Los incendios extremos ya no solo arrasan bosques: están provocando un fenómeno atmosférico propio de las grandes erupciones volcánicas

CIENCIAS DE LA TIERRA / CIENCIAS ATMOSFÉRICAS.-

Un nuevo estudio revela que algunos incendios excepcionales pueden alterar una región muy alta de la atmósfera mediante un mecanismo hasta ahora asociado, sobre todo, a determinadas erupciones volcánicas, y eso significa que no cualquier fuego produce ese efecto.

Recreación artística de un incendio forestal extremo que genera un gigantesco pirocumulonimbo, cuya columna de humo asciende hasta las capas más altas de la atmósfera. ChatGPT, César Noragueda.

Cada verano, las imágenes de montes envueltos en llamas ocupan informativos y portadas. La atención mediática y de la ciudadanía se centra en la pérdida forestal, el riesgo para las poblaciones o la columna de humo que cubre el horizonte. Sin embargo, cuando se apagan los últimos rescoldos, queda una cuestión menos visible: ¿puede un gran incendio seguir influyendo en el planeta después de desaparecer del paisaje?,

Para responder, según leemos en Nature, hay que levantar la vista por encima de la humareda. Existen episodios tan intensos que consiguen interactuar con capas superiores situadas a decenas de kilómetros de altitud. Allí, un cambio pequeño puede adquirir importancia inesperada.

Conviene evitar interpretaciones exageradas. La investigación no afirma que cualquier fuego modifique el clima mundial ni desencadene un fenómeno desconocido. Su aportación resulta más concreta: ciertos sucesos extraordinarios pueden activar una secuencia física parecida a la observada tras algunas erupciones volcánicas.

Antes del hallazgo: ¿qué es exactamente la estratosfera?.

Cuando hablamos del aire solemos imaginar una envoltura alrededor de la Tierra. En realidad, la atmósfera se parece más a un edificio de varias plantas. La más cercana al suelo es la troposfera. Allí vivimos y se producen casi todos los fenómenos meteorológicos cotidianos.

Por encima, aparece la estratosfera, una capa estable situada aproximadamente entre los 10 y los 50 kilómetros de altitud. Allí se encuentra la capa de ozono y apenas existe la intensa mezcla vertical de los niveles inferiores. Por eso, cualquier sustancia que entra puede permanecer más tiempo.

Entre ambas capas, se encuentra la tropopausa. Siguiendo la comparación, sería el techo de la primera planta: una frontera que dificulta el paso del aire húmedo desde abajo. No constituye una pared sólida, pero sí una barrera térmica eficaz. La mayor parte del vapor de agua queda atrapada en la troposfera, de modo que la estratosfera es extraordinariamente seca.-

Ese detalle resulta esencial. Cuando una habitación contiene poca agua, añadir una cantidad modesta puede alterar notablemente su humedad. Algo parecido ocurre allí arriba: pequeñas variaciones de vapor de agua tienen más relevancia que cambios equivalentes en las capas inferiores.

Recreación artística del ascenso de la columna de humo desde el incendio a través de la troposfera hasta la estratosfera. ChatGPT, César Noragueda.

Cómo puede un incendio alcanzar una altura aparentemente imposible.

A primera vista, cuesta creer que un fuego originado en el suelo termine afectando a una cota tan elevada. La explicación reside en la energía liberada durante algunos episodios extraordinarios.

La mejor imagen es la de una gigantesca chimenea natural. El intenso calor impulsa corrientes ascendentes capaces de transportar partículas, cenizas y gases hacia cotas insospechadas. En los casos más extremos, el incendio no se limita a producir humo: fabrica su propio sistema tormentoso.

Así nacen los pirocumulonimbos, enormes nubes de desarrollo vertical alimentadas por la combustión. Funcionan como un ascensor atmosférico: recogen material cerca del suelo y lo elevan hasta niveles donde una columna de humo convencional nunca llegaría. Si la corriente posee suficiente fuerza, los aerosoles atraviesan la tropopausa y entran en la estratosfera.

"Funcionan como un ascensor atmosférico: recogen material cerca del suelo y lo elevan hasta niveles donde una columna de humo convencional nunca llegaría; así, los aerosoles atraviesan la tropopausa y entran en la estratosfera".

Una vez allí, permanecen más tiempo debido a la escasa mezcla del aire. Esa llegada a grandes altitudes era conocida. La incógnita consistía en determinar qué ocurría después.

Lo que han descubierto los investigadores.

El equipo combinó observaciones por satélite con simulaciones del aire para analizar la respuesta de las capas superiores tras grandes incendios y erupciones volcánicas moderadas. Buscaba explicar por qué había aumentado el vapor de agua estratosférico durante los últimos años.

Los resultados revelaron un comportamiento común no cuantificado con este detalle. Los aerosoles liberados absorben parte de la radiación solar y calientan la zona próxima a la tropopausa. Ese ligero aumento térmico debilita temporalmente la barrera que mantiene gran parte de la humedad en las capas bajas y facilita la entrada de vapor de agua en las capas altas.

"Los aerosoles liberados absorben parte de la radiación solar y calientan la zona próxima a la tropopausa, lo que debilita temporalmente la barrera que mantiene gran parte de la humedad en las capas bajas y facilita su entrada en las altas".

Si recuperamos la comparación del edificio, los incendios extremos y determinadas erupciones no derriban el techo entre ambas plantas, pero consiguen entreabrir una puerta durante un tiempo. Por esa abertura pasa más humedad de la habitual.

Ahí se encuentra la auténtica aportación del estudio. El trabajo no descubre que el humo de algunos fuegos alcance la estratosfera, algo documentado con anterioridad. Lo nuevo es la secuencia física posterior: las partículas absorben energía, calientan el entorno de la tropopausa y favorecen el paso de vapor de agua.-

Según los autores, entre 2005 y 2021, ese proceso habría explicado alrededor del 40 por ciento del incremento observado en el vapor de agua estratosférico, con una contribución estimada de entre 142 y 210 millones de toneladas. No es una curiosidad académica, sino una pieza que ayuda a explicar mejor la evolución reciente de la atmósfera.

Evolución del vapor de agua en la estratosfera entre 2000 y 2021, comparando las observaciones con la contribución estimada del calentamiento global y de las erupciones volcánicas e incendios forestales, que explican una parte importante del aumento observado. Nature.

Por qué el estudio relaciona los incendios extremos con las erupciones volcánicas.

El titular puede dar la impresión de que ambos acontecimientos producen los mismos efectos. No es así. La semejanza reside en una parte concreta de la secuencia física, no en el origen ni en todas sus consecuencias.

Una erupción expulsa cenizas, gases y material particulado procedentes del interior de la Tierra. Un incendio forestal responde a procesos distintos en la superficie. Sin embargo, ambos pueden introducir aerosoles en niveles elevados. Una vez allí, como decimos, esas partículas absorben energía solar, favorecen un calentamiento localizado cerca de la tropopausa y propician la entrada de más vapor de agua en la estratosfera.

En otras palabras, el estudio no sostiene que un bosque ardiendo se comporte como un volcán desde todos los puntos de vista. Indica que algunos fuegos excepcionalmente intensos pueden activar una cadena comparable a la asociada con determinadas erupciones. Esa precisión evita conclusiones alarmistas.

"Algunos fuegos excepcionalmente intensos pueden activar una cadena comparable a la asociada con determinadas erupciones".

Por qué importa este descubrimiento.

La utilidad del trabajo va más allá de describir un fenómeno llamativo. Su principal aportación consiste en mejorar nuestro conocimiento del sistema climático.

El vapor de agua presente en la estratosfera participa en el balance energético del planeta y también influye sobre determinadas reacciones químicas, incluidas las relacionadas con el ozono. Conocer mejor qué procesos modifican su cantidad ayuda a perfeccionar los modelos empleados para reconstruir el funcionamiento de la atmósfera y elaborar proyecciones futuras.

Eso no implica que cada temporada de incendios altere automáticamente el clima global. Los investigadores centran sus conclusiones en episodios extremos y reconocen que todavía existen incertidumbres acerca de la magnitud exacta del efecto y de su evolución. El trabajo incorpora una pieza al rompecabezas, no la imagen completa.

"Las erupciones volcánicas ocupaban casi toda la explicación de ciertos cambios en la humedad estratosférica, e incluir los incendios extremos la vuelve más completa".

Hasta ahora, las erupciones volcánicas ocupaban casi todo el protagonismo al explicar ciertos cambios en la humedad estratosférica. Incluir los incendios extremos no sustituye tal interpretación, pero vuelve esa imagen más completa y obliga a observar la relación entre la superficie y la alta atmósfera con otros ojos.

Una nueva manera de mirar hacia el cielo.

Durante mucho tiempo, contemplamos los incendios como un problema ecológico, económico y humano. Todo eso sigue siendo cierto y representa su consecuencia inmediata. Sin embargo, esta investigación amplía el encuadre: en circunstancias muy concretas, un episodio nacido entre árboles y matorrales puede dejar una huella a decenas de kilómetros de altura.

Esa conclusión no debería alimentar el temor, sino la curiosidad. La atmósfera no funciona como un conjunto de compartimentos aislados, sino como un sistema de conexiones sutiles. El calor liberado en el suelo puede levantar una tormenta, esa tormenta puede transportar aerosoles, los aerosoles pueden calentar una frontera invisible y ese cambio puede abrir el camino para que la humedad alcance una zona extraordinariamente seca.

Esa es la idea más sugerente que deja esta investigación. Un gran incendio no termina necesariamente cuando desaparece su última llama. En ocasiones, una parte de su historia continúa escribiéndose por encima de las nubes, en una zona donde durante décadas creíamos que solo ciertos volcanes podían dejar una huella semejante.

Por: César Noragueda. Periodista especializado en cine, ciencia y pensamiento crítico.

Sitio Fuente: MuyInteresante