Un injerto muscular imita los efectos del ejercicio: aumenta la fuerza, la masa muscular y la densidad ósea
CIENCIAS DE LA SALUD / MEDICINA REGENERATIVA.
Un pequeño tejido muscular implantado bajo la piel reprodujo en ratones algunos de los beneficios sistémicos del ejercicio y también mejoró parámetros metabólicos.
Los injertos de células musculares conducen a mejoras físicas y metabólicas en ratones. / Crédito: Ziad M. El-Zaatari/Science Photo Library.
Un pequeño injerto de tejido muscular capaz de contraerse de forma continua ha conseguido reproducir en ratones algunos de los efectos sistémicos asociados al ejercicio físico: más masa muscular, mayor fuerza y una mayor densidad ósea. El avance, que se resume en un estudio publicado en la revista Nature Aging, abre una posible vía para tratar la pérdida de músculo relacionada con la edad en personas que no pueden hacer ejercicio.
La idea parte de un problema real y concreto: el ejercicio protege frente al deterioro muscular y metabólico, pero precisamente quienes más pueden beneficiarse con la actividad física, como personas mayores, frágiles o con enfermedades que limitan su movilidad, son también quienes tienen más dificultades para practicarla.
El equipo dirigido por investigadores del Instituto de Zoología de la Academia China de Ciencias ha tratado de reproducir algunos de esos efectos mediante un implante de músculo vivo, según publica Nature. Los científicos obtuvieron células precursoras del músculo del cuádriceps de los propios ratones, las cultivaron en el laboratorio y después las implantaron bajo la piel del lomo.
Beneficios físicos y metabólicos.
Además de reducir el riesgo de rechazo inmunitario, las células formaron una estructura muscular organizada y vascularizada que, una vez integrada en el organismo, comenzó a contraerse de manera espontánea y continuada. El tejido implantado sobrevivió durante varios meses.
Los resultados fueron impactantes en los animales de edad avanzada. Tras el implante, los ratones desarrollaron una mayor proporción de masa magra y mostraron mejores indicadores de función física. En las pruebas realizadas por los investigadores, podían correr durante más tiempo y presentaban una mayor fuerza de agarre que los animales de control. Quince semanas después del trasplante, además, registraban una densidad ósea superior.
Resultados positivos en distintos aspectos.
El efecto tampoco se limitó al músculo. En ratones sometidos a una dieta rica en grasas para inducir obesidad, los animales con el injerto presentaron más masa magra y menos grasa corporal. También registraron niveles más bajos de glucosa en sangre, menores aumentos del colesterol y los triglicéridos y señales reducidas de inflamación sistémica. El estudio observó asimismo indicios de menor daño hepático y un mayor gasto energético.
Los investigadores describen el fenómeno como una forma de aprovechar el músculo como un órgano capaz de influir en otros tejidos. El músculo esquelético no sirve únicamente para generar movimiento: también participa en la regulación del metabolismo y en la comunicación con distintos órganos.
Un injerto muscular capaz de contraerse de forma continua aumentó en ratones la masa muscular, la fuerza y la densidad ósea, además de mejorar su metabolismo. / Crédito: Europeana en Unsplash.
Una fábrica biológica.
El injerto pulsátil podría reproducir parte de esas señales biológicas sin exigir al organismo que realice una actividad física convencional. En los experimentos, los animales también mostraron cambios asociados a una menor inflamación y a una reducción de la acumulación de grasa en el tejido muscular.
El trabajo plantea además una segunda posibilidad. Los injertos pueden utilizarse como una especie de “fábrica biológica” capaz de liberar proteínas terapéuticas de manera sostenida. Los autores demostraron que el tejido podía producir moléculas como la hormona paratiroidea y la hormona del crecimiento, potencialmente útiles para combatir la pérdida de hueso o músculo. En los modelos estudiados, esta estrategia no produjo efectos adversos observables.
Una vía prometedora, pero aún experimental.
Sin embargo, trasladar estos resultados de los roedores a los seres humanos será un reto considerable. Una persona probablemente necesitaría varios injertos distribuidos por el organismo para obtener una respuesta comparable. Eso implicaría intervenciones quirúrgicas adicionales, precisamente en pacientes que pueden ser demasiado frágiles para tolerarlas adecuadamente.
En definitiva, se trata de una prueba de concepto de una estrategia de medicina regenerativa que intenta convertir al propio músculo en un motor metabólico permanente. El próximo paso será determinar si el tejido puede desarrollarse de forma segura y eficaz en humanos y si sus beneficios pueden mantenerse a largo plazo.
Por: Pablo Javier Piacente / T21.
Sitio Fuente: Levante / Tendencias21