Perlas de Baily y otros fenómenos del eclipse solar total de 2026: qué vas a ver, en qué orden y por qué ocurre

ASTRONOMÍA / EVENTOS ASTRONOMICOS.-

El 12 de agosto de 2026 verás desde España perlas de Baily, la corona solar y misteriosas sombras volantes. Esta es la guía de lo que ocurrirá segundo a segundo durante la totalidad.

Recreación artística del eclipse solar total del 12 de agosto de 2026 visible desde España. Foto: Nano Banana / Scruzcampillo.

Un eclipse solar total es uno de los espectáculos astronómicos más sobrecogedores que se pueden presenciar a simple vista. El próximo 12 de agosto de 2026, España se convertirá en un observatorio de excepción para disfrutar de este evento cósmico. Más allá de la repentina oscuridad, el eclipse despliega una fascinante secuencia de fenómenos ópticos y físicos en la atmósfera solar y terrestre. Conocer qué ocurre en cada instante es clave para aprovechar al máximo los apenas dos minutos que durará la totalidad.

El eclipse solar total del 12 de agosto de 2026.

En el verano de 2026 el Sol desaparecerá durante minutos en plena tarde española. Estos son los datos y fenómenos clave que lo explican.

1. Duración de la totalidad en A Coruña: 76 segundos con el Sol a 12° de altura, máximo a las 20:28 h (IGN).

2. Duración en Burgos: 104 segundos, la más larga de la franja peninsular, con el Sol a 8°.

3. Por qué se ven las perlas: La superficie del Sol no desaparece de golpe. La luz se cuela por los valles del limbo lunar hasta el último instante, creando destellos separados.

4. El helio se descubrió en el Sol: Durante el eclipse de 1868, el espectroscopio reveló un elemento desconocido en la cromosfera solar. Se llamó helio, del griego Helios. En la Tierra no se aislaría hasta 1895.

5. Las sombras volantes siguen siendo un misterio parcial: La explicación dominante apunta al centelleo atmosférico cuando el arco solar es extremadamente fino, pero señales detectadas en globo sugieren que parte de la fuente está por encima de la capa turbulenta.

6. El anterior eclipse total peninsular fue en 1912: Quien vea este tendrá que esperar al de 2027 para una segunda oportunidad en el sur de la Península.

7. Perseidas con luna nueva esa misma noche: El máximo de la lluvia de meteoros coincide el 12-13 de agosto con Luna nueva, la condición ideal de observación.

Los últimos segundos antes de que el Sol desaparezca.

No hay cuenta atrás en la pantalla. La señal es la propia luz. En los minutos previos a la totalidad, el Sol lleva un rato convertido en una hoz cada vez más fina, y esa geometría hace algo extraño con las sombras: cualquier agujero pequeño, como las hojas de un árbol o una rendija entre los dedos, funciona como una cámara estenopeica y proyecta crecientes de luz sobre el suelo. El suelo entero se llena de medias lunas diminutas que se encogen en tiempo real.

Si hay una imagen que resume lo que es un eclipse antes de la totalidad, es esa: cientos de lunas crecientes en miniatura proyectadas sobre la acera por cada hoja del árbol que tengas encima.

Luego, en los diez o quince segundos finales, puede aparecer uno de los fenómenos más desconcertantes del eclipse: las sombras volantes. Son bandas de claroscuro, de unos pocos centímetros de anchura, que corren sobre superficies claras, como una pared blanca o una sábana en el suelo, sin que ningún objeto concreto las produzca. La explicación dominante es el centelleo atmosférico: cuando el arco solar es muy fino, la atmósfera refracta la luz de forma variable y produce el movimiento. Es una teoría bien respaldada, pero con flecos: mediciones realizadas desde globo estratosférico han detectado señales que sugieren que parte de la fuente está a altitudes superiores a las de la capa turbulenta convencional. El misterio no está cerrado.

El segundo contacto: las perlas de Baily y el anillo de diamantes.

El momento más fotogénico ocurre al empezar la totalidad. Cuando el disco lunar tapa casi por completo la fotosfera (la capa visible del Sol, la que emite la luz que conocemos), la luz solar deja de llegar de forma uniforme. En cambio, se cuela por los valles y cráteres del limbo lunar: las irregularidades topográficas de la superficie de la Luna. El resultado es una cadena de puntos brillantes distribuidos en el arco del limbo, conocidos como perlas de Baily.

El fenómeno lleva el nombre del astrónomo Francis Baily, que lo describió el 15 de mayo de 1836 durante un eclipse anular observado desde Inchbonny, en Jedburgh (Escocia). Baily no lo inventó: había observaciones anteriores. Pero su descripción fue lo suficientemente detallada y difundida como para que el nombre quedara.

"«Las cuentas de luz se reducen, se unen, se apagan. Cuando la última desaparece, empieza la totalidad», escribió Baily. Lo que no sabía es que la astronomía llevaría a usar exactamente ese instante para medir el tamaño del Sol".

Cuando quedan una o dos perlas, el efecto se llama anillo de diamantes: el limbo lunar en sombra actúa como montura, y la última perla como la piedra. En ambos casos, tanto con perlas como con anillo de diamantes, la fotosfera es visible y el filtro solar certificado debe permanecer puesto. Solo cuando la última perla desaparece comienza la totalidad propiamente dicha, y solo entonces es seguro retirar el filtro. En cuanto reaparezca la primera perla en el tercer contacto, el filtro vuelve.-

Las perlas de Baily no son solo espectáculo. Los astrónomos usan estas apariciones para medir el diámetro del Sol. El método no mide la posición de las perlas, sino el momento en que la luz atraviesa un valle lunar conocido por la altimetría láser de misiones espaciales. Contrastado con efemérides precisas, ese instante permite calcular el radio solar con una precisión de fracciones de arco. Es ciencia hecha con una ventana de dos minutos.

Las perlas de Baily y la corona solar completan la secuencia de la totalidad.

La totalidad: lo que hay detrás del foco.

Cuando la última perla se apaga, el cambio es inmediato. La razón es la fotosfera: es una capa tan brillante (unos 5.500 °C de temperatura efectiva, emitiendo luz en todas las longitudes de onda visibles) que literalmente impide ver todo lo que hay detrás. Es como intentar ver las estrellas de día: no es que no estén, es que el brillo de la fotosfera las enmascara.

Al cubrirla, aparecen tres capas que en condiciones normales son invisibles:

La cromosfera es el primer anillo visible, de color rosáceo o rojo tenue. Es una capa de unos 2.000 km de grosor situada justo sobre la fotosfera, y debe su color a la emisión del hidrógeno a 656 nanómetros. Fue durante el eclipse de 1868 cuando el espectroscopio reveló un elemento desconocido en esta capa: ni hidrógeno, ni oxígeno, ni ningún elemento conocido en la Tierra. El astrónomo francés Pierre Jules César Janssen, observando desde Guntur (India), fue el primero en registrarla. Joseph Norman Lockyer propuso en noviembre de ese año el nombre de helio, del griego Helios (Sol). El helio no se aislaría en la Tierra hasta 1895, cuando William Ramsay lo extrajo de un mineral de uranio.

"La cromosfera le dio nombre a la astronomía espectral. Un eclipse de dos minutos descubrió un elemento antes de que la química terrenal pudiera encontrarlo".

Las protuberancias son estructuras de plasma (gas cargado) que se elevan desde la cromosfera siguiendo las líneas del campo magnético solar. Pueden alcanzar decenas de miles de kilómetros y durante un eclipse total se ven como lenguas rojizas en el borde del disco lunar. En agosto de 2026, el ciclo solar 25 ya ha pasado su máximo y se encuentra en fase descendente. Las protuberancias y la corona seguirán siendo visibles, aunque sean menos espectaculares que en el máximo.

La corona es la capa exterior del Sol, la más tenue y la más caliente: supera el millón de kelvin, una temperatura que aún no tiene explicación física completamente cerrada sobre una fotosfera de 5.500 °C. Durante un eclipse total aparece como un halo blanco nacarado que se extiende varios radios solares. Su forma varía con el ciclo: en el máximo es más simétrica y rica en estructuras; en el descenso tiende a aplanarse en los polos. Su aspecto exacto en agosto de 2026 dependerá de las previsiones de actividad solar de ese momento.

El crepúsculo de 360°: un horizonte que no existe durante el día.

Mientras la corona se hace visible arriba, el horizonte cambia. Durante la totalidad, el borde de la umbra (la zona de sombra total) no es infinito: sus dimensiones finitas hacen visible un arco oscuro en la dirección contraria al Sol. El resto del cielo, fuera de ese arco, conserva la luz crepuscular del atardecer.

En España, el Sol estará muy bajo durante la totalidad del 12 de agosto de 2026: entre 12° en A Coruña y apenas 2° en Palma, según los datos del IGN. Eso tiene consecuencias directas sobre lo que se verá. Con el Sol tan cerca del horizonte el crepúsculo de 360° resulta más asimétrico, porque la umbra llega casi rasante sobre el paisaje. La oscuridad no es la de la noche cerrada (con el Sol a 8-12° sigue habiendo luz de horizonte) sino la del crepúsculo profundo.

"La umbra se aproxima por el oeste como una tormenta oscura. Se ve llegar varios minutos antes de que el Sol desaparezca. Nadie que lo haya visto lo describe de otra manera".

En cuanto a los planetas visibles, es posible que algunos sean detectables, pero su observación dependerá de las efemérides exactas del 12 de agosto de 2026, ya que la extinción atmosférica aumenta con ángulos de elevación tan bajos. Conviene no reproducir la lista de "seis planetas visibles" que ha circulado en prensa generalista sin verificarla para las coordenadas concretas y la altura solar española.

Tres segundos después: el eclipse al revés.

El tercer contacto es la imagen especular del segundo: la primera perla reaparece en el limbo oriental del disco lunar, el filtro vuelve, y el espectáculo de la corona y la cromosfera desaparece en décimas de segundo. Las sombras volantes pueden repetirse. La hoz solar crece en el orden inverso al que menguó.

Lo que queda entonces es la noche, y no de forma metafórica. El máximo de las Perseidas ocurre entre el 12 y el 13 de agosto. En 2026 coincidirá con Luna nueva. La misma noche del eclipse es la mejor de la temporada para la lluvia de meteoros, con el horizonte oscuro que deja la ausencia de Luna. La franja de totalidad del eclipse y el máximo de las Perseidas comparten fecha por primera vez en décadas en condiciones tan favorables.

Por: Santiago Campillo Brocal. Biólogo. Máster en Biología Molecular y Biotecnología, Director de Muy Interesante Digital

Sitio Fuente: MuyInteresante