La cercanía con las mascotas está enfermando a los felinos silvestres de Costa Rica

CIENCIAS DE LA VIDA / ZOOLOGÍA / FELINOS SILVESTRES.-

- Las seis especies de felinos silvestres de Costa Rica están en peligro de extinción y las enfermedades transmitidas por domésticos actúan como una presión adicional.

- Los centros de rescate de Costa Rica carecen de recursos suficientes para diagnosticar a los felinos silvestres, lo que genera un vacío de información y el riesgo de liberar animales enfermos.
- El proyecto "La Amenaza Invisible" detectó casos positivos de leucemia y sida felino en mascotas de Monteverde, zona que alberga las seis especies de felinos del país. 
- Expertos aseguran que si los felinos silvestres desaparecen, las poblaciones de varias especies herbívoras podrían aumentar al punto de afectar la reproducción de árboles y plantas, causando un enorme desequilibrio en los bosques.

Caoba es una yaguarundí que vive en cautiverio porque padece leucemia felina, por lo que liberarla pondría en riesgo a otros felinos silvestres. Foto: cortesía Centro de Rescate las Pumas.

Empujados por la fragmentación de los bosques, los felinos silvestres salen de sus hábitats y cruzan los límites de las zonas urbanas para cazar. Ese fue el caso de un margay hembra que se adentró en una finca para comer las gallinas.

La pequeña gata salvaje ya tenía fama en la comunidad de Turrialba, en la provincia de Cartago, por haber cazado gatos de la comunidad. Por ello, cuando la vieron acechando a las aves, los vecinos decidieron dejar que los perros la persiguieran hasta que una persona la impactó con una varilla en la cabeza.

La margay fue llevada al centro de rescate Toucan Rescue Ranch, donde hicieron su mayor esfuerzo para salvarla. Sin embargo, Andres Bräutigam, veterinario del centro, señaló que el golpe en la cabeza fue tan fuerte que falleció días después.

La historia no terminó ahí. Mientras los expertos la examinaban para salvarla, observaron algo que no esperaban: presentaba enfermedades transmitidas por felinos domésticos, un fenómeno creciente al que distintos veterinarios consideran que hay que prestarle atención.

Estas enfermedades son un problema silencioso y poco conocido en Costa Rica, pero representan una amenaza latente que se suma a otras presiones para los seis felinos del país: el jaguar (Panthera onca), el ⁠puma (Puma concolor), el manigordo u ocelote (Leopardus pardalis), el caucel o margay (Leopardus wiedii), el tigrillo (Leopardus pardinoides) y el yaguarundí (Herpailurus yagouaroundi). Todos ellos están bajo alguna categoría de amenaza de extinción en el país.

Amenazas que viajan desde los patios a los bosques.

Las mascotas pueden contagiar a la fauna silvestre de diversas formas: intercambio de fluidos, secreciones nasales, heces e incluso por garrapatas. El sida felino y la leucemia felina, que inquietan fuertemente a los veterinarios, suelen transmitirse por enfrentamientos entre individuos en los que se intercambian fluidos.

La margay que llegó a Toucan Rescue Ranch, y de la que se sabía que cazaba gatos de la comunidad, fue uno de los casos positivos de leucemia felina y los expertos creen que probablemente se contagió en algún enfrentamiento. Esta enfermedad causa una sobreproducción de leucocitos que empiezan a atacar al cuerpo y debilitan el sistema inmune a niveles críticos.

«Al fin y al cabo, pasa mucho que los gatos domésticos terminan siendo una fuente de alimento para la vida silvestre. Y si el gato está infectado, al tratar de defenderse va a arañar y morder al atacante, transmitiendo el virus directamente a ese depredador», explica Bräutigam.

La leucemia felina es una de las enfermedades más recurrentes, pero hay otras que están empezando a aparecer, activando todas las alertas. De acuerdo con Isabel Hagnauer, veterinaria de Wildlife Rescue Costa Rica, la Peritonitis Infecciosa Felina (PIF) es uno de esos padecimientos, al igual que el distemper canino o moquillo, que se contrae cuando los animales huelen las heces de individuos contagiados.

Hagnauer comentó que el moquillo está asociado principalmente a los perros, pero en Costa Rica se están detectando en jaguares y ocelotes. Además, advierte que si las presas de estos animales se contagian en zonas urbanas, pueden llevar la enfermedad al bosque y afectar a los felinos silvestres.

«El distemper puede vivir años en el ambiente. El animal va respirando y en esas gotículas va el virus, igual que el Covid», menciona Natalia Montero, veterinaria experta en vida silvestre y parte de “La Amenaza Invisible”, un programa costarricense creado para entender la relación de las enfermedades entre mascotas y felinos silvestres.

Cuando los veterinarios reciben un felino, las primeras pruebas suelen ser de sida y leucemia felina, ya que son altamente contagiosas y no tienen cura. Sin embargo, son procedimientos costosos y, en caso de detectar un caso positivo, el animal no puede ser liberado en su hábitat natural debido al riesgo que representa para el resto de fauna silvestre.

Hay una diferencia fundamental entre lo que le pasa a una mascota enferma y lo que le ocurre a un felino silvestre contagiado. Cuando un gato doméstico se enferma, su dueño lo lleva al veterinario, pero cuando un felino silvestre se enferma, se adentra en el bosque, se esconde y muere solo, sin que nadie lo sepa y sin que los expertos puedan registrarlo.-

Ese silencio no solo es una tragedia para el animal, sino también para toda la población silvestre. Sin los datos de estas muertes, el conocimiento de la situación es limitado, por lo que desarrollar acciones para proteger a los felinos es aún más difícil.

Un caucel o margal llegó a Toucan Rescue Ranch tras ser perseguido por perros y golpeado por un vecino. Además del traumatismo, presentaba enfermedades que pudieron ser transmitidas por felinos domésticos. Foto: cortesía Andrés Bräutigam.

Una batalla a ciegas.

Sumado a la dificultad de atender a los felinos, los recursos disponibles tampoco son suficientes para atender a todos los individuos. Los trabajadores de Toucan Rescue Ranch tenían sospechas de que una ocelote recién ingresada se había contagiado de PIF, pero la falta de dinero no permitió llegar a un diagnóstico concluyente y no pudieron determinar si poseía la enfermedad o no.

La ocelote estaba en una pésima condición de salud y a pesar de las intervenciones, no mejoraba. No tuvieron otra opción que practicarle una eutanasia. Una vez fallecida, le realizaron una necropsia donde observaron signos de PIF pero, nuevamente, al no contar con los recursos necesarios, no pudieron completar el diagnóstico.

Por otro lado, según Hagnauer, en Costa Rica las pruebas que se utilizan están diseñadas para gatos domésticos, por lo que los resultados pueden dar falsos positivos o falsos negativos, sin llegar a información concluyente sobre los individuos.

«En los centros de rescate lo que hacemos es usar las pruebas que se usan para gatos domésticos y puede ser que nos den falsos negativos. Tal vez sí hay enfermedad y no la estamos encontrando porque la prueba no es específica para un felino silvestre. Nosotros estamos asumiendo que funciona, pero no estamos seguros«, explica la veterinaria.

Como muestra de estas dificultades, Bräutigam comenta que en Toucan Rescue Ranch, recibieron durante 2024 tres felinos con sospechas de enfermedades potencialmente transmitidas por gatos domésticos, sin que ninguna prueba pudiera confirmarlo.

La investigación en el tema tampoco es sencilla. Tanto Hagnauer como Montero aseguraron que acceder a los gatos silvestres para estudiarlos es una tarea complicada y mientras tanto las enfermedades pueden seguir diseminándose en hábitats naturales.

«Muestrear vida libre [silvestre] es muy difícil. Ir a agarrar tigrillos, pumas o yaguarundíes para hacer un censo de enfermedades implica mucha logística y muchos recursos. Casi no se ha hecho, pero eso no significa que las enfermedades no estén ahí», explica Montero.

El problema es que el conocimiento sobre el tema en Costa Rica todavía es muy limitado y podría llevar a la falsa conclusión de que el problema no es tan grave. Sin embargo, los investigadores señalaron para este reportaje que es necesario esforzarse aún más para comprender mejor la dimensión real de la amenaza.-

«No me parece válido decir que porque algo no se diagnostica no existe. Uno no puede decir que estamos libres de tal enfermedad si no está haciendo todo el estudio epidemiológico que corresponde», indica Brautigam.

Shirley Ramírez, encargada del manejo de vida silvestre del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE), señaló que el distemper solo afecta a los animales no vacunados, por lo que tener el esquema completo de vacunación reduce significativamente el riesgo de contagio. Foto: cortesía Isabel Hagnauer.

Domesticados pero sin fronteras.

Los biólogos y veterinarios consultados coinciden en que una de las raíces de la transmisión de enfermedades de animales domésticos a felinos silvestres es la tenencia irresponsable de mascotas, un tema complejo de abordar.

Según Hagnauer, que los dueños dejen a sus gatos o perros sueltos afecta directamente al ecosistema, ya que los felinos silvestres salen de sus hábitats e interactúan con estas mascotas al intentar cazarlas. Justo ahí es donde, por ejemplo, se dan los contagios de sida felino y leucemia felina.

«Los felinos son animales que se desplazan por muchísimo territorio. Esa barrera inexistente hace que los animales silvestres puedan salir de sus hábitats, pero que también los animales domésticos entren en las áreas donde se encuentran los silvestres», comenta Hagnauer.

También han observado que cada vez más personas llevan sus perros a pasear sin correa a áreas silvestres protegidas. Los animales enfermos dejan sus desechos y si no se recogen, es muy probable que otro individuo llegue y se contagie. Por eso, los expertos también piden a los dueños que eviten visitar estas zonas con sus mascotas.

«Si tengo un perro o un gato, debo velar porque el animal no se vaya, que no ande libre. Si lo voy a sacar, que vaya con correa. Hay que respetar las áreas silvestres», expresa Montero.

Shirley Ramírez, del MINAE, resalta la obligación de que la gente tenga a sus mascotas con el esquema de vacunación completo para evitar que contagien a otros animales.

Sin embargo, como este escenario ideal no siempre se materializa, el biólogo José Daniel Ramírez creó el programa “La Amenaza Invisible”. Esta iniciativa busca entender la relación entre las enfermedades de las mascotas y los felinos silvestres. Por el momento solo han trabajado en el norte de Costa Rica, en Monteverde, una región que alberga las seis especies de felinos del país.

La manera en la que han orientado los estudios no es en la captura de felinos, sino de mascotas, para determinar qué enfermedades andan por la zona. Por ello, su esfuerzo se ha centrado en muestreos en los hogares y comunidades cercanas al bosque, así como en talleres de tenencia responsable.-

«Hemos visto en Monteverde que muchísima gente deja que los perros salgan de forma libre y nadie sabe qué están haciendo cuando nadie los ve. Tenemos evidencia de cámaras trampa de perros que se meten a los bosques y están andando, por ejemplo, por el mismo sendero que un yaguarundí que pasa un par de días después«, indica Ramírez.

Atender a un felino silvestre es distinto a atender a una mascota. El estrés del manejo clínico puede asustarlos mucho y complicar el manejo del ejemplar. Foto: cortesía Isabel Hagnauer.

Actuar antes de que los felinos colapsen.

A pesar de la falta de información, los expertos coinciden en que si bien hoy la propagación de enfermedades de animales domésticos en hábitats naturales no es tan fácil de observar, es necesario actuar preventivamente y no cuando disminuyan considerablemente las poblaciones de felinos.

«Yo creo que es una amenaza muy grande que está ahí, pero que recién ahora se está empezando a trabajar más. El problema es que es algo silencioso», dice Montero.

Para los expertos, lo grave es que, si no se atiende el problema, se corre el riesgo de que cualquier enfermedad pueda colapsar las poblaciones de las seis especies de felinos que habitan el país y de las cuales tampoco hay suficiente información.

La fragmentación del bosque y la urbanización ya los han puesto en riesgo de extinción en Costa Rica, por lo que agregarles una presión adicional agravaría más ese riesgo.

«Si desde hace muchos años ya estamos hablando de que estas son especies en vía de extinción, al darse la posibilidad de que se infecten con estas enfermedades podría ser que las poblaciones disminuyan mucho más rápido de lo que hemos visto hasta ahora. Esa es la preocupación mayor», comenta Hagnauer.-

Y no se trata solo del puma, el jaguar, el ocelote, el yaguarundí, el margay y la oncilla. Los biólogos resaltan la importancia de cuidar y proteger a estos carnívoros porque son indicadores de ecosistemas saludables. Al ser depredadores tope, los felinos controlan las poblaciones de otros animales y generan equilibrio en los ecosistemas.

Natalia Montero, veterinaria de vida silvestre, es parte del programa “La Amenaza Invisible”, en el cual realiza talleres en comunidades cercanas a áreas silvestres para concientizar sobre la tenencia responsable de mascotas. Foto: cortesía Natalia Montero.

El felino se come a los ratones y ese ratón se come las semillas del bosque y las entierra para buscarlas cuando ya están germinadas. Si quitamos a los felinos, la población de ratones va a crecer tanto que se van a comer absolutamente todas las semillas y no van a dejar ninguna para que germine. Empiezan a faltar árboles y se genera un desequilibrio en el bosque”, explica Ramírez.

Por su parte, Shirley Ramírez señaló que los felinos son fundamentales para garantizar la calidad de los ecosistemas. “Si estoy afectando a los felinos con una presión adicional, estoy mal en todo lo demás. Donde hay felinos, el ecosistema tiene posibilidades de recuperarse. Cuando los pierdo, tengo problemas«.

En últimas, el problema está ahí, aunque no se vea. Mientras los felinos silvestres de Costa Rica siguen desapareciendo en silencio, gran parte de la solución puede estar en algo tan sencillo como cerrar la puerta de casa y vacunar a las mascotas.

Por: Mario Fernández Calderón.

Sitio Fuente: Mongabay