Confieren a Elisa Villalpando, referente de la arqueología del noroeste de México, la medalla Alberto Ruz Lhuillier

México: CULTURA / INBAL.-

- Por sus aportaciones construidas a lo largo de 47 años de trabajo dentro del INAH, a la arqueóloga e historiadora María Elisa Villalpando Canchola le fue conferida la Medalla Alberto Ruz Lhuillier.

- El reconocimiento le fue entregado en el marco del XXXI Simposio Román Piña Chan, de manos del secretario técnico del INAH, José Luis Perea González
- Previamente, la investigadora dictó la conferencia magistral Una aproximación a la iconografía Trincheras.

El nombre de María Elisa Villalpando Canchola es, por sí mismo, referente cuando se habla de la arqueología del noroeste de México, en particular del estado de Sonora e, inclusive, del suroeste de Estados Unidos, un territorio vasto del que ha contribuido a perfilar su diversidad cultural, su amplitud cronológica y las relaciones interregionales, por mencionar algunos aspectos.

Por estas aportaciones, construidas a lo largo de 47 años de trabajo dentro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), a la arqueóloga e historiadora le fue conferida la Medalla Alberto Ruz Lhuillier, una de las máximas condecoraciones que otorga la institución, en el marco del XXXI Simposio Román Piña Chan, parte de las actividades de la 37 Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia.

Emocionada por las muestras de cariño de sus colegas y amistades, Villalpando Canchola manifestó que, para ella, este acto representa un reconocimiento a la arqueología que se realiza en el septentrión del país, y lo recibe en nombre de todo un equipo que la respalda en campo y en gabinete, a la vez que trajo a la memoria a Beatriz “Tita” Braniff, una maestra que le abrió el camino a ella y a muchos otros. 

Con la representación del director general del INAH, Omar Vázquez Herrera, el secretario técnico del INAH, José Luis Perea González, le entregó la distinción y un diploma, no sin antes señalar que, desde su llegada al Centro INAH Sonora, a finales de la década de 1970, Elisa Villalpando convirtió a esta entidad en su territorio intelectual y humano: “desierto, costas, islas, primeros agricultores y de, manera fundamental, las sociedades de la tradición Trincheras”.

Destacó su labor de décadas en Cerro de Trincheras, un sitio con centenares de terrazas y enormes espacios habitacionales y ceremoniales, el cual dejó de ser solamente una presencia monumental en el paisaje del Valle Medio de Magdalena, para convertirse en una zona arqueológica abierta al público, contribuyendo además en su plan de manejo, guion científico y en la creación de grupos infantiles y juveniles que coadyuvan en su conservación.

“Por ello, reconocer a Elisa Villalpando significa premiar una manera de ejercer la arqueología, rigurosa, sin ser distante, especializada, sin encerrarse en ella misma; capaz de pasar del vestigio a la interpretación, y de la interpretación al vínculo social y comunitario”, expresó Perea González en el evento realizado en el Museo Nacional de Antropología, y que también contó con la presencia del coordinador nacional de Arqueología, Francisco Mendiola Galván.

El arte de la tradición Trincheras.

A propósito del tema de esta edición del simposio: “Arqueología y arte. Diálogos con el pasado”, Elisa Villalpando dictó la conferencia magistral Una aproximación a la iconografía Trincheras, en la que, mediante imágenes de materiales malacológicos, cerámica y petrograbados, hizo un recorrido de la evolución de las sociedades de agricultura temprana en Sonora (1500 a.n.e.-50 d.n.e), a aquellas que dominaron el horizonte Prehispánico Tardío (1300-1450 d.n.e.).

De las primeras, dijo, el más representativo es el sitio La Playa, localizado en el abanico aluvial del arroyo Boquillas (100 km al interior, partiendo de la costa del Golfo de California), donde hay cúmulos de concherías, miles y miles de desperdicios de conchas trabajadas que, posiblemente, fueron manufacturadas ahí como ornamentos e intercambiadas con una zona amplia, como lo revelan materiales encontrados en sitios contemporáneos de la cuenca de Tucson, en Arizona.

“Cada uno de estos grupos identitarios fueron adquiriendo tecnologías diferentes que nos permiten tener elementos de diferenciación entre unos y otros. Por ejemplo, los aros de concha más antiguos proceden del sitio La Playa (50-400 d.n.e.), pero también de la costa central de Sonora. La tradición Trincheras llega a aprovisionarse de la materia prima y tienen una tecnología con la que trabajan la parte superior de la valva de almejas (Glycymeris gigantea), mediante el pulido de facetas, que es más eficiente.

“Por el contrario, la tecnología que usaron las sociedades de Huatabampo, al sur del estado, y los grupos hohokam fue el pulido de toda la valva, entonces hubo un desperdicio mucho mayor de la materia prima”, finalizó en su disertación.

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Sitio Fuente: Secretaría de Cultura