¿Es posible que una persona, sin sufrir traumatismos orgánicos ni lesiones físicas letales, se rinda voluntariamente y muera en cuestión de días? La respuesta médica es un rotundo sí.
En una investigación pionera, unos científicos han demostrado que hace unos 20 000 años, durante la última era glacial, la combinación en la atmósfera de polvo en suspensión y sal marina aceleró la desaparición en ella del metano, el segundo gas de efecto invernadero más potente después del dióxido de carbono (CO₂).
Una investigación liderada por el Instituto de Astrofísica de Canarias ha identificado el radical CH₃ en una estrella evolucionada en la Gran Nube de Magallanes.