La alimentación y la agricultura, promotoras del medio ambiente
FAO.
Cuatro ejemplos de soluciones que replantean y recomponen nuestros sistemas agroalimentarios de forma sostenible.
Una nueva solución de bioeconomía está convirtiendo los desperdicios del banano en productos textiles. © FAO/Eduardo Soteras
En los campos, los pastos, los bosques, los ríos y los mares, los países están demostrando que las decisiones que ponen alimentos sobre la mesa también pueden aumentar la resiliencia, reducir las emisiones, detener la pérdida de biodiversidad y devolver la vida a las tierras degradadas. Los objetivos de los tres convenios de Río —sobre el cambio climático, la diversidad biológica y la neutralización de la degradación de las tierras— dependen directamente de lo que ocurra en los sistemas agroalimentarios. No menos importante es la dependencia de los incentivos, las políticas y las inversiones adecuadas, que configuran las decisiones que toman cada día los agricultores y las comunidades rurales.
Por ello, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) han colaborado para ayudar a los países y a las comunidades rurales a determinar, aplicar y ampliar las soluciones agroalimentarias que aportan beneficios en todos los ámbitos. Detrás de cada inversión se encuentran la ciencia y los datos que orientan las decisiones y las políticas, la capacidad de aplicación que pone en marcha los planes y unos sólidos sistemas de salvaguarda y seguimiento que ofrecen resultados. En los 140 países de la cartera de proyectos de la FAO y el FMAM, agricultores, pastores, pescadores, comunidades forestales y otros colectivos están demostrando cómo funcionan estas soluciones y cómo se alcanza el éxito sobre el terreno.
He aquí cuatro ejemplos de soluciones de esta asociación:
1. Los conocimientos ancestrales restauran la biodiversidad en la Amazonía peruana.
El Amazonas es más que un bosque. Para los asháninka, shipibo-conibo y docenas de otros Pueblos Indígenas de la Amazonia peruana es un hogar, un botiquín y un sistema alimentario, todo a la vez. Sin embargo, en las dos últimas décadas, el Perú ha perdido más de dos millones de hectáreas de bosque tropical, poniendo en peligro la biodiversidad y las reservas de carbono de importancia mundial, al tiempo que se socavan la seguridad alimentaria y los medios de vida de las comunidades que más dependen de él.
El proyecto Amazónicos, puesto en marcha con las comunidades de Pueblos Indígenas, el Ministerio del Ambiente del Perú, los asociados de las Naciones Unidas y la organización local sin ánimo de lucro PROFONANPE en Loreto, Ucayali y Junín, está restaurando los ecosistemas degradados, reforzando la gobernanza de las zonas protegidas y promoviendo economías locales sostenibles basadas en la biodiversidad.
Apoyándose en los conocimientos ancestrales y en las inversiones, las comunidades de los Pueblos Indígenas –y en particular las mujeres Indígenas– gestionan los territorios, dirigen los esfuerzos de prevención de incendios y desarrollan cadenas de valor sostenibles en torno a los productos forestales autóctonos. Esto crea una conexión orgánica entre la conservación de los bosques y la seguridad alimentaria, la generación de ingresos y la identidad cultural.
Hasta la fecha, tres parques nacionales que cubren más de 3,4 millones de hectáreas operan bajo marcos de ordenación reforzados, ayudando a salvaguardar algunos de los ecosistemas más intactos de la Amazonia al tiempo que apoyan sistemas agroalimentarios más resilientes y arraigados en el propio bosque.


Izquierda/arriba: Los agricultores están provistos de los conocimientos y las técnicas necesarios para hacer revivir las tierras en las zonas afectadas por la sequía. © FAO/Giulio Napolitano. Derecha/Abajo: Un proyecto está restaurando los ecosistemas y mejorando la gestión de los recursos hídricos compartidos en el mar de Aral y sus alrededores. © Flickr/Anton Ruiter
2. La adopción de la agricultura de conservación revitaliza las tierras en el Iraq.
En los distritos asolados por la sequía de Thi-Qar y Al-Muthanna, en el sur del Iraq, los agricultores se enfrentan a la desertificación, la salinización y la disminución de los rendimientos. La FAO —a través de la financiación del FMAM—, colabora con el Ministerio de Salud y Medio Ambiente para dotar a los agricultores de los conocimientos y las técnicas adecuadas para revitalizar la tierra y lograr que vuelva a ser productiva.
El proyecto apoya a 1 600 agricultores para que adopten la agricultura de conservación y apliquen técnicas como la labranza mínima, la rotación de cultivos, el abono orgánico y la preparación de la tierra con un uso eficiente del agua. Estas prácticas sostenibles ayudan a restaurar la estructura del suelo, recuperar la fertilidad, retener la humedad y revertir el avance de la desertificación.
Los territorios agrícolas se han vuelto más productivos y resilientes frente a la intensificación de las sequías. Los agricultores ya están viendo los resultados: el rendimiento de las cosechas ha aumentado un 25 %, los ciclos de riego se han recortado casi un 30 % y los costos agrícolas se han reducido en una quinta parte solo en el primer año.
3. Gestión sostenible de los recursos hídricos y de la tierra para unos ríos sanos en Asia central.
Un siglo y medio de regadío intensivo y de gestión insostenible de la tierra ha dejado su huella en toda Asia central. Los dos ríos principales de la región —el Amu Darya y el Syr Darya— se han visto reducidos a una mera fracción de su volumen original. El mar de Aral, que en su día fue el cuarto lago de agua dulce del mundo, se ha quedado ahora en cerca de un 10 % de su tamaño original.
La aceleración de la desertificación, el descenso de la productividad agrícola y la pérdida de humedales y especies autóctonas están mermando las oportunidades de los millones de habitantes de zonas rurales cuya seguridad alimentaria y medios de vida dependen de estos sistemas de tierras y agua sanos.
Para ayudar a revertir estos efectos, la FAO está apoyando a Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán a reforzar la cooperación transfronteriza, apoyar prácticas agrícolas sostenibles, restaurar los ecosistemas terrestres y acuáticos degradados e incorporar el seguimiento satelital para orientar la toma de decisiones, con el fin de mejorar la gestión transfronteriza de los recursos hídricos compartidos.
El programa adopta un enfoque integrado que trata el agua, la tierra y la biodiversidad como sistemas interconectados.
4. Convertir los residuos del banano en fibra para campos biodiversos.
El Pakistán es uno de los 10 principales países productores textiles del mundo y un importante productor de algodón. La producción de algodón utiliza grandes cantidades de agua y plaguicidas perjudiciales para el medio ambiente.
El Pakistán es también un destacado productor de bananos, con unas 317 000 toneladas anuales. Gran parte de la planta del banano —incluidos las cañas, las hojas y los tallos— se desperdician después de la recolección. Estos residuos suelen desecharse o quemarse, liberando gases nocivos.
El Gobierno del Pakistán, con la ayuda financiera del FMAM y el apoyo técnico de la FAO, está implementando una nueva solución de bioeconomía: convertir los residuos del banano en textiles. La iniciativa transforma los residuos del banano en fibras naturales para tejidos, artesanías y envases, proporcionando una alternativa a la producción de algodón con uso intensivo de productos químicos y creando al mismo tiempo nuevas fuentes de ingresos para las familias de agricultores.
Gracias a la colaboración con asociados nacionales y locales, el proyecto eliminará las sustancias químicas peligrosas de las cadenas de suministro de la industria textil. Estas prácticas se están introduciendo en 20 000 hectáreas de tierras y emplean a más de 73 000 personas en la elaboración de productos innovadores de base biológica a partir de los desperdicios del banano.
Desde 2006, la FAO y el FMAM han ayudado a países y comunidades a través de la innovación, el apoyo a las políticas, el conocimiento compartido y las soluciones sostenibles. En los últimos 20 años, la asociación ha demostrado lo que puede lograrse: ayudar a los agricultores a crear resiliencia climática, restaurar las tierras y los ecosistemas degradados, reducir las emisiones, proteger los medios de vida y apoyar la producción de alimentos asequibles, variados y nutritivos. A medida que el mundo entra en la recta final hacia la Agenda 2030, la asociación puede ir más allá ampliando las soluciones y las inversiones allí donde más importan: ayudando a los agricultores a prosperar a pesar del cambio climático, logrando que los sistemas alimentarios sean más seguros y resilientes y cumpliendo la promesa de un planeta sano para personas sanas.
Sitio Fuente: FAO