Cuerpo en resistencia: las sustancias de riesgo causantes de la enfermedad por modelantes
CUIDADO DE LA SALUD.
Cuidado con las secuelas de procedimientos informales de modificación corporal, pueden comprometer la vida. Mujeres trans, entre las más afectadas.
Pintarnos el cabello, “ponernos uñas”, aplicar maquillaje, optar por cortes de cabello, usar cierta vestimenta y accesorios son formas de mostrarnos ante el mundo y de sentirnos identificados con nuestro género, la moda o algún estilo.
A veces queremos acentuar áreas o ver algún cambio en nuestro cuerpo que no nos convence: cirugía de nariz, inyección de bótox, aumento de busto, eliminación de grasa en el abdomen… ¿Y si mi cuerpo no se ve como lo imagino?, ¿A dónde ir para realizarlo de forma segura?
"Todas las personas -cisgénero o transgénero- experimentamos la necesidad legítima de armonizar nuestra identidad con nuestra apariencia física. Si recurren a procedimientos no regulados y en contextos inseguros, no es por vanidad o imprudencia voluntaria, sino por la inexistencia o el acceso sumamente limitado a terapias de afirmación de género supervisadas por especialistas", asegura Karen Aranza Marañón Solorio, médica adscrita al Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ).
Ante esta necesidad de armonizar la imagen corporal con la identidad de género -que se puede sentir como urgente y vital- y por la falta de alternativas en el sistema público, muchas mujeres trans recurrieron a la aplicación de inyecciones informales de sustancias modelantes (también conocidas como biopolímeros en contextos informarles), mayoritariamente sin saber si eran seguras.
La infectóloga ha sido testigo de la gran cantidad de mujeres trans (transgénero, transexual o de otra identidad de género que no coincida con el sexo asignado al nacer) que acuden a las áreas de urgencias hospitalarias y a los centros de atención especializada de la Ciudad de México con alteraciones cutáneas graves, dolor crónico que llega a ser incapacitante, infecciones, úlceras y necrosis de tejidos, el diagnóstico clínico: Enfermedad por Modelantes.
“La enfermedad también es conocida como alogenosis iatrogénica o respuesta inmune inducida por biopolímeros. Es la respuesta inflamatoria, infecciosa o autoinmune crónica causada por la infiltración en tejidos blandos de sustancias de alta densidad no biocompatibles”, expone la especialista, investigadora principal del estudio "Epidemiología y desenlaces clínicos de la inyección de modelantes en mujeres transgénero en México (2025-2026)."
En dicho estudio incluyó a pacientes del INCMNSZ y a personas captadas en los centros de atención especializada de la Ciudad de México, como la Clínica Especializada Condesa (CEC), la Clínica Especializada Condesa Iztapalapa (CECI) y de la Unidad de Salud Integral para Personas Trans (USIPT), esta última ubicada en el Casco de Santo Tomás en la Alcaldía Miguel Hidalgo.
Se analizaron 222 expedientes de mujeres trans con antecedente de inyección de modelantes. Los datos principales revelan la gravedad de la situación en el país:
- El 44.5% de las participantes (99 mujeres) presentó complicaciones severas asignables a la EPM.
- El 93% de los procedimientos fue realizado por personal no médico (amigas, conocidas o autoaplicación).
- El 36% de las pacientes requirió hospitalización, con una estancia media intrahospitalaria de 17 días para el manejo de complicaciones graves.
Entre los compuestos documentados de forma recurrente en las pacientes destacan:
- Aceites minerales y vegetales comestibles: inyectados por su viscosidad pero altamente tóxicos al reaccionar con el tejido humano.
- Silicona líquida industrial / "Biopolímeros": compuestos no degradables que se impregnan en las fibras musculares.
- Grasas animales, parafinas y sustancias automotrices: casos extremos derivados de la desesperación por lograr cambios corporales en entornos de absoluta marginalidad.
Principales complicaciones.
Karen Marañón explica que el organismo reconoce la sustancia como un cuerpo extraño imposible de fagocitar o degradar, por lo que el sistema inmune intenta encapsular el compuesto formando granulomas y fibrosis; sin embargo, debido a la fuerza de gravedad y la presión muscular, el material migra hacia regiones distantes (como la espalda baja, muslos, rodillas o tobillos), desencadenando otros efectos a nivel inflamatorio e infeccioso.
Uno de los hallazgos más críticos es que las manifestaciones clínicas pueden aparecer desde días después de la aplicación hasta 25 años o más tarde, lo que complica más el diagnóstico y seguimiento médico.
“Además, no podemos olvidar que esto no se da en un vacío clínico, sino en la intersección de múltiples vulnerabilidades sociales a las que se enfrentan, a lo largo de su vida, las personas trans. Por ejemplo, las distintas violencias y la inseguridad que las acecha; la inseguridad alimenticia y de vivienda; el trabajo sexual ante la discriminación en otros empleos (el 62% de la muestra refirió el antecedente de trabajo sexual como ocupación primaria); más el rechazo reiterado en hospitales de cualquier nivel para atender sus complicaciones”
Asegura que, en el seguimiento de estas pacientes, la mayoría declaró que lo común fue enfrentarse a comentarios culpabilizantes como "tú te lo inyectaste porque quisiste" o negarles la atención, lo que provocaba que acudieran a urgencias únicamente cuando la infección o necrosis estaba sumamente avanzada o que las atendieran cuando existen pocas opciones para su tratamiento.
Afirmación de género como necesidad de salud.
La especialista expresa que ahora comienza un cambio de paradigma en el sistema público de salud, en el que se les debe atender con protocolos especializados y sin el estigma social que históricamente a culpabilizado a las pacientes con el argumento de la vanidad.
“Realmente se trata de un problema de salud pública y una consecuencia directa de las barreras de acceso a la salud integral de estas poblaciones”.
De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG) 2021 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en México existen más de 5 millones de personas que se identifican dentro de la comunidad LGBTIQ+, de las cuales más de 909 mil se identifican como personas trans (transgénero o transexuales).
Tan solo en los centros de atención especializada de la Ciudad de México, se atienden de forma continua a más de 3,800 mujeres trans, asegura la doctora Karen Marañón.
A nivel nacional, el acceso a la Terapia Hormonal de Afirmación de Género (THAG) supervisada y a cirugías de modificación corporal (como implantes mamarios, orquiectomías o vaginoplastias) ha sido históricamente casi inexistente dentro del catálogo público de servicios de salud.
“Durante décadas, la medicina tradicional encasilló erróneamente estos procedimientos como ¨intervenciones cosméticas¨, omitiendo la evidencia científica internacional que demuestra cómo la afirmación de género médica disminuye los índices de depresión e ideación suicida, y mejora la calidad de vida”.
Frente a esta problemática, hay intentos de consolidar avances trascendentales como el Protocolo Nacional para la Atención de EPM por parte de la Secretaría de Salud federal, junto con otras dependencias.
“Este documento busca construir bajo un marco estricto de derechos humanos, no discriminación, lenguaje respetuoso y rutas claras de derivación entre el primer, segundo y tercer nivel de atención sanitaria”, asegura la infectóloga Karen.
Mientras tanto, las personas trans han encontrado en la Unidad de Salud Integral para Personas Trans un “modelo humanizado” de atención que ha demostrado la efectividad de la atención por pares (personal médico, de enfermería, salud comunitaria y administrativo integrado por personas trans) y la creación de proyectos como una Clínica de Heridas para el manejo digno de la Enfermedad por Modelantes.
“Además, las activistas y colectivas trans desempeñan un rol vital, acompañando a las pacientes a través del sistema hospitalario y difundiendo estrategias de prevención y control de daños entre las jóvenes. Las activistas también han sido consultadas y son una parte vital en todos estos proyectos”, finaliza Karen Marañón.
Por: Liliana Morán Rodríguez.
Sitio Fuente: Ciencia UNAM