Barbie: la emancipación condicionada

Por Nelson Tiffany, Los Angeles TimesEl juego tiene un papel fundamental para que las infancias logren desarrollar habilidades de socialización, y los objetos con los que nos relacionamos desde edades tempranas influyen también en nuestra manera de percibir el mundo que nos rodea. A través de la publicidad, fenómenos como Barbie ofrecen la libertad de “ser lo que quieras ser”, pero al mismo tiempo imponen cánones estéticos como requisito para lograr esa realización personal, por lo que ese lema de libertad, que nos acompaña desde la infancia, se convierte en el simulacro de una “gramática corporal” inalcanzable.

El nacimiento de Barbie se remonta a Alemania de la posguerra. En la revista Build Zeitung, Reinhart Beuthien dibujaba a Build Lilli; una prostituta de alto nivel, empoderada, sexualizada y con un cuerpo idealizado dentro de los parámetros de los cánones occidentales, que rompía esquemas sociales a través del ingenio. Build Lilli tenía un público adulto, principalmente varones que habitaban en los puertos de Alemania (García, J.2020), sin embargo, en un viaje que hizo a Suiza, Ruth Handler (propietaria de Mattel) encontró la tira cómica dentro del diario y se comunicó con Jack Ryan, su jefe de investigación y diseño, pues “Handler estaba convencida de que la muñeca podría ayudar a las niñas estadounidenses a crecer o, en otras palabras, a que cualquiera de ellas pudiera ser Barbie en el futuro.” (Mota Z., 2022).

Si bien ese arranque pudo haber generado incomodidad dentro de la moral estadounidense, para el 9 de marzo de 1959, Mattel lanzó la Barbie vestida de novia y el discurso prevaleciente sobre el surgimiento de la muñeca más vendida de la historia se limita a la madre de familia que se inspiró en su hija Bárbara, su afición a jugar con muñecas de papel y su necesidad de acompañar a las niñas en su desarrollo bajo el lema “Tú puedes ser lo que quieras ser”.

Sin embargo, aunque el discurso da pie a que, desde la infancia, las mujeres percibamos la posibilidad de empoderarnos y ejercer el rol profesional que decidamos, Barbie, como símbolo, puede ser astronauta, veterinaria, doctora, Juan Gabriel o David Bowie, perosiempre mantiene el referente físico de belleza que, en la mayoría de los casos, resulta inaccesible. De este modo, Barbie se convierte en el símbolo hipersexualizado de lo que es bello y deseable; hiperreal, “no dando lugar más que a la recurrencia orbital de modelos y a la generación simulada de diferencias” (Baudrillard, 1978. p. 8).

Partiendo de Baudrillard, podríamos decir que este fenómeno funciona como la precesión de simulacros, en donde el modelo estético de la muñeca (mapa) precede y engendra al territorio (el cuerpo real femenino), pues Barbie no busca imitar a la mujer, sino que suplanta lo real por el signo al que las niñas y mujeres aspiramos. Así, Barbie, igual que Disneylandia, existe para ocultar qué es lo real y se presenta como imaginario del deber ser. Así, las niñas no sólo juegan, sino que internalizan una aspiración irreal que las obliga a percibirse en el reflejo del estándar social antes de poder siquiera reconocerse a sí mismas frente al espejo.

Un caso extremo de esto es Pixiee Fox, quien ha invertido una fortuna en cirugías para alcanzar lo que ella considera la “perfección plástica” en donde lo cárnico aspira a la pureza del ícono, transformando el eslogan “puedes ser lo que quieras ser” en una trampa en donde puedes ejercer el rol que más te agrade, si y sólo sí logras que tu cuerpo sea un objeto diseñado, fragmentado y optimizado por la mirada del mercado, convirtiéndose así en un simulacro autónomo que, además, ha transformado la realidad haciéndonos “saber” que estamos en falta hasta no conseguir lucir como Barbie. Tal vez por ello cada vez son más las mujeres que – pese a las cientos de campañas publicitarias y de salud pública que buscan prevenir sobre problemas alimenticios y generar una autoafirmación individual de las distintas corporalidades – adoptan la apariencia de muñecas vivientes, incluso en detrimento de su salud. Tal como propone Baudrillard “[…] los actuales simulacros […] intentan hacer coincidir lo real, todo lo real con su modelo de simulación” (Baudrillard, 1978. p. 6).

Al final, debemos tomar en cuenta que en nuestro momento histórico y con todas las herramientas tecnológicas que nos “permiten” transformar nuestro físico a través de cirugías, filtros y hasta la avataridad digital, no podemos perder de vista que aquello que llamamos realidad no deja de ser un constructo social, una puesta en escena que, según las reglas de profundidad nos lleva a mostrar ángulos de nuestra propia personalidad fragmentada,revelándonos que incluso nuestra personalidad, lo más profundo de lo que llamamos “yo” también se encuentra escindido y supeditado a los simulacros y la hipersimulación experimental de lo que vemos y de cómo esperamos que nos vean, pero aún si lo lográramos, no deja de ser un experimento del engaño visual al que, con suerte, podremos llamar libertad.

Lucía Izquierdo
Delirios célebres de una personaja no tan célebre

Referencias:

Referencias:

Baudrillard, J. (1978). Cultura y simulacro. Editorial Kairós.
García, J. (2020). El pasado XXX de la muñeca Barbie. Revista de la Universidad 
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Recuperado el 3 de marzo, 2026.

Lizarazo, D. y Giménez GaTo, F. (Coords.). (2021). Cuerpos inciertos: Potencias, discursos y dislocaciones en las corporalidades contemporáneas. Siglo XXI Editores.

Mota Zurdo, D. Barbie: una muñeca con historia. Universidad Isabel I.
Recuperado el 3 de marzo, 2026.