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¿Los seres humanos seguimos evolucionando?

CIENCIAS DE LA VIDA / BIOLOGÍA EVOLUTIVA.-

Descubre cómo la selección natural continúa actuando sobre nuestra especie y qué adaptaciones genéticas lo demuestran.

Con la medicina y la tecnología, podría parecer que la selección natural ya no actúa sobre nosotros. Pero sí lo hace. Que podamos tratar enfermedades, cambiar nuestro entorno o sobrevivir a condiciones antes peligrosas no significa que hayan desaparecido las fuerzas que intervienen en nuestra historia biológica.

Evolucionar no significa mejorar ni transformarse necesariamente en otra especie: significa que las variantes genéticas de una población cambian de frecuencia entre generaciones. Algunas se vuelven más comunes, otras retroceden. De hecho, una ventaja en un lugar puede ser irrelevante o perjudicial en otro. Esto puede ocurrir por selección natural, cuando ciertas características heredables influyen en la supervivencia o la reproducción, pero también por mutaciones, migraciones o azar.

Un ejemplo está en algunas poblaciones del Himalaya, donde se han extendido adaptaciones hereditarias que permiten vivir a gran altitud, con menos oxígeno disponible. En el caso de los tibetanos, determinadas variantes genéticas favorecen una respuesta fisiológica que ayuda a desenvolverse en esas condiciones sin producir un aumento excesivo de glóbulos rojos.

Otro es poder digerir leche de adultos sin sufrir intolerancia a la lactosa. En ciertas regiones, la capacidad de seguir produciendo lactasa después de la infancia se hizo más frecuente a lo largo de miles de años, en relación con la historia de la ganadería y el consumo de productos lácteos.

Y no hablamos solo del pasado: un estudio con más de 785.000 personas encontró indicios de selección natural en humanos actuales. Los investigadores analizaron asociaciones entre variantes del ADN y el éxito reproductivo, una de las vías por las que ciertas características hereditarias pueden cambiar de frecuencia en generaciones posteriores.

Hoy también cuentan nuestros hábitos, la cultura y el ambiente: modifican las presiones que experimentamos, no anulan la posibilidad de seguir cambiando. La medicina cambia las reglas, pero no detiene nuestra evolución.

Por: César Noragueda. Periodista especializado en cine, ciencia y pensamiento crítico.

Sitio Fuente: MuyInteresante