Científicos reescriben la historia del ascenso de los carnívoros: un sorprendente cambio climático ocurrido hace 40 millones de años puede esconder la clave
CIENCIAS DE LA TIERRA / CIENCIAS DE LA VIDA / PALEONTOLOGÍA.
Un análisis de 155 especies fósiles cuestiona que los antepasados de los carnívoros modernos conquistaran Europa simplemente desplazando a sus grandes rivales.
Hace unos 40 millones de años, un episodio de calentamiento global coincidió con una importante expansión de los tamaños corporales de los carnivoramorfos europeos. Recreación artística. Foto: ChatGPT-4o/Christian Pérez.
Hace unos 40 millones de años, recorrer Europa habría supuesto adentrarse en un mundo difícil de reconocer. El continente no tenía su configuración actual y sus ecosistemas estaban poblados por mamíferos que hoy resultarían extraños. Entre ellos había varios linajes de depredadores que compartían territorio y presas, desde los Hyaenodonta hasta los primeros carnivoramorfos, el gran grupo evolutivo que incluye a los actuales carnívoros y a sus parientes extintos.
Durante mucho tiempo, una explicación aparentemente sencilla permitió reconstruir lo sucedido después. Los carnivoramorfos habrían terminado imponiéndose gracias, entre otras características, a una dentición más versátil. Sus rivales perdieron terreno y desaparecieron. El resultado parece encajar con esa historia: actualmente tenemos felinos, cánidos y osos, mientras que los Hyaenodonta llevan millones de años extintos.
El problema es que buena parte de esta interpretación procedía del registro fósil norteamericano. Cuando un equipo internacional de investigadores ha trasladado la pregunta a Europa, la supuesta competición entre unos vencedores y unos perdedores deja de resultar tan evidente.
El estudio, publicado en Biology Letters, analiza la evolución del tamaño corporal de los mamíferos depredadores europeos entre aproximadamente 57,2 y 23,3 millones de años atrás. Sus conclusiones apuntan hacia otro protagonista: los grandes cambios climáticos del Paleógeno.
155 especies y millones de años de evolución escondidos en los dientes.
Los investigadores reunieron información de 155 especies de carnivoramorfos procedentes de yacimientos europeos. Buena parte del material corresponde a los famosos fosforitos de Quercy, en Francia, aunque la muestra incluye fósiles encontrados también en Alemania, Bélgica, España, Suiza, Hungría e Inglaterra.
Para seguir la evolución de estos animales utilizaron una variable especialmente reveladora: la masa corporal. El tamaño de un depredador condiciona numerosos aspectos de su ecología, desde sus necesidades energéticas hasta el tipo y tamaño de las presas que puede capturar.
Naturalmente, pesar un mamífero desaparecido hace 40 o 50 millones de años es imposible. Los paleontólogos pueden aproximarse, sin embargo, gracias a sus dientes. El equipo empleó distintas ecuaciones que relacionan determinadas medidas dentales con la masa corporal para estimar cuánto podían pesar las especies estudiadas. Después reconstruyó cómo cambiaba la distribución de tamaños a lo largo del tiempo.
Evolución de las temperaturas y de los cambios en la masa corporal de los principales mamíferos depredadores a lo largo del Paleógeno. Foto: ULiège Valentin Fischer.
El comienzo de la historia resulta particularmente llamativo. En las primeras comunidades europeas del Eoceno estudiadas, tanto los Hyaenodon como los carnivoramorfos eran pequeños, generalmente por debajo de los dos kilogramos. Los grandes depredadores pertenecían entonces a otros grupos que podían situarse habitualmente entre los 10 y los 100 kilos.
Aquella distribución no duró para siempre. Pero el cambio que acabaría beneficiando a los parientes de los carnívoros modernos no coincide con una desaparición inmediata de sus principales rivales.
"El equipo destaca que la expansión corporal de los carnivoramorfos no estuvo acompañada por una reducción equivalente entre los Hyaenodonta, algo difícil de conciliar con una sustitución directa por competencia".
Algo ocurrió en Europa hace unos 40 millones de años.
El punto de inflexión aparece alrededor del Óptimo Climático del Eoceno Medio, conocido como MECO, un episodio de calentamiento ocurrido hace aproximadamente 40 millones de años.
Después de este acontecimiento, los carnivoramorfos europeos ampliaron espectacularmente su abanico de tamaños. El estudio encuentra animales desde unos 300 gramos hasta aproximadamente 28 kilogramos y un aumento muy marcado de la disparidad de masas corporales. Dicho de otra manera, aquel linaje comenzó a ocupar un espacio ecológico mucho más amplio.
Si la hipótesis clásica de una sustitución mediante competencia explicara por sí sola el fenómeno, cabría esperar que la expansión de unos coincidiera con el retroceso de los otros. Eso no es lo que muestran los datos europeos.
Los Hyaenodonta no se hicieron pequeños ni desaparecieron inmediatamente cuando aumentó el rango corporal de los carnivoramorfos. Antes de la transición entre el Eoceno y el Oligoceno, la masa media de los primeros rondaba los 21 kilos, frente a menos de seis kilos entre los carnivoramorfos. Ambos grupos siguieron compartiendo los ecosistemas europeos durante millones de años.
Es precisamente esta convivencia prolongada la que complica la imagen de una competición directa en la que un grupo superior desplaza progresivamente a otro. Los autores plantean que pudo existir una partición de nichos más compleja.
La “Grande Coupure” cambió las reglas.
El segundo gran episodio llegó entre aproximadamente 34 y 33,5 millones de años atrás, durante la transición Eoceno-Oligoceno. Europa experimentó entonces una profunda reorganización ambiental y faunística asociada al enfriamiento global y a la gran glaciación antártica.
Es la célebre “Grande Coupure”. Los Hyaenodonta endémicos europeos sufrieron un fuerte retroceso, mientras diferentes grupos de carnívoros llegaron, se dispersaron y se diversificaron. A partir de este momento, la masa corporal media de los Hyaenodon comenzó a disminuir progresivamente, mientras los carnivoromorfos continuaron la expansión iniciada millones de años antes.
Hacia mediados del Rupeliense, los mayores carnívoros europeos ya superaban en tamaño a los Hyaenodon contemporáneos y se acercaban a los 100 kilogramos. Pero hay un detalle importante: habían transcurrido alrededor de siete millones de años desde el episodio climático de hace 40 millones de años que había impulsado la expansión de tamaños corporales entre los carnivoramorfos.
El contraste con Norteamérica refuerza todavía más esta interpretación. Allí, la evolución de las masas corporales siguió ritmos diferentes. Para los investigadores, esta disparidad geográfica resulta difícil de reconciliar con una ventaja competitiva universal capaz de producir siempre el mismo desenlace.
"Fischer y su equipo identifican el comienzo del Bartoniense, alrededor de 40 millones de años atrás, como el principal punto de ruptura en la evolución del tamaño corporal de los mamíferos depredadores europeos".
Una historia evolutiva menos sencilla de lo que parecía.
El estudio no demuestra que la competencia entre depredadores no existiera. Dos linajes que cazan dentro de un mismo ecosistema inevitablemente pueden disputarse determinados recursos. Lo que cuestiona es que esa competencia pueda explicar por sí sola el triunfo evolutivo de los carnivoromorfos a escala continental.
Hay incluso otro dato revelador. En Europa existió un intervalo de aproximadamente 10,4 millones de años entre los grandes depredadores de unos 20 kilos. Si se consideran animales cercanos a los 100 kilos, el vacío alcanza aproximadamente 21,3 millones de años. Para los autores, semejante separación temporal tampoco encaja bien con una sustitución competitiva directa.
La imagen que emerge es bastante más interesante: el éxito de los antepasados y parientes de los carnívoros modernos habría dependido de oportunidades ecológicas abiertas por transformaciones ambientales, migraciones, extinciones y cambios en las comunidades de presas.
Lejos de una carrera inevitable en la que los animales con “mejores” dientes acabaron venciendo, la Europa del Paleógeno parece haber atravesado una sucesión de crisis y oportunidades. El calentamiento de hace 40 millones de años coincide con una importante expansión ecológica de los carnivoramorfos; el enfriamiento posterior reorganizó nuevamente el tablero.
Los leones, lobos, osos y demás carnívoros actuales son los supervivientes de aquella larguísima historia. Su dominio no tiene por qué haber comenzado con una victoria directa sobre sus rivales. El clima pudo mover primero las piezas.
Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.
Sitio Fuente: MuyInteresante