El espejismo algorítmico: cómo gobernar en 'feed' continuo sin perder el control de la realidad
Vivimos en la era del glitch permanente. Hubo un tiempo en que la política aspiraba a ser como la serie The West Wing: pasillos solemnes, discursos de estadista redactados con plumas fuentes y conferencias de prensa donde los periodistas fungían como el último filtro de la verdad pública. Hoy, el arranque de la administración de Abelardo de la Espriella se parece bastante más a un capítulo distópico de Black Mirror: voces generadas por inteligencia artificial, gabinetes presentados con estética de render hiperrealista, ruedas de prensa blindadas sin espacio para preguntas —Ni Donald Trump se atrevió a tanto— y una microsegmentación algorítmica tan milimétrica que haría sonrojar a los mejores estrategas de Silicon Valley.
La pregunta estratégica que define esta era no es si la tecnología ayuda a ganar elecciones —eso ya quedó demostrado con creces en la campaña—, sino qué ocurre cuando intentas gobernar un país real, con fisuras presupuestales y demandas ciudadanas tangibles, a través de una interfaz puramente digital.
La fantasía del 'gatekeeping' inverso y el cerco a la prensa
Uno de los fenómenos más reveladores en este primer mes de gestión es la reconfiguración del ecosistema de medios. Si en las series juveniles de intriga como Gossip Girl o Succession el poder radica en controlar quién tiene acceso al micrófono principal, aquí estamos presenciando un intento explícito de centralización: limitar la pauta oficial a "medios afines", restringir accesos en la Casa de Nariño y eliminar la incomodidad del cuestionamiento directo en sala.
La reciente salida del aire del espacio de Camila Zuluaga tras nueve años de emisión encendió las alarmas del gremio. Más allá de las explicaciones corporativas sobre audiencias o reestructuraciones, el timing político envía una señal contundente: la independencia editorial empieza a verse como una fricción intolerable para un modelo comunicacional que solo tolera el monólogo curado.
Pero aislar a la prensa tradicional tiene un límite operativo severo. Intentar saltarse los filtros institucionales mediante emisiones dominicales en redes y transmisiones directas funciona de maravilla para fidelizar a la base de fanáticos —lo que en la cultura pop llamaríamos el fandom duro—, pero deja desprotegido al gobierno frente a las grandes mayorías que habitan fuera de la burbuja del algoritmo: la Colombia desconectada, los territorios periféricos y las audiencias críticas que no compran relatos prefabricados.
Entre Washington, el gabinete fracturado y la desconexión real
En el tablero operativo, el gobierno muestra una tensión interna:
- El frente técnico: Figuras como José Manuel Restrepo y Miguel Gómez intentando articular solvencia macroeconómica y calmar a los mercados internacionales tras desplomes en la colocación de deuda.
- El frente ideológico: Perfiles abocados a la llamada "guerra cultural" que imponen filtros morales y doctrinarios, provocando crisis tempranas de talento técnico (como la exclusión de perfiles calificados en planeación por razones de diversidad).
- El frente activista: Sectores leales dedicados a sostener la polarización digital permanente.
A esto se suma un alineamiento geopolítico acelerado con el eje conservador de Washington y la presencia militar externa, utilizado como golpe de efecto tras la emergencia del terremoto. El riesgo comunicacional es evidente: cuando recurres a la espectacularidad de la fuerza y al despliegue de alta tecnología para proyectar control, cualquier fallo en la ejecución básica —como la gestión de la salud, el hueco fiscal o la descentralización de recursos hacia los municipios— rompe de golpe la ilusión cinematográfica.
Gobernar no es sostener un trend de TikTok ni editar la realidad con filtros de IA. Tarde o temprano, los números del presupuesto tienen que cuadrar en el Congreso y las demandas ciudadanas tocan la puerta física del palacio, sin importar cuántos avatares digitales intenten blindar la narrativa. Veremos.
María Brava
Consultora en comunicación estratégica y análisis de tendencias
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