Adiós a la crisis de los 40: la angustia vital ahora empieza a los 20 años

PSICOLOGÍA.-

Un estudio masivo en 44 países revela que la infelicidad alcanza su pico máximo en la juventud.

El uso de las nuevas tecnologías y las redes sociales afecta a la salud mental de los jóvenes. / Europa Press

Un estudio global demuestra que la carga más dura de la vida ha pasado de los 50 años a la juventud, debido principalmente al deterioro de la salud mental causado en las nuevas generaciones por la masificación de los teléfonos inteligentes y las redes sociales.

Durante décadas, una de las regularidades más sorprendentes de las ciencias sociales era la llamada "curva de la felicidad en forma de U". Este patrón, replicado en cientos de estudios por todo el mundo, mostró que la satisfacción con la vida tendía a disminuir desde la juventud hasta tocar fondo en la mediana edad, alrededor de los 50 años, para luego volver a ascender en la vejez. Como un espejo, la infelicidad seguía una curva de U invertida, con su pico en la crisis de la mediana edad. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista PLOS One revela que esta constante ha desaparecido. La curva se ha roto.

Investigadores de Estados Unidos y el Reino Unido han demostrado que, debido a un drástico deterioro en la salud mental de los jóvenes, la infelicidad ya no alcanza su punto máximo en la mediana edad. Por el contrario, ahora es más alta en la juventud y disminuye progresivamente con los años. Este cambio no es una anomalía pasajera, sino una nueva tendencia global que invierte por completo lo que sabíamos sobre el bienestar a lo largo de la vida.

El colapso del bienestar juvenil en cifras.

El estudio se basa en un análisis masivo de datos de encuestas de salud de Estados Unidos (BRFSS), Reino Unido (UKHLS y APS) y un sondeo global (Global Minds Project) que abarca 44 países.

En Estados Unidos, los investigadores midieron la "desesperación", definida como experimentar 30 días de mala salud mental en el último mes. Si entre 2009 y 2018 la desesperación siguió la clásica forma de joroba con un pico en la mediana edad, en el período 2019-2024 el patrón se invirtió. Ahora, la desesperación es más alta entre los jóvenes de 18 a 24 años y desciende de forma monótona con la edad. El cambio ha sido especialmente acusado en las mujeres jóvenes: el porcentaje de ellas que reportaba desesperación casi se duplicó, pasando del 5,6% en 2009 al 9,3% en 2023.

La situación en el Reino Unido es muy similar. Utilizando un índice de salud mental (GHQ-12), los autores descubrieron que la desesperación en hombres menores de 25 años se duplicó entre 2009 y 2021, pero que el aumento fue aún más alarmante en las mujeres jóvenes, cuya tasa se redujo del 4,4% al 12,7% en el mismo período. De nuevo, la antigua "joroba" de infelicidad en la mediana edad ha sido reemplazada por una línea descendente que parte de un nivel de malestar muy elevado en la juventud.

Este fenómeno no se limita a los países anglosajones. Los datos del Global Minds Project, recogidos entre 2020 y 2025 en 44 países de todos los continentes, confirman la tendencia. En todas las regiones analizadas, desde América Latina hasta Asia y África, el malestar psicológico (medido como "angustia", "tristeza" o "pensamientos suicidas") es consistentemente más alto en el grupo de 18 a 24 años y va disminuyendo a medida que avanza la edad.

¿Qué hay detrás de esta inversión histórica?

Los autores del estudio son claros: la razón fundamental de este cambio es el deterioro de la salud mental de los jóvenes, tanto en términos absolutos como en comparación con las generaciones mayores. Mientras que el bienestar de las personas de mediana edad y mayores se ha mantenido relativamente estable, el de los jóvenes se ha desplomado.

El estudio explora varias hipótesis para explicar esta preocupante tendencia. Aunque la pandemia de COVID-19 exacerbó el problema, las curvas comenzaron a cambiar mucho antes, alrededor de 2012, descartando que la pandemia sea la causa original. Los investigadores también consideran los posibles "efectos cicatrizantes" de la Gran Recesión de 2008 en las perspectivas laborales de los jóvenes que entraban al mercado, así como la creciente presión sobre unos servicios de salud mental crónicamente infrafinanciados.

La tecnología, principal origen.

Sin embargo, la hipótesis que cobra más fuerza, respaldada por una creciente literatura científica consultada por los autores de este trabajo, apunta a la tecnología. El auge del malestar juvenil coincide de manera casi perfecta con la masificación de los teléfonos inteligentes y las redes sociales. El estudio cita varias investigaciones recientes basadas en "experimentos naturales" —por ejemplo, comparando el bienestar de jóvenes en áreas con y sin acceso a internet de alta velocidad— que sugieren una relación causal entre el uso de estas tecnologías y el empeoramiento de la salud mental, especialmente en niñas y mujeres jóvenes.

Este cambio en el patrón de la felicidad tiene consecuencias graves y tangibles, como un aumento de las hospitalizaciones de jóvenes por motivos de salud mental, un mayor consumo de antidepresivos, un preocupante incremento en las tasas de suicidio juvenil y un mayor absentismo escolar y laboral.

La conclusión del informe es inquietante. La idea de que la mediana edad es la etapa más dura de la vida ha quedado obsoleta. Hoy, la carga más pesada recae sobre los más jóvenes. El estudio finaliza dejando en el aire la pregunta más importante: ante un fenómeno global que no muestra signos de remitir, ¿qué vamos a hacer al respecto?

Por: Redacción.

Sitio Fuente: Levante / Tendencias21