Plantea Agustín Basave reflexiones y preguntas sobre la visión de la democracia en la vida política actual
UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA.
El periodista y politólogo presentó su libro “La era de la ira. El declive de la socialdemocracia y el ascenso de la posracionalidad” en el Paraninfo Enrique Díaz de León.
El periodista, politólogo y ex diputado, Agustín Basave Benítez, presentó la noche de este miércoles en el Paraninfo Enrique Díaz de León su más reciente libroLa era de la ira. El declive de la socialdemocracia y el ascenso de la posracionalidad (Debate, 2026), obra en la que sostiene que, tanto la globalización como el acceso a la información, representan dos elementos que han impulsado la ira de las sociedades, provocando la baja calidad del diálogo y el funcionamiento democrático.
“Creo que este libro busca provocar reflexiones y preguntas en donde impere menos la ira y el enojo. Debemos de buscar entender qué está pasando en el mundo, porque hay tantas personas que llegan a creer en teorías de conspiración y tomarlas como base de la realidad”, reflexionó.
Durante la presentación, Basave realizó un recorrido histórico desde inicios del siglo XX respecto a las bases en las que nació el estado socialdemócrata y cómo los modelos enmarcados en la modernidad, donde se incrustan las ideas de las democracias actuales, establecen dinámicas económicas y sociales que llegaron hasta la época del neoliberalismo, y cómo estas dinámicas ya se han visto sobrepasadas en su capacidad de amalgamar legitimidad, capacidad y eficacia al momento de tratar de resolver los grandes problemas de la actualidad.
Explicó y justificó el uso de la isocracia como una base de pensamiento político de la época griega, en donde se veía y se actuaba ante los pares desde una postura de igualdad.
“Al hablar de democracia nos hemos centrado en la población, en el ciudadano y su momento de ejercer el voto. Se nos han olvidado otras cuestiones, como la desigualdad, un elemento de la actualidad lacerante. Sobre todo con la cantidad de multimillonarios que existen actualmente, en comparación con la cantidad de personas que no pueden cubrir sus necesidades básicas”, argumentó. 
En este mismo sentido, señaló que la posracionalidad se convierte en parte de un estado de interpretación de la realidad del mundo que se sostiene en mitos y teorías conspirativas que están provocando cada vez más una especie de psicosis social, aunque sostuvo que su obra contiene también algunas reflexiones que dibujan aires de esperanza.
Criticó los populismos de ambos lados del espectro político —tanto de la derecha como de izquierda— y cómo, a través del culto a la personalidad, se pierden capacidades y mecanismos dentro de la vida política que ponen en riesgo el sano desarrollo de la democracia.
Además, defendió elementos y valores que conforman el humanismo, como la fraternidad, que, reconoció, son comunes dentro de la construcción de pensamiento religioso occidental.
“Al final del libro, juego un poco a la esperanza, sólo hay que repensar las preguntas. Es a final de cuentas, una provocación a pensar, de manera más profunda, qué es lo que está pasando. Es un rechazo a los lugares comunes a los que hemos llegado; hay que analizar cosas que parecían ya superadas por la sociedad”, consignó.
Apeló a la racionalidad y a la necesidad de establecer mecanismos que promuevan la regulación de los tecnoligarcas, o figuras estridentes como la de Donald Trump, y que tal concentración de poder económico o político parece haber generado que se olviden de que existen límites.
Respecto a las dinámicas de ejercicio del voto, puso en valor la dosis de emocionalidad que solía haber en el pasado en estos procesos, en donde, señaló, había una parte de reflexión pertinente y pensante con su cierto grado de enojo: elemento inherente a la condición humana, pero echando de menos la presencia de sentimientos que también considera, eran positivos, como el amor o la fraternidad, características que se ven cada vez más socavadas con la posracionalidad.
Esperanza en el horizonte de la democracia.
Por su parte, el poeta y activista Javier Sicilia, quien acompañó en la presentación, dijo que el libro es, en el fondo, una obra sobre esperanza que ayuda a plantear nuevas preguntas para el horizonte de la democracia, y que concuerda con la idea de que “la ira tiene una condición demoníaca, y puede ser monstruosa para las sociedades. Esto conlleva a la posdemocracia, que conlleva a perder la discusión racional”, refirió.
“Hay que discutir sobre cómo la socialdemocracia propicia la consolidación de un clima político para prevenir el desgaste de un aparato político e institucional con el fin de propiciar un estado de bienestar que regule realmente las necesidades de una sociedad”, mencionó.
“Creo que de lo que habla también el libro es la crisis civilizatoria que entró en una verdadera debacle. No sólo el mundo político, sino también el mundo del humano. Él (Agustín) dice que hay que reconstruir el estado de bienestar desde la visión de Grecia, bajo el concepto de la isocracia, que era el mundo de los iguales”.
El Vicerrector ejecutivo de la Universidad de Guadalajara (UdeG), doctor Héctor Raúl Solís Gadea, dijo que, tanto Basave como Sicilia son dos amigos de esta Casa de Estudio, y que dicha presentación es una oportunidad para dar profundidad al diálogo sobre el quehacer político en México, donde, considera, hay carencia de fundamentación teórico política, sobre todo por haberse quedado en el establecimiento de proceso político-electorales que, recalcó, no son cosa menor.
“A la democracia mexicana le faltó profundizar en muchos otros aspectos, más allá del proceso electoral, que no es cosa menor. Este libro viene, de alguna forma, a ocupar ese vacío en la tradición intelectual política mexicana. Porque es una reflexión profunda, socio histórica, diría yo, para dar cuenta de la actual crisis de las democracias”, expresó.
Por último, Basave expresó su gratitud y recuperó las palabras de su padre, quien planteó que, “uno, cuando agradece, significa que ha sido privilegiado, porque el agradecimiento es un síntoma de todas las cosas que uno ha obtenido”.
“Por eso quiero agradecer a la Universidad de Guadalajara y al Vicerrector por permitirme presentar este libro en este hermoso recinto. En efecto, como contó Héctor Raúl, mi padre fue uno de los que firmaron cuando la UdeG fue refundada en 1925, y siempre se consideró jalisciense”, concluyó.
Texto: Ernesto Navarro López / Fotografía: Iván Lara González.
Sitio Fuente: UdeG