaciones de dinámica de fluidos computacional. En ellas hicieron circular agua alrededor del animal a 0,3 metros por segundo y probaron diferentes ángulos de ataque: 0, 10, 20 y 30 grados. Después midieron dos fuerzas fundamentales, la sustentación y la resistencia al avance, y calcularon la relación entre ambas. Cuanto mayor es esta relación, más sustentación puede obtener un cuerpo por la resistencia que genera.
El resultado convirtió aquella extraña cabeza en algo mucho más interesante que una curiosidad anatómica. A un ángulo de 10 grados, Bataspis superó una relación sustentación-resistencia de 4,5, frente a un valor cercano a 3 del segundo galeáspido con mejor rendimiento en las pruebas, Polybranchiaspis. Ningún otro galeáspido analizado alcanzó su eficiencia.
La explicación se encuentra en la geometría de esas prolongaciones. El agua aceleraba al pasar sobre la superficie superior convexa de los procesos cornuales, mientras que la presión era mayor en su cara inferior, más plana. Esa diferencia contribuía a producir sustentación. El principio físico recuerda al que interviene en un perfil alar, aunque aquí no había un avión ni un ala flexible, sino el rígido escudo de un pez sin mandíbulas del Paleozoico.
Además, su forma de media luna habría ayudado a reducir la resistencia inducida. Las grandes extensiones laterales también pudieron proporcionar estabilidad durante desplazamientos rectos, aunque probablemente a cambio de perder cierta capacidad para realizar maniobras rápidas. No había, por tanto, una única característica milagrosa: según los investigadores, la eficiencia surgía de la combinación de varios elementos de su anatomía.
"El “pez Batman” no tenía alas: era su enorme escudo cefálico el que convertía la cabeza en una superficie extraordinariamente eficiente para desplazarse por el agua".
Un nadador inesperado del Devónico.
Este detalle cambia bastante la imagen tradicional de los galeáspidos. Durante mucho tiempo, su cabeza aplanada, su boca ventral y la ausencia aparente de aletas pares flexibles favorecieron la interpretación de estos animales como habitantes del fondo con capacidades natatorias relativamente modestas. Bataspis apunta hacia un escenario bastante más variado.
Los autores consideran que su anatomía estaba bien adaptada para el desplazamiento sostenido. De hecho, su rendimiento hidrodinámico supera al calculado para otros grandes grupos de vertebrados primitivos sin mandíbulas, como osteóstracos y pteraspidomorfos, aunque el propio estudio señala que algunos psamósteidos especializados en desplazamientos continuados podrían presentar valores comparables.
Ejemplar holotipo de Bataspis crux. Foto: Meng et al., Palaeontology (2026)
Los investigadores comprobaron incluso qué ocurriría si el animal nadase muy cerca del fondo. Al repetir las simulaciones con un sustrato virtual, el patrón general apenas cambió. A 10 grados, la relación sustentación-resistencia pasó de 4,67 en el escenario sin fondo a 5,41 cerca de él. Esto lleva a los autores a plantear que Bataspis pudo mantener un buen rendimiento tanto próximo al lecho como en aguas abiertas, ampliando las posibilidades ecológicas que solemos imaginar para estos vertebrados.
"Las simulaciones revelaron que Bataspis crux alcanzaba la mayor relación entre sustentación y resistencia registrada entre los galeáspidos analizados".
Su posición evolutiva también resulta reveladora. Los diferentes análisis filogenéticos sitúan a Bataspis dentro de Tridensaspidae y próximo al linaje de Pterogonaspis y Tridensaspis. Sin embargo, los autores reconocen que algunas relaciones dentro de los galeáspidos siguen siendo difíciles de resolver por la escasez de caracteres conocidos y la cantidad de información anatómica ausente en determinados fósiles.
La importancia del descubrimiento va, por tanto, más allá de añadir un nombre extravagante al catálogo de animales desaparecidos. Bataspis crux demuestra que la falta de mandíbulas y de aletas pares flexibles no impidió a los primeros vertebrados experimentar con soluciones muy diferentes para moverse por el agua. Mucho antes de que la evolución produjera la anatomía característica de los peces modernos, un pequeño animal acorazado ya había convertido su propia cabeza en una eficaz superficie hidrodinámica.
Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.
Sitio Fuente: MuyInteresante