Las mujeres sienten más dolor que los hombres en todo el cuerpo

CIENCIAS DE LA VIDA / BIOLOGÍA HUMANA.-

Un estudio global con más de 6,1 millones de personas revela diferencias entre mujeres y hombres en los 11 puntos anatómicos analizados.

Un estudio de Nature Medicine con 6,1 millones de personas muestra diferencias globales entre mujeres y hombres en la prevalencia y la intensidad del dolor. / Crédito: Saranya7 en Pixabay.

Un análisis publicado en la revista Nature Medicine y basado en más de 6,1 millones de personas de 118 países, revela diferencias entre sexos en los 11 puntos anatómicos estudiados y sitúa antes de los 55 años el periodo de mayor crecimiento del dolor.

Las mujeres declaran sufrir más dolor que los hombres en prácticamente todo el cuerpo. Es la principal conclusión de uno de los mayores análisis mundiales realizados hasta la fecha sobre la evolución del dolor a lo largo de la vida.

Una brecha clara.

La investigación ha armonizado información procedente de 902 fuentes poblacionales pertenecientes a 138 programas de estudios, con datos recogidos entre 1990 y 2025 y participantes de entre 5 y más de 100 años. El resultado muestra una diferencia consistente: las mujeres comunicaron una mayor prevalencia de dolor en los 11 lugares anatómicos analizados, desde la cabeza y el abdomen hasta la espalda, las caderas y las rodillas.

La brecha fue especialmente pronunciada en tres tipos de dolor. El riesgo relativo de presentar dolor facial fue 1,83 veces mayor en mujeres que en hombres; en el caso del dolor de cabeza alcanzó 1,74, y en el abdominal, 1,60. En el conjunto de las localizaciones estudiadas, las diferencias oscilaron entre un 8% y un 83%, según el lugar del cuerpo.

Patrones contundentes.

El patrón también aparece cuando se observa el dolor de forma global. La probabilidad de declarar cualquier dolor corporal fue un 16% mayor entre las mujeres. La diferencia aumentó al considerar las formas más intensas o generalizadas: el dolor de alta intensidad fue un 52% más frecuente, mientras que el dolor generalizado fue un 50% más frecuente. Entre quienes tenían dolor, además, la intensidad media máxima rondó los 5 puntos sobre 10 en mujeres, frente a 4,6 en hombres, alrededor de los 48 años.

El estudio ofrece, sin embargo, una visión más compleja de la relación entre dolor y edad. Aunque la probabilidad de experimentar algún tipo de dolor aumenta progresivamente con los años, muchas de las formas más incapacitantes siguen una trayectoria en forma de U invertida. El dolor de alta intensidad alcanza su máximo aproximadamente a los 50 años y el dolor generalizado alrededor de los 70. En cambio, el dolor musculoesquelético de espalda, cadera y rodilla tiende a incrementarse durante la edad adulta y puede continuar aumentando hasta edades muy avanzadas.-

Las mujeres reportan más dolor que los hombres en todo el cuerpo. / Crédito: Engin Akyurt en Pixabay.

Geografía y desarrollo humano.

Los autores destacan que el crecimiento más rápido de la prevalencia se produce antes de los 55 años, como también informa The Guardian. Esto significa que una parte considerable de la carga de dolor que soporta una persona durante su vida se acumula durante la edad laboral, una etapa que coincide además con años de actividad profesional, cuidados familiares y, en el caso de muchas mujeres, de reproducción y crianza.

La geografía también importa. Las personas que viven en países con un índice de desarrollo humano (IDH) bajo presentan una prevalencia de dolor corporal claramente superior en la vejez. A partir de los 80 años, la diferencia frente a los países con mayor desarrollo llega a 30,6 puntos porcentuales para cualquier dolor corporal. En el caso del dolor lumbar, la prevalencia en los entornos de menor IDH se aproxima al doble en las edades más avanzadas.

Conclusiones importantes.

El trabajo estima asimismo que el tabaquismo, la obesidad y los bajos ingresos explican conjuntamente el 18,3% de la carga mundial de dolor, aunque el peso de estos factores cambia considerablemente entre regiones.

Los investigadores advierten que el análisis tiene limitaciones. Las distintas encuestas no utilizaron siempre las mismas preguntas o períodos de referencia, la cobertura de algunas regiones y grupos de edad es desigual y los datos proceden de distintos momentos entre 1990 y 2025. Además, el estudio describe patrones por edades, pero no sigue necesariamente a las mismas personas durante décadas. Por ello, sus curvas no deben interpretarse como una evolución histórica de la prevalencia.

Aún con estas limitaciones, los resultados apuntan a una conclusión relevante para la medicina: las diferencias en el dolor entre mujeres y hombres son amplias, aparecen en múltiples partes del cuerpo y se mantienen a escala internacional. Los autores plantean que estos datos pueden servir para mejorar la vigilancia del dolor, identificar grupos de mayor riesgo y diseñar estrategias de prevención y tratamiento más ajustadas a las diferencias entre sexos.

Por: Pablo Javier Piacente / T21.

Sitio Fuente: Levante / Tendencias21