La diferencia que supone un huevo al día

FAO.-

Las comidas escolares y los pequeños productores establecen vínculos en Bhután.

La iniciativa piloto de dos años “Un niño, un huevo” suministra actualmente huevos para 32 000 alumnos de 343 escuelas de todo Bhután. En el marco del programa también se imparte capacitación a más de 280 cocineros en 20 distritos y se les provee de nuevas recetas y prácticas de inocuidad alimentaria. © FAO/Sonam Phuntsho.

En una senda fácil de perder, que discurre tortuosa entre los frondosos árboles de las boscosas colinas de Bhután, Tenzin Drukpa y Pampa Maya Tamange reparten pilas y más pilas de bandejas repletas de huevos a 15 escuelas de primaria diferentes en sus distritos de Thimphu y Chhukha.

Tenzin y Pampa realizan cada mes ese trayecto, que conecta su explotación agrícola situada en la ladera de la colina con cientos de platos de comida para niños, quienes pueden estar recibiendo el alimento más nutritivo del día.

Con el apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Gobierno del Reino de Bhután puso en marcha la iniciativa consistente en vincular directamente a pequeños avicultores con programas de alimentación escolar y atajar la malnutrición infantil, al tiempo que se crea un mercado estable para los productores rurales. Hoy en día, el proyecto piloto de dos años de la iniciativa, conocida como “Un niño, un huevo”, suministra huevos para 32 000 alumnos de 343 escuelas del país.

En Bhután, casi uno de cada cinco niños menores de cinco años sufre retraso del crecimiento, aproximadamente un 9 % tiene insuficiencia ponderal y más de un tercio de las adolescentes padece anemia. Los huevos figuran entre los alimentos disponibles con mayor densidad nutricional. Son ricos en proteínas, grasas saludables, vitaminas y minerales que resultan esenciales para el desarrollo cerebral, el crecimiento físico y la función inmunitaria de los niños.

Los escolares señalaron que habían notado mejoras en su salud y más energía en la escuela, mientras que los profesores indicaron que los alumnos parecían más atentos en clase desde que se había iniciado el programa.

Al otro lado de la ecuación se encuentra Tenzin, que empezó su actividad avícola en 2018 y sabe lo que significa perder casi todo. Cuando irrumpió la enfermedad por coronavirus (COVID-19), los precios de los huevos se desplomaron y en su almacén se apilaron las bandejas sin vender. Más adelante, en 2023, un brote de toxinas en los piensos azotó su explotación, matando 2 700 aves, y le dejó pérdidas estimadas en 3,6 millones de BTN, esto es, en torno a 43 000 USD.

Pero no se rindió. Un préstamo de estímulo económico del Gobierno le proporcionó la base para reconstruir y ampliar su actividad. El mercado de los huevos se recuperó poco a poco y, cuando llegó la iniciativa “Un niño, un huevo”, esta trajo algo a lo que era más difícil ponerle precio: un comprador fiable. Hoy en día, en sus corrales hay 4 000 aves y el cacareo constante de las gallinas se entremezcla con el ruido de las bandejas de huevos destinadas a escuelas cercanas.

“Antes, el mercado de los huevos era irregular”, declara Tenzin. “Esta iniciativa nos brindó una oportunidad. Ahora, sabemos que las escuelas nos necesitan”.

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En Bhután, casi uno de cada cinco niños menores de cinco años sufre retraso del crecimiento, aproximadamente un 9 % tiene insuficiencia ponderal y más de un tercio de las adolescentes padece anemia. © FAO/Choki Wangmo

En la zona sudoccidental de Bhután se están produciendo cambios y vínculos similares, ya que los productores reaccionan ante la demanda fiable de las escuelas. En el distrito de Samtse, cerca de la frontera con la India, Ganesh Bdr Ghalley, de 37 años, solía vender huevos con pérdidas, pero ahora abastece a dos escuelas que atienden a más de 200 alumnos. “Tengo dos niños que van a la escuela”, comenta. “Proveer huevos es también un signo de buena voluntad”.

Más hacia el este, también en el distrito de Samtse, Dependra y Sabitra Gurung dirigen una granja avícola que suministra huevos de sus 750 gallinas a una escuela de primaria cercana que presta servicio a 300 alumnos. “Esta iniciativa nos ha ayudado con mercados garantizados”, señala Dependra. “Ahora somos autosuficientes”.

Huevos en el menú escolar.

En la escuela de primaria Soeltapsa, un grupo de edificios de aulas de poca altura se asienta sobre un pequeño patio escolar envuelto por espesas colinas verdes. La escuela da servicio a niños de las aldeas cercanas dispersas por los alrededores del distrito de Samtse. Antes de la iniciativa “Un niño, un huevo”, los cocineros no solían incluir el huevo en las comidas escolares.

“Los huevos se han vuelto una parte importante de la dieta infantil en la escuela”, declara Karma, proveedora de huevos y miembro del grupo de mujeres de Soeltapsa. “Antes de la iniciativa “Un niño, un huevo”, no suministrábamos huevos, ya que no formaban parte de la comida”.

Para los cocineros de las escuelas, que preparan comidas para decenas de niños a la vez, los huevos cocidos siempre han sido la mejor opción —sencillos, rápidos y fiables—. Pero si el menú no cambia, los niños se dan cuenta, y ya habían empezado a comentarlo. Como respuesta, en el marco del programa se impartió capacitación a más de 280 cocineros en 20 distritos, y no solo se les proporcionaron nuevas recetas, sino que también se les adiestró en prácticas más sólidas de inocuidad alimentaria.

La diferencia queda plasmada en la sartén. Los cocineros que antes se dedicaban casi exclusivamente a hervir agua, ahora sofríen ajo y cebolla, envolviendo huevos y patatas en hoentshey —espinacas silvestres de Bhután— para preparar gongdo hoentshey, un revuelto aromático con ají.

Otros preparan egg paa, un plato que consiste en huevos cocidos enteros, cocinados a fuego lento en una base de tomate, jengibre y ajo muy condimentada y que se sirve con patata frita dorada y se remata con pimientos verdes picantes y cilantro. El Gobierno ha aumentado asimismo las becas para comidas escolares de 1 500 BTN a 3 100 BTN por niño, esto es, unos 38 USD, lo que refleja la ampliación del alcance del programa.

De vuelta a su granja en la ladera en Damchu, Tenzin piensa en el futuro. En su opinión, un mejor acceso a los polluelos, mejoras en los corrales y precios justos podrían contribuir a que los productores sigan ampliando la producción, al tiempo que se ayuda a los niños a crecer más fuertes, forjando así una nueva generación saludable.

Sitio Fuente: FAO