Descubren el origen de las diferencias entre el dorso y la palma de las extremidades en los vertebrados
CIENCIAS DE LA VIDA.
Una nueva investigación explica cómo se estableció el "arriba y abajo" de las extremidades en los vertebrados hace más de 400 millones de años.
Lmx1b, en rosa y actuando concentrado en la parte dorsal. Imagen: IBBTEC.
El estudio lo ha realizado un equipo internacional, coliderado desde España y Estados Unidos.
Con esta investigación se ha dado un paso clave en el conocimiento de cómo evolucionaron las extremidades de los vertebrados. En el estudio se ha identificado el mecanismo genético ancestral que determina qué es la parte dorsal (la “parte de arriba”) en las aletas de los peces, y demuestra que ese sistema ya existía mucho antes de la adaptación del mismo a los vertebrados de tierra firme, hace más de 400 millones de años.
“Cuando miramos nuestra mano, la distinción entre el dorso (la parte con uñas) y la palma (con sus pliegues y almohadillas) nos parece completamente natural. Y no es solo una cuestión estética: esa diferencia es imprescindible para que nuestras extremidades funcionen correctamente y permite acciones tan cotidianas como doblar los dedos, agarrar objetos o apoyar el pie en el suelo”, señala Marian Ros, coautora del estudio e investigadora del Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria (IBBTEC), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y de la Universidad de Cantabria (UNICAN), en España todas estas instituciones. Sin embargo, no se sabía cuándo ni cómo se originó esa asimetría a lo largo de la evolución ni si ya existía en las aletas de los peces, de donde proceden las extremidades de los vertebrados.
El gen que decide "esto es arriba".
El estudio demuestra que el gen Lmx1b, ya conocido por ser el determinante dorsal en ratones, pollos y humanos, cumple exactamente la misma función en las aletas pectorales del pez cebra (Danio rerio). “Al eliminar este gen mediante la técnica de edición genómica CRISPR-Cas9, la parte de arriba de esas aletas desarrolló las mismas estructuras que normalmente aparecen en la parte de abajo. Los científicos denominamos a este resultado un apéndice de ‘doble ventral’, una especie de aleta con dos caras ventrales y ninguna dorsal, lo que equivaldría a tener una mano con dos palmas”, explica la investigadora.
Pero no se trata solo del gen. Los genes no actúan solos: necesitan instrucciones que les digan cuándo y dónde activarse. El equipo identificó que las secuencias reguladoras del ADN (LARM, por sus siglas en inglés), que actúan como un interruptor específico de Lmx1b en la zona dorsal de las extremidades, están presentes y son funcionalmente equivalentes en animales acuáticos que van desde los tiburones a los peces óseos, así como en todos los vertebrados terrestres, incluidos ratones y humanos. Es decir, ese interruptor lleva funcionando sin cambios esenciales al menos 450 millones de años, desde el ancestro común de todos los vertebrados con mandíbula.
Una innovación exclusiva de las aletas pares.
El estudio fue aún más lejos. Se sabe que las aletas de las que derivan nuestras extremidades (las aletas pares, como las pectorales y las pélvicas) reutilizaron mecanismos genéticos que originalmente se crearon para formar las aletas mediales, como la del lomo del pez. Sin embargo, la regulación por parte de los LARM es exclusiva de las aletas pares y no controla la expresión del gen en las mediales.
Esto significa que el "interruptor" LARM no es una herencia antigua reutilizada, sino una innovación evolutiva que surgió específicamente con el origen de los miembros pares en los vertebrados con mandíbula, que posteriormente evolucionarían hacia las extremidades terrestres.
Las lochas de torrente, un experimento natural de la evolución.
El trabajo incluye además un descubrimiento especialmente llamativo. Ciertos peces de agua dulce conocidos como lochas de torrente o lochas mariposa, adaptados a vivir aferrados a las rocas en ríos de corriente muy fuerte, han desarrollado de forma natural las aletas pectorales que les ayudan a agarrarse con morfologías que imitan las aletas “doble ventrales” provocadas en el laboratorio.
Al analizar el ADN de estos peces, el equipo encontró que precisamente las secuencias LARM de su genoma han sufrido cambios específicos y acelerados en esa misma región. Es decir, la evolución natural ha modificado el mismo interruptor genético que los científicos estaban estudiando, y esa modificación se refleja directamente en la peculiar morfología de sus aletas. Este es el primer ejemplo conocido de ese tipo de variación adaptativa en las extremidades de los vertebrados en el eje dorso-ventral.
El síndrome de uña-rótula.
Además de explicar un aspecto clave de la anatomía de los vertebrados, este estudio ayuda a comprender enfermedades como el síndrome de uña-rótula, donde los pacientes tienen alteraciones en el gen LMX1B o los interruptores LARM, que provocan la pérdida de las características dorsales de las extremidades, como son las uñas y las rótulas.
Colaboración internacional.
El estudio es el resultado de una colaboración científica internacional y de gran envergadura. El equipo lo integran, entre otros, Marian A. Ros (Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria), Juan J. Tena (Centro Andaluz de Biología del Desarrollo, del CSIC y la Universidad Pablo de Olavide, en Sevilla), Matthew P. Harris (Hospital Infantil de Boston / Universidad Harvard, en Estados Unidos), M. Brent Hawkins (Universidad Harvard), Sofía Zdral (Universidad de Cantabria). También han participado especialistas de la Universidad de Houston (Estados Unidos), el Boston College (Estados Unidos), la Universidad Comenius de Bratislava (Eslovaquia), la Universidad de Colorado (Estados Unidos) y la Universidad de Salamanca (España).
El estudio se titula “The origin and evolution of dorsal determination mechanisms in vertebrate paired appendages”. Y se ha publicado en la revista académica Current Biology. (Fuente: IBBTEC / CSIC)
Sitio Fuente: NCYT de Amazings