Experiencias de América Latina muestran cómo el patrimonio vivo puede enriquecer los aprendizajes

UNESCO.-

La publicación regional sistematiza 200 prácticas de 15 países de América Latina y el Caribe y entrega orientaciones para fortalecer la integración del patrimonio cultural inmaterial en políticas y prácticas educativas y culturales.

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Los saberes, prácticas y expresiones culturales que las comunidades transmiten de generación en generación pueden enriquecer profundamente los procesos educativos y abrir nuevas formas de aprendizaje dentro y fuera de la escuela. Esa fue una de las principales reflexiones compartidas durante un seminario regional organizado por la UNESCO, en el marco de la presentación del estudio Educación y patrimonio cultural inmaterial en América Latina y el Caribe.

El encuentro puso en diálogo los hallazgos de la publicación con experiencias concretas de la región que integran patrimonio vivo, memoria local, oficios tradicionales, educación patrimonial y conocimientos vinculados con el territorio. A partir de estos ejemplos, especialistas y representantes de iniciativas comunitarias destacaron la importancia de reconocer los saberes locales como conocimientos legítimos y como recursos pedagógicos para fortalecer la pertinencia cultural de la educación.

Entre los principales hallazgos de Educación y patrimonio cultural inmaterial en América Latina y el Caribe, se identifica que poco más de la mitad de las prácticas analizadas incorpora más de una de las categorías reconocidas por la Convención de 2003 de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, entre ellas prácticas rituales, tradiciones orales, técnicas artesanales tradicionales, artes performativas, y conocimientos y prácticas sobre la naturaleza y el universo. Este dato muestra que muchas iniciativas educativas no abordan el patrimonio vivo de manera aislada, sino como parte de sistemas culturales amplios, donde se articulan conocimientos, memorias, lenguas, oficios, expresiones artísticas y vínculos con el territorio.

El documento también muestra que el 49,5 % de las experiencias estudiadas corresponde a iniciativas no formales, mientras que un 38 % se desarrolla en el ámbito de la educación formal (el 12,5 % restante abarca ambas categorías). Esta distribución evidencia que una parte importante de los aprendizajes vinculados al patrimonio vivo ocurre fuera de la escuela, en espacios comunitarios, culturales, territoriales e intergeneracionales, aunque también existe un campo relevante de integración en instituciones educativas formales.

Otros de los datos interesantes de este estudio indican que 8 de cada 10 de las prácticas educativas analizadas usa el patrimonio vivo para promover la valoración de la diversidad cultural. Asimismo, 8 de cada 10 de las prácticas educativas analizadas involucra a las comunidades en la transmisión del patrimonio inmaterial.

El estudio fue presentado por la antropóloga y académica de la Universidad de Chile Carla Pinochet, quien lideró la investigación y el análisis de la publicación. El documento identifica principios pedagógicos y experiencias que integran el patrimonio cultural inmaterial en procesos de aprendizaje formal y no formal, y busca contribuir a que los sistemas educativos y las políticas culturales de la región reconozcan el valor de los saberes comunitarios como parte de una educación pertinente, inclusiva y culturalmente significativa.

“Frente a los importantes desafíos que enfrentamos hoy, el patrimonio vivo emerge como una fuente de resiliencia, creatividad y esperanza. Nos recuerda que las comunidades poseen conocimientos, prácticas y formas de relación con el entorno que pueden enriquecer profundamente los modelos educativos del presente y del futuro”, recalcó la directora de la Oficina Regional de la UNESCO en Santiago, Esther Kuisch Laroche, en la apertura del evento.

Owan Lay Gonzalez, director del Centro Regional para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial en América Latina (CRESPIAL), destacó la importancia de reconocer estos saberes en los procesos educativos. “Reconocer este patrimonio educativo es también el ejercicio de los derechos culturales, el derecho a aprender en la propia lengua, a ver la propia cultura reflejada en los contenidos escolares, a que los saberes comunitarios sean considerados conocimiento legítimo y no mero folclor. Es lo que promueve esta publicación al visibilizar y sistematizar estas prácticas, contribuye concretamente al ejercicio de estos derechos en toda la región”, señaló.

El encuentro finalizó con un panel moderado por Alejandro Gumá Ruiz, especialista de Cultura de la oficina de la UNESCO en La Habana, con voces de Chile, Argentina, Colombia y Ecuador. Entre las experiencias presentadas destacaron Ferrowhite – Museo Taller, de Bahía Blanca, Argentina, que entrelaza memoria local y resiliencia social; las Escuelas Taller de Colombia, que articulan oficios tradicionales y educación técnica; la Red de Bosques-Escuela del Chocó Andino en Ecuador, que vincula patrimonio biocultural con participación comunitaria; y la Política Nacional de Educación Patrimonial de Chile.

Sitio Fuente: UNESCO