El tiempo dejaría de existir más allá del mundo cuántico
¿MATRIX FÍSICA?.
Un modelo matemático resuelve el viejo conflicto entre la gravedad y la mecánica cuántica difuminando la causalidad.
Visualización abstracta de un estrato más profundo de la realidad, el universo QBox, donde el tiempo y la causalidad dejan de tener un orden definido. / IA/T21.
Un modelo post‑cuántico sugiere que, por debajo de la física cuántica, existe un sustrato más profundo de la realidad donde el tiempo se difumina y la gravedad por fin encaja con el mundo subatómico.
Durante el último siglo, la física cuántica ha sido la herramienta más precisa y exitosa para entender de qué está hecho nuestro mundo en su escala más pequeña. Sin embargo, tiene un problema: choca estrepitosamente con la gravedad. Cuando los científicos intentan aplicar las leyes cuánticas a objetos masivos controlados por fuerzas gravitatorias (como los agujeros negros), los cálculos simplemente dejan de funcionar.
Esta incompatibilidad histórica ha llevado a los físicos a buscar sin éxito la ansiada teoría de la "gravedad cuántica". Pero hay una novedad: los investigadores James Hefford, del Instituto Nacional de Investigación en Ciencia y Tecnología Digital (Inria), y Matt Wilson, de la Universidad Paris‑Saclay, han trazado un novedoso mapa matemático, publicado en Physical Review A, que postula que la teoría cuántica no es el fondo del asunto. Por el contrario, sostienen que existe una capa aún más profunda y extraña en la realidad: el universo post‑cuántico, al que han bautizado como QBox.
La ilusión de nuestro mundo tangible.
Para entender cómo funciona QBox, primero debemos mirar cómo interactúa nuestro mundo cotidiano con el mundo cuántico. Nosotros no vemos a nuestro alrededor "gatos de Schrödinger" vivos y muertos al mismo tiempo, ni vemos objetos atravesando paredes. Esto se debe a un proceso físico llamado decoherencia. En términos sencillos, cuando las partículas cuánticas interactúan con el entorno macroscópico, pierden su "rareza" cuántica y colapsan en la realidad predecible y sólida que nosotros experimentamos. La física clásica emerge de la física cuántica gracias a la decoherencia.
Lo que proponen Hefford y Wilson es aplicar esta misma lógica un escalón más abajo. Según su modelo, la propia física cuántica (que a nosotros nos parece fundamental) sería en realidad el producto de otro proceso de filtrado llamado hiperdecoherencia. Es decir, el mundo cuántico emergería del mundo QBox porque perdemos el acceso a ciertas dimensiones de ese sustrato más profundo.
Aunque teoremas matemáticos previos de 2018 afirmaban que esta hiperdecoherencia era imposible, los investigadores franceses encontraron fallos en las presunciones de aquellos cálculos, logrando trazar una ruta viable para que la física cuántica derive de esta matriz inferior.
¿Es QBox una especie de Matrix física?
La comparación con Matrix puede ayudar a situar intuitivamente la idea, aunque tiene límites claros. En la película, los humanos viven en una realidad simulada por máquinas, y el “mundo real” está fuera de esa simulación. En QBox, no hay ordenadores ni programadores: lo que se plantea es que incluso la física cuántica podría no ser el nivel último de la realidad, sino una capa emergente de algo más general y profundo.
El parentesco está en la estructura de niveles: igual que Neo descubre que su mundo es solo una capa por encima de un sistema más básico, el modelo QBox sugiere que el universo cuántico que conocemos sería la “superficie visible” de un sustrato donde el tiempo y la causalidad no tienen una dirección clara. La diferencia esencial es que aquí no se habla de simulación, sino de leyes físicas más amplias de las cuales la mecánica cuántica sería solo un caso particular.
El fin de la causa y el efecto.
Si pudiéramos asomarnos al reino de QBox, la experiencia sería incomprensible para un cerebro humano. Una de sus características fundamentales es lo que los físicos denominan indefinición causal.
En nuestra experiencia vital, el tiempo es una flecha lineal: el evento A causa el evento B. Si sueltas un vaso, se rompe. En el mundo QBox, sin embargo, es matemáticamente imposible determinar si A causó B o si B causó A; el orden de los eventos se vuelve una mezcla ambigua.
Aunque suene a ciencia ficción, esta ruptura de la causalidad es exactamente lo que la física necesita. Como señala el experto Carlo Maria Scandolo, citado por New Scientist, es indispensable abrazar esta indefinición si queremos construir una teoría de gravedad cuántica que encaje con la teoría de la relatividad general de Einstein (la cual ya asume que distintos observadores pueden percibir el orden de los eventos de manera diferente dependiendo de cómo se curven el espacio y el tiempo).
La ilusión de Einstein.
El propio modelo sugiere que, al subir desde QBox hacia el mundo cuántico (a través de la hiperdecoherencia), lo que perdemos son dimensiones temporales. Las interacciones que ocurren "hacia atrás" en el tiempo quedan bloqueadas, dándonos la ilusión de una flecha temporal hacia el futuro.
En ese sentido, el modelo QBox materializa, en un lenguaje matemático contemporáneo, una intuición que Einstein dejó caer en una carta de 1955: que la distinción entre pasado, presente y futuro es «una ilusión obstinadamente persistente». Según este modelo, la flecha temporal que percibimos como ilusión sería el resultado emergente de un mecanismo físico —la hiperdecoherencia— que nos oculta justamente aquellas componentes de la realidad en las que la causalidad y el tiempo dejan de tener un orden claro.
Aunque QBox es, por ahora, un boceto matemático puro y duro, representa un paso fundacional. Si logramos demostrar qué mecanismos físicos operan detrás de esta hiperdecoherencia, podríamos estar ante la antesala de la próxima gran revolución científica: descubrir que las extrañas reglas cuánticas son solo la superficie visible de un océano mucho más profundo.
Por: Eduardo Martínez de la Fe / T21.
Sitio Fuente: Levante / Tendencias21