Descubren un sistema cuántico “móvil” que podría acelerar 10 veces los ordenadores del futuro
CIENCIAS.
Científicos logran mover qubits por un chip de silicio y realizar teleportación cuántica, un avance que acerca los ordenadores cuánticos al uso cotidiano.
Los qubits móviles en un chip nos acercan un paso más a los ordenadores cuánticos cotidianos.
Un equipo de científicos ha confirmado que los qubits cuánticos ya pueden desplazarse físicamente por un chip de silicio mientras intercambian información y ejecutan operaciones cuánticas complejas. El avance, publicado en la revista Nature, representa uno de los pasos más importantes hacia la construcción de ordenadores cuánticos realmente escalables.
Hasta ahora, uno de los grandes problemas de la computación cuántica era casi arquitectónico: los qubits —las unidades fundamentales de información cuántica— permanecían inmóviles, atrapados en posiciones fijas. Eso limitaba enormemente su capacidad para comunicarse entre sí. Era como intentar construir internet usando ordenadores que solo pudieran conectarse con el vecino de al lado.
Ahora, investigadores de la Universidad Tecnológica de Delft, en Países Bajos, han conseguido romper esa barrera mediante un sistema que literalmente “transporta” electrones cuánticos a través de un chip. Y no solo eso: también han demostrado teleportación cuántica funcional dentro del dispositivo. El resultado podría cambiar el diseño entero de los futuros procesadores cuánticos.
El “cinturón transportador” cuántico que mueve electrones dentro del chip.
La clave del experimento reside en una técnica denominada conveyor-mode shuttling, una especie de “cinta transportadora” eléctrica microscópica capaz de desplazar electrones por el interior de un semiconductor.
Los investigadores utilizaron un dispositivo fabricado en silicio —el mismo material presente en los chips convencionales— compuesto por una fila lineal de puntos cuánticos. Estos diminutos compartimentos actúan como trampas capaces de contener electrones individuales.
Cada electrón funcionaba como un qubit. El detalle revolucionario es que estos qubits dejaron de estar anclados a una posición fija. Mediante secuencias coordinadas de voltajes eléctricos, el equipo logró generar regiones móviles de potencial eléctrico que arrastraban los electrones de un extremo a otro del chip.
Cuando ambos electrones se aproximaban, comenzaban a interactuar cuánticamente. “Demostramos operaciones de dos qubits entre dos espines electrónicos transportados uno hacia otro”, explicaron los autores del estudio.
Este proceso permitió ejecutar operaciones lógicas cuánticas mientras los qubits estaban en movimiento. Después, los científicos invirtieron las señales eléctricas para devolver los electrones a sus posiciones iniciales y leer los resultados.
Puede parecer un detalle técnico menor, pero en realidad cambia completamente la filosofía de diseño de los ordenadores cuánticos. Hasta ahora, aumentar el número de qubits significaba aumentar también la complejidad de las conexiones entre ellos. Con qubits móviles, en cambio, los propios datos cuánticos pueden desplazarse hacia donde se necesiten. Y ahí aparece uno de los aspectos más fascinantes del trabajo: el silicio.
El detalle que podría convertir esta tecnología en una revolución industrial.
Muchos prototipos cuánticos actuales utilizan tecnologías extremadamente difíciles de fabricar a gran escala. Sin embargo, este nuevo sistema funciona sobre chips de silicio compatibles con los métodos industriales ya usados en la fabricación de procesadores convencionales. Eso significa que la computación cuántica podría integrarse algún día en líneas de producción similares a las de Intel, TSMC o Samsung.
El potencial es enorme. Los ordenadores cuánticos prometen resolver problemas imposibles para los sistemas clásicos: diseño de nuevos medicamentos, simulación molecular, optimización energética, descubrimiento de materiales o ruptura de ciertos sistemas criptográficos. Pero existe un obstáculo gigantesco: la escalabilidad.
Actualmente, conectar miles o millones de qubits de manera estable es extraordinariamente difícil. Cuantos más qubits se añaden, más frágil se vuelve el sistema. El ruido, las vibraciones térmicas y las interferencias destruyen fácilmente los delicados estados cuánticos. Aquí es donde los qubits móviles podrían marcar la diferencia.
Mover físicamente la información cuántica evita construir enormes redes fijas de conexiones entre qubits. En lugar de diseñar chips cada vez más complejos, los propios qubits pueden viajar hasta encontrarse entre sí. Pero hay un detalle aún más desconcertante. Los investigadores no solo movieron qubits: también consiguieron teleportar información cuántica dentro del chip.
Qubits de giro móviles y arquitectura basada en el transporte. Crédito: Naturaleza (2026). DOI: 10.1038/s41586-026-10423-9
La teleportación cuántica ya funciona dentro de un procesador de silicio.
En una segunda fase del experimento, el equipo demostró uno de los fenómenos más extraños de toda la física moderna: la teleportación cuántica. No se trata de teleportar materia como en la ciencia ficción, sino de transferir el estado cuántico de una partícula a otra distante sin mover físicamente la información clásica que contiene.
Para conseguirlo, los investigadores entrelazaron dos electrones, creando una conexión cuántica permanente entre ellos. Después separaron ambos qubits en distintas zonas del chip. Entonces introdujeron un tercer qubit y utilizaron el par entrelazado para transferir su estado cuántico a otro electrón situado en otro punto del dispositivo. En esencia, la información “apareció” en otra región del chip sin recorrer físicamente el trayecto intermedio.
El fenómeno, descrito en el estudio y analizado también en un artículo complementario publicado en Nature News & Views, representa una demostración práctica de redes cuánticas internas dentro de un mismo procesador.
La importancia de este avance es enorme porque uno de los grandes retos futuros será precisamente construir “autopistas cuánticas” capaces de conectar distintas regiones de un ordenador cuántico gigantesco.
Y aunque aún quedan numerosos obstáculos —como reducir errores y mantener la coherencia cuántica durante más tiempo—, el trabajo apunta hacia una idea cada vez más clara: los qubits del futuro probablemente no permanecerán quietos. Serán viajeros microscópicos moviéndose continuamente por circuitos invisibles, como electrones coreografiados en una danza subatómica.
La computación cuántica sigue lejos de convertirse en un electrodoméstico cotidiano. Pero por primera vez, los científicos han mostrado una posible ruta práctica para construir máquinas cuánticas realmente grandes. Y quizá ahí reside lo más fascinante del descubrimiento: no es solo un nuevo experimento. Es un posible plano para el futuro.
Por: Sergio Parra. Periodista científico.
Sitio Fuente: MuyInteresante