El pájaro brujo empieza a recuperarse en Galápagos gracias a que los científicos aprendieron su comportamiento

CIENCIAS DE LA VIDA / ZOOLOGÍA / ORNITOLOGÍA.-

- El amenazado pájaro brujo de Santa Cruz, en Galápagos, registró su mejor temporada reproductiva: en 2026 nacieron 57 volantones.

- Un experimento de restauración confirmó que recuperar el bosque de Scalesia, donde habita, mejora el éxito reproductivo: las hembras incuban más tiempo y los nidos tienen mayores probabilidades de producir polluelos. 
- Los investigadores desarrollaron una técnica de "autofumigación" en la que las propias aves incorporan material tratado con insecticida para proteger sus nidos de la mosca vampiro.
- Aunque la población se recupera, el pájaro brujo aún sobrevive en solo 19 hectáreas de bosque restaurado.

Un pájaro brujo juvenil, mostrando un pecho amarillento mezclado con los primeros tonos naranjas y escarlatas que revelan su madurez. Foto: cortesía Mara Speece/Fundación Charles Darwin

La neblina todavía cubre el bosque de Scalesia cuando los primeros destellos rojos empiezan a cruzar entre los árboles. A ras del suelo, un grupo de trabajadores abre camino con machetes y guadañas para retirar la mora invasora. Detrás de ellos, casi sin miedo a la presencia humana, pequeños pájaros brincan entre las ramas recién despejadas para atrapar los insectos que salen de la vegetación. Algunas hembras incluso se acercan a los trabajadores para arrancarles un cabello que pueda servir en la construcción de sus nidos.

Durante años, escenas como esta fueron cada vez más escasas en la isla Santa Cruz, en Galápagos, Ecuador. El pájaro brujo (Pyrocephalus nanus), un pequeño atrapamoscas insectívoro endémico del archipiélago, estuvo al borde de desaparecer de la isla por la pérdida de su hábitat y el impacto de una mosca parásita invasora que mata a sus polluelos: la mosca vampiro. Hoy, sin embargo, comienza a ofrecer una señal de esperanza.

-

El pájaro brujo de Santa Cruz sobrevive en apenas unas 19 hectáreas de bosque de Scalesia. Los machos son de color rojo brillante, mientras que en las hembras predominan los tonos amarillo y café. Foto: cortesía Einar Klum/Fundación Charles Darwin.

La temporada reproductiva de 2026 cerró con 57 volantones, la cifra más alta registrada para la población de Santa Cruz. El año anterior fueron 39 y, en 2024, apenas 15. Aunque la población sigue siendo reducida —se estima en alrededor de un centenar de individuos— la tendencia confirma que más de una década de investigación y restauración ecológica empieza a dar resultados.

“Este resultado representa una enorme satisfacción y, sobre todo, una confirmación de que la perseverancia en conservación puede dar resultados”, afirma Birgit Fessl, investigadora principal y coordinadora del proyecto de Conservación de Aves Terrestres de la Fundación Charles Darwin. “Detrás de cada volantón hay años de trabajo de campo, investigación, prueba y error, y un compromiso extraordinario de asistentes de campo, guardaparques, investigadores y colaboradores que han trabajado en condiciones muchas veces difíciles”.

Restaurar un bosque para salvar a un ave.

Hace apenas unos años encontrar un pájaro brujo en Santa Cruz era excepcional. La transformación del paisaje, la expansión de especies vegetales invasoras y la llegada de Philornis downsi —una mosca introducida que parasita los nidos de aves terrestres de Galápagos— redujeron la población hasta niveles críticos.

En 2016, cuando iniciaron los estudios, se tenía una estimación de unas 30 aves de esta especie en toda la isla. “Actualmente tenemos aproximadamente unos 100 individuos”, dice David Anchundia, ornitólogo de la Fundación Charles Darwin. “Es un número bajo, pero comparado con lo que había entonces, vamos por buen camino”.

La recuperación comenzó con una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué necesita realmente esta especie para sobrevivir?

-

La temporada reproductiva de 2026 cerró con 57 volantones, la cifra más alta registrada para la población de Santa Cruz. Foto: cortesía Mara Speece/Fundación Charles Darwin.

-

Un experimento de restauración confirmó que recuperar el bosque de Scalesia, donde habita el pájaro brujo, mejora el éxito reproductivo. Foto: cortesía Alma Suárez/Fundación Charles Darwin.

Durante los últimos diez años, los investigadores siguieron nidos, instalaron cámaras, compararon parcelas restauradas con otras invadidas por plantas exóticas y registraron el comportamiento de las aves durante cada etapa de la reproducción. El aprendizaje fue inesperado.

“Al inicio no los entendíamos mucho”, recuerda Anchundia. “Pensábamos que abandonaban los nidos porque los humanos los molestábamos, pero no. Ellos se acercan mucho a las personas. Después empezamos a ver que realmente era la comida lo que les faltaba. No había suficiente alimento en los sitios donde estaban estos pájaros”.

A partir de 2019, el equipo comparó siete parcelas de una hectárea donde se eliminaron la mora y otras plantas invasoras con áreas donde no se realizó manejo.

“Cuando hicimos este experimento comparando sitios donde hay restauración y donde no la hay, vimos que sí: les va super bien cuando hay restauración. Hay más alimento, no abandonan sus nidos y los polluelos salen adelante”, dice el ornitólogo.

-

Luego de una década de observación al pájaro brujo, los investigadores encontraron la solución para protegerlo. Foto: cortesía Mara Speece/Fundación Charles Darwin.

El equipo comprobó que las hembras que anidaban en bosques restaurados permanecían mucho más tiempo incubando sus huevos, mientras que en las zonas invadidas por mora y otras plantas exóticas debían ausentarse durante largos periodos para buscar insectos.

Esa observación quedó respaldada por un estudio publicado en 2024 en la revista Bird Conservation International. La investigación liderada por científicos de la Fundación Charles Darwin, la Universidad de Viena y la Universidad de Cambridge evaluó los efectos de la restauración del hábitat sobre el pájaro brujo durante las temporadas reproductivas de 2020 y 2021.

Los resultados mostraron que la recuperación del bosque no produjo efectos inmediatos. Mientras en 2020 aún no había diferencias significativas entre las áreas restauradas y las no intervenidas, para 2021 el panorama había cambiado: disminuyó la probabilidad de que los nidos fracasaran durante la etapa de incubación y solo los ubicados en las parcelas restauradas lograron llegar a la etapa de polluelos.

“La restauración de un hábitat no es inmediata”, explica Anchundia. “Los insectos no llegan inmediatamente. Las plantas demoran en crecer y, poco a poco, empiezan a atraer polillas y más bichos de otros sitios. Se trata de perseverancia”.

El siguiente desafío para los investigadores es lograr que la especie ocupe nuevamente otras zonas de Santa Cruz e, incluso, recuperar poblaciones desaparecidas en otras islas del archipiélago. Foto: cortesía Mara Speece/Fundación Charles Darwin.

Aprender cómo piensa un pájaro.

La restauración del bosque fue solo una parte de la solución. La otra amenaza seguía escondida dentro de los nidos. Cada temporada reproductiva, la mosca invasora deposita sus huevos en ellos. Cuando las larvas emergen, se alimentan de la sangre y los tejidos de los polluelos hasta provocarles anemia y, en muchos casos, la muerte.

Durante años, el equipo combatió el parásito aplicando insecticida directamente en la base de cada nido, subiendo a los árboles usando largas escaleras y tubos especiales con inyecciones. El método funcionaba, pero era lento, cansador para el equipo, costoso y prácticamente imposible de abarcar muchos más sitios.

La solución surgió después de observar con paciencia el comportamiento del pájaro brujo.

“Veíamos que a la hembra le gustaba mucho llevar material a su nido cuando estaba en construcción: pelos, plumas, algodón. Entonces dijimos: ‘Pongamos dispensadores de estos materiales tratados con insecticida para ver qué pasa’”, explica Anchundia. “Pusimos bastantes plumas —que es lo que más les gusta— y empezó a funcionar. Las hembras hacen una camita con todas esas plumas tratadas y protege superbién a los nidos”.

Hoy los investigadores colocan pequeños dispensadores cerca de los territorios reproductivos. Las propias aves recogen el material tratado y lo incorporan al nido, eliminando la necesidad de intervenir directamente durante la incubación.

-

Actualmente, los investigadores colocan pequeños dispensadores de material tratado con insecticida cerca de los territorios reproductivos del pájaro brujo. Las hembras lo recogen y lo incorporan a sus nidos. Foto: cortesía Mara Speece/Fundación Charles Darwin

Para Fessl, ese avance resume una de las lecciones más importantes del proyecto.

“Quizás el aprendizaje más importante ha sido que no existe una solución única. La recuperación ha sido posible gracias a un enfoque integral que combina restauración del hábitat, manejo de especies invasoras, monitoreo de largo plazo e innovación”, dice la investigadora. “También aprendimos que comprender el comportamiento de la especie es fundamental. La técnica de autofumigación contra Philornis downsi solo fue realmente efectiva cuando la adaptamos a la forma en que el pájaro brujo selecciona materiales para construir sus nidos”.

-

Dos hembras de pájaro brujo en los bosques de Scalesia. Foto: cortesía Einar Klum/Fundación Charles Darwin.

Un bosque que necesita tiempo.

Aunque el récord reproductivo marca un punto de inflexión, los científicos insisten en que sería prematuro hablar de una recuperación definitiva. El pájaro brujo de Santa Cruz sobrevive en apenas unas 19 hectáreas de bosque de Scalesia manejadas activamente por la Fundación Charles Darwin y la Dirección del Parque Nacional Galápagos. Mantener ese refugio implica jornadas diarias de restauración bajo lluvia, barro y vegetación densa, con un equipo dedicado a retirar especies invasoras que vuelven a crecer una y otra vez. El financiamiento para esto, dice Anchundia, es todo un reto.

Aún contra las dificultades, el siguiente desafío consiste en lograr que la especie ocupe nuevamente otras zonas de Santa Cruz e, incluso, recuperar poblaciones desaparecidas en otras islas que solía habitar en el archipiélago.

“Este caso demuestra que la conservación efectiva requiere continuidad, colaboración y capacidad de adaptación. Los cambios importantes no ocurren en uno o dos años; son el resultado de mantener esfuerzos sostenidos, evaluar continuamente los resultados y ajustar las estrategias cuando es necesario», concluye Fessl.

Anchundia coincide en que el conocimiento acumulado durante la última década puede servir para mucho más que salvar una población local.

“Ya entendimos bastante a estos pájaros porque trabajamos diez años con la especie y descubrimos las necesidades que tienen”, dice el especialista. “Ese conocimiento científico es importantísimo para recuperar a la especie y también otras aves que quizás necesitan las mismas condiciones”.

-

El amenazado pájaro brujo de Santa Cruz, en Galápagos, es un pequeño atrapamoscas insectívoro endémico del archipiélago. Foto: cortesía Mara Speece/Fundación Charles Darwin.

Mientras tanto, en las mañanas húmedas del bosque de Scalesia, los destellos rojos vuelven a hacerse visibles entre los árboles. Todavía son pocos para una isla tan grande como Santa Cruz —la segunda de mayor extensión de Galápagos—, pero cada uno de ellos representa algo más que un ave: la evidencia de que cuando la ciencia logra comprender una especie antes de que desaparezca, aún es posible cambiar su destino.

“Tenemos la esperanza de que este pájaro se recupere”, concluye Anchundia. “La comunidad está muy emocionada porque es un ave muy carismática y siempre nos dicen: ‘Ojalá que empiece a dispersarse por toda la isla otra vez; ese es un sueño’”.

Por: Astrid Arellano.

Sitio Fuente: Mongabay