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El científico que enseñó al mundo cómo se limpian nuestras células: Yoshinori Ohsumi

HISTORIA DE LA CIENCIA.-

Durante décadas, la biología celular mantuvo un velo de misterio sobre uno de los procesos más cotidianos e indispensables para la vida: el reciclaje celular.

Sabíamos que las células se alimentaban y construían estructuras, pero ¿qué sucedía con las partes dañadas, los desechos tóxicos o las proteínas viejas?.

Foto: Bengt Nyman/Wikimedia Commons.

La respuesta llegó de la mano de Yoshinori Ohsumi, un biólogo molecular japonés que dedicó su vida a observar lo que otros consideraban poco atractivo o secundario. Su persistencia y rigor le valieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2016 por descifrar los mecanismos de la autofagia, un proceso vital que hoy resulta clave para comprender desde el envejecimiento celular hasta el cáncer o el parkinson.

Los primeros pasos de una mente curiosa.

Yoshinori Ohsumi nació en Fukuoka (Japón) en 1945, al término de la Segunda Guerra Mundial. Creció en una época de reconstrucción científica y académica, lo que moldeó un profundo interés por la química y la biología desde sus años escolares.

Tras ingresar en la renombrada Universidad de Tokio en 1963, realizó su doctorado en ciencias investigando la iniciación ribosomal en bacterias. A mediados de la década de 1970, el joven científico viajó a Nueva York para incorporarse como investigador postdoctoral en la Universidad Rockefeller. Allí, bajo la supervisión del premio Nobel Gerald Edelman, Ohsumi profundizó en la fertilización e investigación de embriones. Sin embargo, la competitividad de esos campos le motivó a buscar una vía investigadora diferente: deseaba trabajar en temas poco saturados donde pudiera plantear preguntas fundamentales sin la presión del mercado biomédico masivo.

Al regresar a la Universidad de Tokio a finales de los setenta, decidió enfocar sus esfuerzos en las vacuolas celulares de la levadura, un orgánulo que la mayoría de los científicos de la época consideraba simplemente el "vertedero" inerte de la célula.

La paradoja de la levadura: un descubrimiento revolucionario.

El gran punto de inflexión en la carrera de Ohsumi ocurrió en 1988, cuando estableció su propio grupo de investigación. Para estudiar la autofagia ("comerse a sí mismo", del griego auto y phagein), eligió como modelo biológico la levadura del pan (Saccharomyces cerevisiae).

Las células de levadura son sumamente pequeñas, y sus vacuolas —equivalentes a los lisosomas en células humanas— resultaban difíciles de observar bajo el microscopio óptico. Ohsumi ideó una estrategia ingeniosa: cultivó mutantes de levadura que carecían de enzimas de degradación vacuolar. Posteriormente, sometió a estas células a un estado de inanición (falta de nutrientes).

El resultado fue asombroso: al no poder degradar el material que ingresaba en la vacuola, esta comenzó a acumular pequeñas vesículas intactas llenas de componentes celulares. En pocas horas, la vacuola se llenó por completo. Ohsumi no solo confirmó con sus propios ojos que la autofagia ocurría en la levadura, sino que demostró que el proceso se activaba masivamente ante la escasez de alimento para permitir la supervivencia de la célula.

De los genes de la autofagia a la medicina moderna.

Identificar el fenómeno era solo el primer paso. Ohsumi fue más allá y decidió descifrar las instrucciones genéticas que coordinaban esta gigantesca maquinaria de reciclaje.

Mediante el análisis de miles de mutantes de levadura, logró identificar 15 genes clave esenciales para la autofagia, los cuales denominó genes ATG (Autophagy-related genes). Posteriormente, caracterizó las proteínas codificadas por estos genes y demostró que los mismos mecanismos reguladores estaban perfectamente conservados en el ser humano.

Este hallazgo transformó por completo nuestra visión de la fisiología humana:

- Control de calidad interno: La autofagia destruye estructuras celulares dañadas u obsoletas para evitar la acumulación de agregados tóxicos.
- Respuesta a la inanición: Convierte las partes no esenciales de la célula en energía y aminoácidos cuando los nutrientes externos escasean.
- Defensa inmunitaria: Captura y destruye virus y bacterias patógenas que invaden la célula.
- Prevención de enfermedades: Las alteraciones en los genes ATG se asocian hoy con enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson y el Alzheimer, diabetes tipo 2 y diversos tipos de cáncer.

La consagración: el Premio Nobel de 2016.

El 3 de octubre de 2016, el Instituto Karolinska de Estocolmo otorgó a Yoshinori Ohsumi de forma individual el Premio Nobel de Fisiología o Medicina. Los jueces del comité destacaron la brillantez de sus experimentos y cómo sus descubrimientos abrieron una frontera inédita en la biología médica.

Pese a recibir la máxima distinción científica y convertirse en profesor emérito del Instituto Tecnológico de Tokio, Ohsumi ha mantenido una actitud humilde. En múltiples intervenciones, el investigador japonés insiste con frecuencia en la importancia de defender la investigación básica sin fines lucrativos inmediatos:

"La ciencia básica debe ser apoyada aunque no sepamos a dónde nos llevará. A menudo, las mejores respuestas surgen de las preguntas más simples".

Sitio Fuente: NCYT de Amazings