Descubren en Japón una auténtica cápsula del tiempo: un espectacular fósil de abeja de 2,5 millones de años llena uno de los mayores vacíos de su evolución

CIENCIAS DE LA VIDA / PALEONTOLOGÍA.-

Durante décadas, la historia evolutiva de las abejas melíferas presentaba un enorme hueco temporal.

Ahora, un fósil hallado en Japón conecta dos mundos separados por millones de años y cambia lo que se sabía sobre el origen de las especies actuales.

Un fósil hallado en Japón cierra un vacío de dos millones de años en la evolución de las abejas melíferas. Foto: Y. Takahashi & J-ichi Takahashi, doi: 10.3897/zookeys.1255.162389.

Las abejas llevan millones de años desempeñando un papel esencial en los ecosistemas terrestres. Mucho antes de que el ser humano comenzara a practicar la agricultura, estos insectos ya transportaban polen entre flores, favoreciendo la reproducción de innumerables plantas. Sin embargo, reconstruir su pasado nunca ha sido una tarea sencilla. A diferencia de otros grupos de animales, las abejas apenas dejan fósiles, lo que ha convertido su historia evolutiva en un rompecabezas repleto de piezas perdidas.

Precisamente una de esas piezas acaba de aparecer en Japón. Un equipo de investigadores ha descrito una nueva especie fósil de abeja melífera que vivió entre hace 2,8 y 2,2 millones de años, en un momento en el que el planeta comenzaba a experimentar importantes cambios climáticos que desembocarían en las glaciaciones del Pleistoceno. El hallazgo, publicado en la revista ZooKeys, no solo añade una nueva especie al árbol evolutivo de las abejas, sino que llena un vacío de casi dos millones de años en el registro fósil del género Apis.

La nueva especie ha recibido el nombre de Apis aibai y procede de unos sedimentos lacustres de la prefectura japonesa de Hyogo. A simple vista podría parecer una abeja corriente, pero su importancia científica es extraordinaria. Se trata del fósil más reciente de una especie extinguida de abeja melífera conocido hasta la fecha y, al mismo tiempo, del ejemplar más antiguo confirmado perteneciente al subgénero Apis, el mismo grupo al que pertenece la abeja doméstica occidental (Apis mellifera) y otras especies actuales.

Este descubrimiento permite unir dos capítulos que hasta ahora permanecían desconectados. Los fósiles más antiguos de abejas del género Apis procedían sobre todo de depósitos del Oligoceno y del Mioceno, con edades que superan ampliamente los diez millones de años. En cambio, los pocos fósiles más recientes encontrados pertenecían ya a especies que siguen vivas en la actualidad. Entre ambos periodos existía un vacío que impedía comprender cómo evolucionaron las abejas modernas.

Un fósil excepcional conservado en antiguos sedimentos volcánicos.

El ejemplar apareció en el Grupo Teragi, una formación geológica situada en el oeste de Japón formada por depósitos volcánicos y sedimentos acumulados en antiguos lagos. Hace entre 2,8 y 2,2 millones de años, esta región presentaba un paisaje muy diferente al actual, dominado por bosques templados y lagos donde las cenizas volcánicas ayudaron a conservar organismos con un nivel de detalle poco habitual.

La abeja quedó atrapada en un sedimento limoso rico en tobas volcánicas que, con el paso del tiempo, terminó transformándose en roca. Gracias a esas condiciones excepcionales, los investigadores han podido estudiar numerosas partes de su anatomía: las alas, buena parte del abdomen, las patas posteriores e incluso una posible región correspondiente al aguijón.-

Aunque la cabeza apenas se ha conservado, el resto del cuerpo proporciona suficiente información para identificar la especie con un elevado grado de confianza. El insecto medía aproximadamente un centímetro de longitud, un tamaño muy similar al de muchas abejas actuales.

Oculta durante más de dos millones de años bajo antiguos sedimentos japoneses, una diminuta abeja fósil ha salido ahora a la luz para revelar un capítulo desconocido de la evolución. Foto: Y. Takahashi & J-ichi Takahashi, doi: 10.3897/zookeys.1255.162389

El análisis anatómico se centró especialmente en las alas. En los himenópteros, el dibujo formado por las venas alares funciona casi como una huella dactilar, ya que presenta patrones muy característicos para cada grupo. En este caso, la disposición de esas venas permitió confirmar que el fósil pertenece al subgénero Apis y distinguirlo claramente tanto de especies actuales como de otras abejas fósiles descritas anteriormente.

Las patas posteriores también resultaron decisivas. Su forma ensanchada indica que se trataba de una obrera, especializada en transportar polen, exactamente igual que ocurre en las colonias modernas.

"El fósil de Apis aibai constituye el enlace que faltaba entre las evidencias fósiles y las predicciones realizadas por los estudios genéticos sobre la evolución de las abejas melíferas".

El eslabón que faltaba entre los fósiles antiguos y las abejas actuales.

Hasta ahora, el registro fósil de las abejas melíferas presentaba una distribución muy desigual. La mayoría de los ejemplares conocidos procedían de Europa y China y tenían entre 20 y 30 millones de años de antigüedad. Después aparecía un largo silencio en el registro geológico.

Las únicas evidencias posteriores correspondían ya a fósiles del Pleistoceno o incluso del Holoceno pertenecientes a especies que todavía existen. Esa discontinuidad dificultaba comprobar si las estimaciones obtenidas mediante estudios genéticos eran correctas.

Durante los últimos años, los análisis del ADN mitocondrial habían sugerido que el subgénero Apis surgió durante el Mioceno tardío. Sin embargo, no existía ningún fósil que demostrara físicamente que ese grupo ya estaba presente antes del Pleistoceno.

Apis aibai cambia ese escenario. Su antigüedad encaja precisamente con las predicciones realizadas por los estudios genómicos y proporciona una prueba física de que la diversificación de las abejas modernas ya estaba en marcha varios millones de años antes de lo que permitían demostrar los fósiles conocidos hasta ahora.

Para la paleontología, este tipo de descubrimientos tiene un enorme valor porque permite comprobar si los árboles evolutivos obtenidos mediante genética coinciden con las evidencias conservadas en las rocas. En este caso, ambas líneas de investigación parecen converger de forma especialmente sólida.

Una pista inesperada sobre el pasado de las abejas asiáticas.

Uno de los aspectos más llamativos del estudio aparece al comparar el fósil con las especies actuales del continente asiático.

Las características de sus alas muestran una sorprendente semejanza con Apis nigrocincta, una especie que hoy únicamente vive en algunas islas de Indonesia y Filipinas. Ese parecido resulta especialmente interesante porque sugiere que los antepasados de este grupo tuvieron una distribución mucho más amplia de la que presentan en la actualidad.

Hace entre dos y tres millones de años, poblaciones emparentadas con esta abeja tropical podrían haber habitado también regiones templadas del archipiélago japonés. Si esta hipótesis se confirma con futuros hallazgos, significaría que la distribución de las abejas asiáticas ha cambiado profundamente como consecuencia de las transformaciones climáticas ocurridas desde finales del Plioceno.-

Los investigadores incluso plantean otra posibilidad aún más sugerente: este grupo extinguido podría encontrarse cerca del linaje ancestral de Apis cerana, la única abeja melífera nativa de Japón y una de las especies más importantes del este de Asia.

Aunque todavía será necesario descubrir nuevos fósiles para confirmar esa relación evolutiva, la coincidencia entre la anatomía del fósil y los estudios genéticos convierte esta hipótesis en una línea de investigación especialmente prometedora.

Durante millones de años permaneció enterrada en antiguos depósitos volcánicos de Japón. Hoy, esa pequeña abeja fósil está cambiando lo que sabíamos sobre el pasado de las abejas melíferas. Foto: Y. Takahashi & J-ichi Takahashi, doi: 10.3897/zookeys.1255.162389

"Los antiguos sedimentos volcánicos del Grupo Teragi se han convertido en una auténtica cápsula del tiempo para reconstruir los ecosistemas de hace más de dos millones de años".

Mucho más que una nueva especie.

A primera vista, descubrir una abeja de apenas un centímetro puede parecer un hallazgo menor frente a los espectaculares fósiles de dinosaurios o mamíferos gigantes. Sin embargo, su importancia científica es enorme.

Las abejas constituyen uno de los grupos de polinizadores más relevantes del planeta. Comprender cuándo aparecieron sus distintos linajes y cómo respondieron a los cambios climáticos del pasado ayuda también a entender la evolución de numerosos ecosistemas y de las plantas con flores que dependen de ellas.

Además, el yacimiento japonés donde apareció Apis aibai está demostrando ser una auténtica cápsula del tiempo. En los últimos años ya ha proporcionado fósiles de mariposas, insectos y restos vegetales que permiten reconstruir con bastante precisión el paisaje existente en esa región durante el tránsito entre el Plioceno y el Pleistoceno.

Los investigadores creen que la zona todavía puede conservar muchas sorpresas. Cada nuevo fósil recuperado no solo aporta información sobre una especie concreta, sino que ayuda a reconstruir un ecosistema desaparecido hace millones de años y a comprender cómo respondieron sus habitantes a uno de los grandes cambios climáticos de la historia reciente de la Tierra.

En ese contexto, Apis aibai representa mucho más que una nueva especie. Es la pieza que faltaba para conectar dos capítulos separados por millones de años y una prueba de que, incluso los insectos más comunes de nuestro entorno, todavía guardan secretos capaces de reescribir parte de su historia evolutiva.

Por: Christian Pérez. Redactor especializado en divulgación científica e histórica.

Sitio Fuente: MuyInteresante