Granada lleva siglos temblando: los terremotos que dañaron la Alhambra y destruyeron pueblos enteros
España: HISTORIA.
Granada vuelve a sentir cómo se mueve el suelo, pero sus sacudidas actuales se inscriben en una trayectoria mucho más larga.
Monumentos, pueblos arrasados y una multitud de movimientos sísmicos menores ayudan hoy a recomponerla.
Recreación artística de la Alhambra durante el terremoto de 1431. ChatGPT, César Noragueda.
En agosto de 2026, varias sacudidas perceptibles han devuelto a Granada una sensación conocida: durante unos segundos, aquello que parecía estable perdió esa condición. Muebles que vibran, lámparas que oscilan y mensajes cruzados recuerdan una pregunta elemental: ¿por qué esta provincia tiembla una y otra vez?
La inquietud no nació con los sismógrafos ni con las alertas del teléfono. Antes de que existieran aparatos capaces de captar ondas sísmicas, cronistas, edificaciones y comunidades enteras legaron constancia de sucesos que alteraron la vida granadina. Algunos llegaron hasta la Alhambra; otros redujeron municipios a escombros y obligaron a recomenzar.
Seguir esas huellas ofrece algo más interesante que enumerar episodios destructivos. La historia sísmica funciona como una ventana al subsuelo: ayuda a entender qué sucede bajo la región, por qué dos temblores de tamaños distintos pueden causar desenlaces opuestos y cómo los científicos extraen información de hechos ocurridos siglos atrás. Pero primero hay que abandonar una imagen engañosa.
Granada no está sentada sobre una única gran grieta.
Una falla no es necesariamente una abertura visible en la superficie. Se trata de una fractura, o un conjunto de discontinuidades, a lo largo de la cual dos bloques rocosos pueden desplazarse. La fricción puede mantenerlos trabados mientras las fuerzas tectónicas deforman lentamente la corteza; cuando una porción cede, libera energía que viaja en forma de ondas.
Bajo la cuenca granadina no existe una sola línea culpable de todo. Numerosos accidentes tectónicos acomodan la deformación. Muchas son fallas normales: estructuras ligadas al estiramiento de la corteza, donde un bloque desciende respecto al opuesto. El marco general resulta paradójico, porque las placas africana y euroasiática convergen, mientras determinados sectores de las Cordilleras Béticas centrales se estiran localmente.
Podemos imaginar una masa de plastilina comprimida entre dos manos. Aunque los extremos se acerquen, el material puede ensancharse en otra dirección. La corteza es incomparablemente más compleja, pero esta comparación evita un error frecuente: que dos grandes placas se aproximen no obliga a que cada fragmento intermedio se comporte igual.
Los terremotos antiguos ofrecen pistas en lugar de gráficos.
¿Cómo se estudia el temblor de 1431 si nadie podía medirlo? Conviene separar dos conceptos. La magnitud cuantifica el tamaño del terremoto en su origen, mientras que la intensidad describe cómo se sintió y qué consecuencias dejó en un punto concreto. Un mismo suceso posee una magnitud, pero intensidades diferentes según la distancia, el suelo o la resistencia de los edificios.
Recreación artística de Arenas del Rey devastada tras el terremoto de 1884. ChatGPT, César Noragueda.
Para épocas anteriores a la instrumentación moderna, los especialistas recurren a fuentes históricas, daños descritos en construcciones, derrumbes, fisuras y reparto geográfico de sus manifestaciones. El método se parece a reconstruir un accidente a partir de sus rastros: no contamos con una grabación de aquel episodio medieval, pero la evidencia disponible permite estimar qué pudo pasar.
La cautela resulta esencial. Una cifra asignada hoy a un sismo de hace quinientos años no procede de un aparato contemporáneo. Por eso la intensidad macrosísmica —deducida de lo observado por las personas y de los desperfectos— adquiere tanto valor al explorar el pasado.
En 1431, el temblor alcanzó la Alhambra.
El 24 de abril de 1431, un fuerte terremoto al sur de Granada alcanzó una intensidad estimada de VIII-IX y ocasionó graves daños en la Alhambra. El dato transforma al monumento en algo más que una obra excepcional de arquitectura: sus muros también pertenecen a la memoria geológica de la ciudad.
"Investigaciones realizadas en la colina han identificado numerosas fallas normales de pequeña escala y estudiado su relación con fracturas, desniveles y problemas de estabilidad".
Investigaciones realizadas en la colina han identificado numerosas fallas normales de pequeña escala y estudiado su relación con fracturas, desniveles y problemas de estabilidad. El terremoto de 1431 se asocia con el derrumbe parcial de la cerca árabe.
Esto no implica que cada grieta visible tenga origen sísmico; la erosión, el agua, la pendiente y otras causas intervienen. Distinguirlas exige análisis científico.
La escena es poderosa. Una fortificación concebida para resistir conflictos humanos terminó grabando en piedra fuerzas anteriores a cualquier reino. El patrimonio arquitectónico puede actuar como un archivo involuntario: conserva señales físicas que completan documentos escritos y abren una mirada hacia épocas sin mediciones directas.
Baza mostró en 1531 que una ciudad puede convertirse en testimonio del desastre.
Un siglo después, el 30 de septiembre de 1531, la cuenca de Baza padeció otra sacudida de intensidad VIII-IX. El catálogo del Instituto Geográfico Nacional de España atribuye unas 400 muertes a aquel terremoto y señala que el 61 por ciento de las casas de Baza quedaron completamente arruinadas.
Ese balance enseña algo fundamental: el peligro no depende exclusivamente del tamaño de la ruptura, sino que influyen la profundidad del foco, la cercanía, la naturaleza del suelo, el tiempo durante el cual tembló el terreno y cómo están construidos los inmuebles.
La geología produce el fenómeno; la vulnerabilidad lo convierte en tragedia.
"El peligro no depende solo del tamaño de la ruptura, sino que influyen la profundidad del foco, la cercanía, la naturaleza del suelo, el tiempo de temblor y cómo están construidos los inmuebles".
La Navidad de 1884 arrasó pueblos y cambió la arquitectura frente a los terremotos.
La demostración más brutal llegó la noche del 25 de diciembre de 1884. El llamado terremoto de Andalucía, con epicentro en el entorno de Arenas del Rey, tuvo una magnitud estimada de 6,5 y una intensidad IX-X. El Instituto Geográfico Nacional contabiliza 839 fallecidos, 4.400 edificios destruidos y otros 13.000 dañados. Más de un centenar de localidades acusó sus efectos.
Arenas del Rey quedó prácticamente arrasado y hubo que levantar un nuevo núcleo. Otras poblaciones de Granada y Málaga padecieron una devastación enorme. El impacto no se repartió uniformemente: el sustrato geológico y la calidad constructiva modificaron la violencia experimentada en la superficie.
Pensemos en dos objetos iguales sometidos a una misma vibración, pero apoyados sobre bases distintas. Una transmite el movimiento sin amplificarlo demasiado, la otra favorece determinadas oscilaciones.
"El impacto no se repartió uniformemente: el sustrato geológico y la calidad constructiva modificaron la violencia experimentada en la superficie".
En la realidad, intervienen muchos más factores, pero el ejemplo aclara por qué zonas cercanas pueden sacudirse de manera desigual.
Lo ocurrido abrió además debates sobre cómo edificar frente a futuros seísmos. La reconstrucción de Arenas del Rey incorporó criterios sismorresistentes innovadores para la época. El precedente del siglo XIX aportó así una lección vigente: conocer la amenaza sirve de poco si ese saber no cambia la manera de diseñar los asentamientos.
En 1954 sucedió algo aparentemente imposible: un 7,8 con pocos daños.
La provincia guarda otro caso que desmonta una intuición habitual. El 29 de marzo de 1954, el terremoto de Dúrcal tuvo una magnitud de 7,8, muy superior al de 1884. Sin embargo, presentó una intensidad máxima de V y no provocó estragos comparables.
Recreación artística del subsuelo sísmico de Granada. ChatGPT, César Noragueda.
La clave estaba a 657 kilómetros de profundidad. El hipocentro —el punto interior donde comienza la ruptura— se encontraba casi en el límite inferior donde se documentan terremotos. El epicentro es el punto de la superficie situado encima. Compartir posición aproximada en un mapa no supone estar cerca en vertical.
Un altavoz potentísimo escuchado desde muy lejos puede llegar con menos fuerza que otro modesto colocado junto a nosotros. Las ondas sísmicas no se comportan exactamente como el sonido en una habitación, pero la analogía aclara la paradoja.
Entre la fuente de Dúrcal y los hogares había centenares de kilómetros de planeta. La magnitud refleja la dimensión del fenómeno en el origen; no dicta por sí sola cuánto padecerá una sociedad.
"El hipocentro, el punto interior donde comienza la ruptura, se encontraba casi en el límite inferior donde se documentan terremotos".
Miles de pequeños sismos dibujan lo que nadie puede ver.
La sismología moderna añade una pieza que los cronistas antiguos no podían obtener. Un catálogo posterior del enjambre de Atarfe-Santa Fe de 2020 y 2021 reunió más de 5.000 eventos. Mediante técnicas de alta precisión, 3.196 fueron recolocados y revelaron una geometría bastante más definida que la sugerida por un simple mapa de epicentros.
El análisis vinculó la actividad con tres fallas normales: Ermita de los Tres Juanes, Atarfe y Pinos Puente. Los focos se concentraron entre cuatro y siete kilómetros de profundidad, y la sismicidad migró entre estructuras durante la secuencia.
Imaginemos miles de diminutas luces encendiéndose dentro de una caja opaca. Una sola apenas revela nada; situadas en sus posiciones exactas, terminan perfilando formas escondidas. Los microterremotos desempeñan una función semejante: en conjunto delinean una trama subterránea inaccesible.
La enseñanza modifica la idea de una falla que “despierta” y después vuelve a dormirse. Bajo Granada existe un entramado donde distintas estructuras pueden activarse en momentos diferentes y condicionar la propagación de una ruptura. De ahí tampoco puede predecirse el próximo gran episodio: la ciencia estudia peligrosidad y probabilidades, pero no señala fecha, ubicación y magnitud.
La historia de Granada también está escrita bajo sus pies.
Cuando una lámpara se aquieta, el terremoto da la impresión de haber terminado. A escala geológica, esos segundos son apenas una manifestación fugaz de procesos que llevan muchísimo tiempo modelando las Cordilleras Béticas.
Ahí reside la utilidad de mirar atrás. La Alhambra dañada en 1431, las viviendas perdidas en Baza, la destrucción de 1884, el profundísimo Dúrcal y los focos localizados en 2021 no son anécdotas desconectadas. Juntos muestran que un territorio puede conservar memoria sísmica en documentos, muros y rocas.
"La Alhambra dañada en 1431, las viviendas perdidas en Baza, la destrucción de 1884, el profundísimo Dúrcal y los focos localizados en 2021 muestran que un territorio puede conservar memoria sísmica en documentos, muros y rocas".
Granada lleva siglos temblando. Comprender esa continuidad, sin embargo, no significa esperar un desastre inevitable, sino reconocer que el pasado contiene datos con los que se puede completar la imagen de un subsuelo complejo, y hace de ese legado una herramienta para entender mejor la Tierra que seguimos habitando.
Por: César Noragueda. Periodista especializado en cine, ciencia y pensamiento crítico.
Sitio Fuente: MuyInteresante