La tecnología puede recuperar el habla de personas, propiciar ordenadores y teléfonos sin teclados e incluso controlar el móvil con el pensamiento.
imagen: Geralt
Midiendo la actividad cerebral, una máquina ha sido capaz de reconocer los números con una exactitud del 90% y 18 monosílabos con un 61% de precisión. La tecnología puede recuperar el habla de personas, propiciar ordenadores y teléfonos sin teclados e incluso controlar el móvil con el pensamiento.
Las nuevas herramientas de Google y Facebook contra los bulos y las mentiras que se propagan por sus plataformas siguen dependiendo de la capacidad del usuario para determinar si se fía o no de lo que lee.
Aunque la lucha contra las noticias falsas continúa, unas nuevas prestaciones de Google y Facebook diseñadas para ayudar a combatir la manipulación informativa pueden alejarlas del peliagudo problema de distinguir los contenidos falsos de los reales.
El aprendizaje automático ya es capaz de detectar el trastorno a partir de resonancias magnéticas con una precisión del 75% y también ha descubierto que podrían existir cuatro tipos distintos y los mejores tratamientos en cada caso.
La depresión es un trastorno que parece sencillo, pero sus orígenes son complejos y seguimos sin entenderlos del todo. Pero el aprendizaje automático puede ayudar a los científicos a descubrir algunos de sus misterios para proporcionar mejores tratamientos.
Muchos investigadores que durante años criticaron la geoingeniería empiezan a defenderla como única herramienta capaz de evitar las terribles proyecciones climáticas, a pesar de que la idea es un mar de riesgos y preguntas sin respuesta.
David Mitchell entra en el aparcamiento del Instituto de Investigaciones Desérticas, unas instalaciones de ciencias medioambientales de la Universidad de Nevada (EEUU) que se asientan sobre las áridas y rojas colinas a las afueras de Reno. El campus se asoma por encima de los casinos del centro de la ciudad. Esa mañana, unos finos cirros trazan largas líneas sobre la cordillera.
El detector LHCb y otros experimentos del gran colisionador de hadrones del CERN han registrado datos de una rara desintegración de mesones B (un tipo de partículas), que no se ajustan a las predicciones del modelo estándar. La discrepancia entre las medidas y la predicción teórica apuntan hacia una nueva física, en la que se presentan dos posibles candidatos para explicar las 'anomalías': una nueva partícula llamada Z’ y otra hipotética denominada leptoquark.
El experimento LHCb congrega a un equipo internacional de científicos. / CERN.