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Ballenas en Perú: alarmas acústicas podrían salvarlas de morir en redes de pesca

CIENCIAS DE LA VIDA Y TECNOLOGÍA / ECOLOGÍA.-

- Un estudio realizado por la Universidad Científica del Sur revela una notable disminución de los enmallamientos de ballenas gracias a dispositivos llamados pingers.

- Se trata de alarmas acústicas que se instalan en las redes de pesca y que emiten frecuencias de sonido que las ballenas perciben sin ser dañadas. 
- Los pingers tienen la facultad de alejar a las ballenas, mas no a los peces que los pescadores buscan  capturar. 
- El experimento científico se realizó en dos caletas de pescadores del norte del país. Los resultados fueron notables: los enmallamientos disminuyeron en un 53 %.

Luis Chapa, pescador norteño, muestra un pinger que irá en su red. Foto: cortesía Chiara Guidino.

En la madrugada del 27 de agosto pasado, a 15 millas de la costa norte de Perú, cerca de la isla Lobos de Tierra, el pescador Rusber Fiestas comenzó a recoger su red y comprobó que estaba dañada. “Fue una ballena”, se dijo. Lo supo porque la noche anterior había escuchado el característico canto de las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae), que es muy fuerte y que se puede percibir incluso a varios kilómetros de distancia.

En esa ocasión no logró ver al animal, pero tres años atrás, también durante una madrugada, sí se encontró con uno de estos cetáceos; tenía unos nueve metros de largo. “Era más grande que mi embarcación y cuando nos acercamos se puso agresiva al punto que tuvimos que cortar la red desde lejos”, recuerda.

Varias veces más, Rusber Fiestas ha tenido encuentros cercanos de este tipo que le complican el oficio.

Pero el problema no es sólo de él, sino de la mayoría de los pescadores de la costa norte de Perú. Sobre todo en los departamentos de Lambayeque, Piura y Tumbes, donde las ballenas de esta especie suelen aparecer, entre julio y octubre de cada año, a unas cuantas millas de la costa.

Las propias ballenas jorobadas también sufren ya que, luego de un largo viaje desde la Antártida, se quedan atrapadas en las redes de pesca. Romperlas o incluso llevarse un pedazo en medio de las olas es, muchas veces, su única salvación.

“Tras dañarse un paño [de una red], repararlo le puede costar a un pescador unos 127 dólares; si lo pierde por completo, la pérdida puede ser de hasta 578 dólares o más”, explica Chiara Guidino, responsable de investigación de Biología Marina de la Universidad Científica del Sur (la Científica). Fue ella quien lideró un estudio que se propuso averiguar si dispositivos acústicos llamados ‘pingers’ podían evitar que las ballenas queden atrapadas en las redes. Cinco especialistas más la acompañaron en esta tarea.

La investigación, realizada entre la Científica y Prodelphinus, una organización dedicada a conservar la fauna marina, demostró que el uso de alarmas acústicas puede disminuir en más de un 52 % los enmallamientos de estos enormes mamíferos marinos, al mismo tiempo que las especies comerciales que buscan los pescadores artesanales no son afectadas.

Los resultados publicados en la revista Aquatic Conservation: Marine and Freshwater Ecosystems, podrían contribuir a resolver una de las principales amenazas que actualmente sufren las ballenas en América Latina, sin perjudicar las faenas de pesca.

¿Cómo funcionan los dispositivos?

Los pingers “son dispositivos disuasorios acústicos diseñados para reducir la captura incidental y el enredo de mamíferos marinos en las operaciones de pesca”, explica el estudio. En concreto, son alarmas que emiten sonidos de diversa frecuencia para alejar a estos animales y evitar que se enmallen.

En Australia, cuenta la investigación, pingers de 3 kilohercios (kHz) no surtieron ningún efecto para espantar a las ballenas. Sin embargo, los de 4 kHz sí funcionaron en un experimento realizado en Canadá. Atendiendo esas experiencias previas, en el norte del Perú se usaron dispositivos que emitían frecuencias moduladas de 3 a 20 kHz cada cuatro segundos.

“En una oportunidad yo estaba en un bote y escuché muy fuerte el soplido de una ballena”, cuenta Joanna Alfaro, otra de las autoras del estudio y también investigadora de la Científica. “Inmediatamente los pescadores se preocuparon y montaron guardia toda la noche porque sabían que su presencia podía afectarlos”, recuerda Alfaro. En esa ocasión las redes todavía no tenían pingers, pero el hecho confirmó la necesidad de encontrar una solución.

Meses después, los investigadores se pusieron manos a la obra y hablaron con los pescadores para poner en marcha el experimento. Algunos aceptaron y otros no: temían que los dispositivos perturbaran sus labores de pesca, a pesar de que en otros países ya se había comprobado que no hay impactos sobre las pesquerías. 

Finalmente, cuatro embarcaciones pesqueras artesanales de pequeña escala se unieron a los científicos: tres operando desde el puerto de Máncora, en la región de Piura, y una desde Acapulco, en Tumbes.

Entre septiembre de 2022 y diciembre de 2023, las embarcaciones  lanzaron 115 veces sus redes al mar. De ese total, 49 fueron lances de control, es  decir que las redes no llevaban instalado ningún pinger que pudiera ahuyentar a las ballenas, mientras que 66 sí los llevaban. A esos casos se les llamó lances de prueba.  Cada vez que los pescadores volvían a puerto, Chiara Guidino iba a sus casas para ayudarles a reportar los enredos y llenar una ficha donde se registraba lo ocurrido. “Ellos me contaban cuántas ballenas se habían enredado, qué había pasado y si tenían vídeos de los enmallamientos”, cuenta la investigadora.-

Durante los 15 meses que duró la investigación, 34 ballenas quedaron atrapadas en las redes o bien las rompieron y lograron huir. La buena noticia fue que, de ese total, 21 lo hicieron en las redes que no tenían el dispositivo, mientras que sólo 13 quedaron enmalladas en las redes que tenían estas alarmas acústicas. El resultado fue que el porcentaje de reducción de enredos de ballenas en los lances que contaban con pingers ascendió a 52.9 %.

Pingers (de color amarillo) instalados en una red de pesca. Foto: cortesía Chiara Guidino

Ese porcentaje no proviene, exactamente, de comparar los lances de redes sin dispositivos con los lances que sí los tienen. Proviene de un método estadístico llamado Modelo Lineal Generalizado de Efectos Mixtos (GLMM, por sus siglas en inglés), que estima el enredo de ballenas por unidad de esfuerzo.

Los propios pescadores corroboran la utilidad del dispositivo. Según Fiestas, quien tuvo en sus redes los pingers instalados, “las ballenas no se acercaban. En mi caso [los pingers] sí funcionaron”, dijo.

De los 34 cetáceos que se enredaron en las redes monitoreadas por los científicos, seis fueron identificados como ballenas jorobadas. Los 28 restantes no pudieron ser clasificados debido a que los enmallamientos ocurrieron durante la noche, cuando los monitores no estaban presentes para hacer la verificación, o porque las ballenas se alejaron con parte de las redes antes de poder ser registradas de manera más específica.

Sin embargo, dado que la ciencia ha identificado que la mayoría de los enmallamientos en esta zona del país corresponden a ballenas jorobadas, es posible que los cetáceos que no pudieron ser identificados fueran de esta especie.

De acuerdo con la publicación científica, la razón por la que la eficiencia de los pingers no alcanza a ser total puede deberse a “una posible habituación de los mamíferos marinos al sonido”. También podría ocurrir que, dado que los pingers se instalan cada 100 metros, las ballenas se enreden en las partes de la red que quedan sin cubrir. Además, se deben considerar posibles fallas técnicas, como el desgaste de las baterías. Con todo, el experimento permitió comprobar que hay una diferencia sustancial entre usarlos o no.

“Si se usara más esta tecnología podría reducirse la pérdida de redes de los pescadores, lo que les permitiría mantener su herramienta de trabajo”, dice Alfaro. Al mismo tiempo, agrega, “las ballenas se enredarían menos y se reduciría su mortalidad”.

Pese a los resultados alentadores, las científicas apuntan a que se necesita más investigación para saber “hasta qué punto estos dispositivos reducen consistentemente los enredos en diferentes estaciones, áreas y ecosistemas”.

La pesca continúa.

Algo que hace todavía más funcional el uso de estas alarmas acústicas es que no perturban las capturas habituales. “Los pingers están hechos con una baja frecuencia para que las ballenas las puedan sentir, pero no van dirigidos a otras especies”, enfatiza Alfaro, de modo que la actividad pesquera se puede desarrollar sin problemas, aún cuando hoy ésta se haya vuelto mucho más difícil.

“Ahora sueltas la red a siete millas de la costa y ya casi no encuentras pesca; tienes que ir más lejos. Pero a las cinco millas o menos ya te puedes encontrar con una ballena”, explica Luis Chapa, un pescador de la caleta norteña de Los Órganos que también es guía turístico. “Hoy mismo he visto un grupo de 12 ballenas a una milla de la costa, en tres grupos”, cuenta Chapa.

Según el pescador, en el encuentro con una ballena “hasta puede sucumbir el bote”. Lo dice al recordar una madrugada de noviembre de 2023, cuando vio cómo unos compañeros pescadores trataban de cortar la red en la que se había enredado un ballenato. Ocurrió frente a Los Órganos, un balneario y caleta de pescadores ubicado al norte de Perú.

Según Alfaro, debido a las interacciones con ballenas, una embarcación puede tener una pérdida estimada de entre 3000 a 4000 dólares al año. Sobre todo si se tiene en cuenta las numerosas veces que puede dañarse una red o que incluso pueda perderse por completo. “Si eso les pasa hasta van a tener que conseguir otro trabajo ya que ellos mismos pagan sus equipos”, explica la científica. “Buscamos una solución para la sociedad, para los pescadores artesanales”, agrega.

Aunque en 2016 el gobierno peruano capacitó a un grupo de pescadores para que aprendieran a realizar eventos de rescate de ballenas en caso de enmallamiento, “Perú no cuenta con una red nacional de respuesta para ballenas enredadas”, asegura el estudio.

La capacitación consistió en un taller teórico-práctico auspiciado por la Comisión Ballenera Internacional, la Comisión Permanente del Pacífico Sur y Cetacean Society International (CSI), una organización dedicada a la conservación de ballenas, delfines y marsopas. Sin embargo, “ha habido poco progreso desde entonces”, aseguran las científicas en la publicación, a pesar de que en 2019 se conformaron ‘brigadas de rescate” dedicadas desenmallar ballenas.

Para las investigadoras, este tipo de soluciones no bastan para resolver el problema. “Lo ideal es que el Estado busque implementar soluciones como esta [la instalación de pingers en las redes], que los investigadores ya encontramos”, asegura Alfaro. Puede hacerlo a través del Instituto del Mar del Perú (IMARPE) o del Ministerio de la Producción (PRODUCE), las entidades que monitorean la actividad pesquera y las condiciones de los ecosistemas marinos en Perú. “Por parte nuestra hay apertura; hay que pedirle al Estado que también la tenga”, agrega la experta.

Por: Ramiro Escobar.

Sitio Fuente: Mongabay