Bosques Alterados ¿Quiénes sobreviven entre cultivos y potreros?
CIENCIA UNAM. CIENCIAS DE LA VIDA.
Las consecuencias de cambiar las dinámicas naturales de ecosistemas mexicanos.
Uno de los ecosistemas más biodiversos en México es la selva alta perennifolia, también conocida como bosque tropical lluvioso, que abarca algunas regiones de San Luis Potosí, Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, la Península de Yucatán, Chiapas, Oaxaca y Guerrero.
Las selvas altas perennifolias son uno de los ecosistemas que han sido más alterados y fragmentados por los humanos, lo cual ha generado distintos problemas ambientales, por ejemplo, disminución en el tamaño de las poblaciones de especies nativas, introducción de especies exóticas de plantas y animales, el recambio en la composición de especies en comparación de las selvas en buen estado de conservación.
- Un hábitat alterado es aquel que ha sido modificado por actividades humanas, como la tala, la deforestación, el cambio de uso de suelo, las plantaciones de especies exóticas, la apertura de caminos, la urbanización.
En nuestro país, la doctora Julieta Benítez Malvido, del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la UNAM, ha trabajado desde hace más de tres décadas en identificar qué cambios ocurren cuando se alteran las dinámicas naturales de un hábitat.
En el artículo Hongos patógenos en la selva, la doctora Benítez Malvido reportó que “la perturbación de los bosques tropicales por actividades humanas […] provoca la fragmentación del hábitat y modifica los factores abióticos del entorno (las características físicas como la luz, la temperatura y la humedad) y los factores bióticos (relativos a los seres vivos, como la identidad y densidad de individuos de la planta hospedera).
Consecuencias de la fragmentación.
Los bosques tropicales lluviosos han cambiado mucho. Según doctora Benítez Malvido, actualmente solo queda entre 6 y 12% del bosque tropical lluvioso original. En su artículo “Heliconias: de plantas ornamentales a pequeños microhábitats dentro de las selvas tropicales”, detalla el avance de esta pérdida.
“En las décadas de los 80 y 90, México experimentó el proceso de degradación ambiental más acelerado de su historia, con cerca del 48% de la cobertura vegetal nativa deforestada y transformada, principalmente en el sureste del país. Este escenario no ha cambiado en los últimos veinte años, y gran parte del paisaje original del trópico mexicano se ha convertido en un mosaico de cultivos y potreros muy cambiante y complejo. Miles de especies animales y vegetales se han visto afectadas por la deforestación y cambio de uso del suelo”.
Los hallazgos de su trabajo en los hábitats alterados es que la fragmentación de la selva afecta el reclutamiento de plántulas de árboles, es decir, la regeneración, pues no hay nuevos individuos que reemplacen a los árboles adultos. “Encontré que había un decremento en la abundancia de plántulas de árboles de la selva continua en relación con los fragmentos de 100, de 10 y de 1 hectárea”, dijo en entrevista para Ciencia UNAM.
Además ha estudiado las dinámicas naturales de algunos bosques secundarios (acahuales), que surgen después de hubo un proceso de deforestación y en donde pueden aparecer especies nativas, pero también llegan algunas especies exóticas e invasoras.
Al analizar la incidencia de hongos fitopatógenos en el follaje encontró que siempre es mayor en la vegetación presente en los hábitats alterados que en la selva continua o bien conservada. Luego se acercó a la microbiota del suelo (integrada por bacterias, hongos y nemátodos) y encontró que los nemátodos fitopatógenos son más abundantes en hábitats alterados.
“Estos bosques jóvenes tienen condiciones ambientales diferentes, son menos húmedos, la insolación y las temperaturas son mucho mayores. Y aunque hay especies nativas que logran establecerse en estos sitios tienen cambios fisiológicos y morfológicos importantes y las plantas que logran colonizar estos bosques secundarios también son más susceptibles a contraer enfermedades”.
Otra consecuencia de la fragmentación de los bosques es la creación de bordes artificiales por la apertura de carreteras o caminos, lo cual genera un fenómeno que se conoce como efecto de borde. “Hemos encontrado que las especies de plantas que se encuentran cerca de los bordes también son más susceptibles a contraer enfermedades”, explica.
Asimismo, estos ambientes perturbados han traído como consecuencia el recambio de especies, que es la sustitución de éstas a lo largo de un determinado espacio y tiempo, como resultado de los cambios en el hábitat. Esto genera que disminuyan el número de especies nativas, así como de las funciones que desempeñan dentro del ecosistema.
Plantas modelo.
Las heliconias son un modelo de estudio para ver cómo las actividades humanas o la perturbación de la selva afectan las interacciones bióticas, es decir, los procesos que ocurren entre dos o más organismos.
Las heliconias son plantas que predominan en los bosques neotropicales, tienen un alto valor comercial, sus inflorescencias duran mucho y son de colores muy vivos. La doctora Benítez Malvido y su equipo han registrado 11 especies de esta familia de plantas (Heliconiaceae) en la Reserva de los Montes Azules en Chiapas, ocho de las cuales son nativas a la región y tres son introducidas.
Las heliconias tienen interacciones bióticas con otras especies, por ejemplo, con algunos insectos (mariposas, moscas, mosquitos, escarabajos y abejas) que visitan sus inflorescencias y/o ahí se reproducen, también interactúan con reptiles, lagartijas, anfibios, aves y murciélagos, que se refugian en estas plantas.
“Hemos visto que este tipo de interacciones también se modifican con la perturbación de las selvas”.
Por ejemplo, han documentado que a diferencia de lo que ocurre en un ambiente conservado, en un ambiente perturbado las heliconias tienen menor número de flores, éstas son más pequeñas y sus tallos son de menor tamaño. Esto es preocupante porque al cambiar la morfología floral también se afectará a los polinizadores nativos.
Regeneraciones activas y pasivas.
Una opción para disminuir los efectos negativos en los hábitats alterados es la restauración ecológica, cuyo fin es “volver al hábitat original, pero muchas veces es una misión imposible, no solamente por el tiempo que conlleva lograrlo, sino también porque hay ocasiones que está tan degradado el terreno que se utilizan otras medidas de recuperación o de rehabilitación”, reconoce la doctora.
Dependiendo del manejo previo, se calcula que restaurar un área altamente degradada puede tardar hasta 200 años. Aunque la investigadora comenta que existe la restauración activa, que es cuando intervienen las personas para poder restaurar un área de manera más rápida, por ejemplo, sembrando árboles nativos por lo menos de un metro de altura, los cuales atraerían fauna nativa dispersora de semillas.
Otra estrategia es la restauración pasiva que consiste en quitar el agente que causó el disturbio en la zona, por ejemplo, si un pastizal ha sido alterado a causa del ganado, la opción sería colocar una cerca que impida su paso y con esto el pastizal se va recuperando, “es un proceso más lento, pero también se ha logrado promover la sucesión secundaria en menor de tiempo”.
Por último, advierte que el cambio climático también está relacionado con la alteración de estos sistemas biológicos, pues se pueden modificar por alteraciones en el ciclo del agua y en el ciclo del carbono, inundaciones y huracanes más severos, por la pérdida del suelo fértil y la erosión del suelo a causa de la deforestación.
Por: María Luisa Santillán.
Sitio Fuente: Ciencia UNAM