Enfermedades hepáticas asociadas al alcohol: una crisis silenciosa que exige políticas públicas más firmes en México
CIENCIAS DE LA SALUD / CUIDADO DE LA SALUD.
- El consumo de alcohol está impulsando una crisis de salud pública en México, con las enfermedades hepáticas —especialmente la cirrosis— entre las principales causas de muerte, afectando de manera desproporcionada a población en edad productiva y de bajos ingresos.
- En México, la prevalencia de la Enfermedad Alcohólica del Hígado es del 3.5% en la población general, del 26.0% entre bebedores excesivos y del 55.1% entre las personas con trastornos por consumo de alcohol.
- En 2022 las enfermedades hepáticas estuvieron asociadas con más de 41,000 defunciones, incluyendo más de 25,000 por cirrosis y cerca de 15,000 directamente vinculadas al consumo de alcohol.
- Existen políticas públicas costo-efectivas respaldadas por evidencia internacional —como el aumento de impuestos, la restricción de la publicidad, el etiquetado con advertencias y el control de la disponibilidad— que pueden reducir significativamente el consumo y sus daños si se implementan de manera integral.
En el marco del Día mundial del hígado, la Red de Acción Sobre Alcohol (RASA) informó que las enfermedades hepáticas relacionadas con el alcohol —como el hígado graso, hepatitis alcohólica y cirrosis— representan una carga creciente para el sistema de salud y afectan especialmente a la población en edad productiva en México.
Este problema se enmarca en un contexto más amplio: el consumo de alcohol continúa siendo uno de los principales determinantes de enfermedad y muerte prevenible en el país, afectando principalmente al hígado, como coinciden diversos estudios científicos y organismos internacionales.
El hígado es el principal órgano encargado de metabolizar el alcohol. Sin embargo, cuando el consumo es crónico y excesivo se desencadena un proceso progresivo de daño, llamado enfermedad alcohólica del hígado (EAH), que produce desde la acumulación de grasa (esteatosis) hasta la inflamación (hepatitis alcohólica), la cicatrización irreversible (cirrosis) y el cáncer de hígado, lo que puede derivar en insuficiencia hepática y muerte. Se estima que la prevalencia de la EAH es del 3.5% en la población general, del 26.0% entre bebedores excesivos y del 55.1% entre las personas con trastornos por consumo de alcohol.
En México, la magnitud del problema es contundente. La cirrosis hepática se mantiene entre las principales causas de muerte en el país. De acuerdo con datos recientes, basados en el Global Burden of Disease, esta enfermedad ocupó el sexto lugar entre las causas de mortalidad en 2021.
Además, se estima que en 2022 las enfermedades hepáticas estuvieron asociadas con más de 41,000 defunciones, incluyendo más de 25,000 por cirrosis y cerca de 15,000 directamente vinculadas al consumo de alcohol. Cada 35 minutos muere en México un apersona por cirrosis causada por el consumo de alcohol.
“Más allá de los datos, el impacto del alcohol es tangible en miles de familias mexicanas. Las enfermedades hepáticas relacionadas con el alcohol, como la cirrosis, suelen avanzar de manera silenciosa durante años, hasta manifestarse en etapas avanzadas, cuando las opciones de tratamiento son limitadas y costosas. En muchos casos, el trasplante hepático representa la única alternativa, el cual termina siendo un recurso escaso y de difícil acceso para los pacientes”, señaló Alonso Robledo, vocero de la Red de Acción Sobre Alcohol (RASA).
Aunque algunos indicadores muestran una ligera disminución en tasas de mortalidad en ciertos periodos, el problema persiste y afecta desproporcionadamente a hombres y a personas económicamente activas. Esto genera un alto costo humano, así como pérdidas económicas significativas por discapacidad, atención médica y muerte prematura.
Especialistas señalan que México enfrenta factores de riesgo que agravan esta situación: patrones de consumo intensivo episódico (binge drinking), acceso fácil y económico al alcohol, y una regulación insuficiente en materia de publicidad y etiquetado. Además, investigaciones indican una alta susceptibilidad genética en la población mexicana para desarrollar enfermedad hepática por alcohol.
La evidencia internacional es clara: existen políticas públicas, conocidas como las “best buys” de la Organización Mundial de la Salud (OMS), altamente efectivas y costo-efectivas en distintos contextos, que pueden reducir significativamente los daños asociados al consumo de alcohol. Su implementación integral podría traducirse en una reducción significativa de la mortalidad por enfermedades hepáticas en el mediano plazo. Entre las más relevantes destacan:
1. El incremento de impuestos a las bebidas alcohólicas: Organismos como la OMS6 y la OCDE7 señalan que elevar el precio del alcohol mediante impuestos reduce el consumo, especialmente en jóvenes y consumidores de alto riesgo. Disminuye enfermedades hepáticas y genera ingresos fiscales que pueden destinarse a salud pública.
2. Restricción o prohibición de la publicidad: La exposición constante a publicidad favorece el consumo temprano e intensivo. Limitarla, sobre todo, en medios digitales y eventos deportivos protege especialmente a adolescentes y jóvenes.
3. Etiquetado claro y con advertencias sanitarias: El etiquetado frontal con advertencias sobre los riesgos del alcohol —incluyendo el daño hepático y el riesgo de cáncer— permite tomar decisiones informadas. Experiencias internacionales muestran que mensajes visibles y basados en evidencia aumentan la percepción de riesgo y pueden modificar conductas.
4. Regulación de la disponibilidad física: Reducir horarios de venta, limitar los puntos de expendio y reforzar la edad mínima legal. Una mayor disponibilidad se asocia directamente con mayores niveles de consumo y, en consecuencia, con mayor carga de enfermedad.
El daño hepático por alcohol es prevenible mediante políticas públicas basadas en evidencia y orientadas a la salud colectiva. México tiene la oportunidad, y la urgencia, de fortalecer su marco regulatorio para reducir una de las principales causas de muerte prematura en el país.
Sitio Fuente: El Poder del Consumidor