Cómo se evalúa la salud de los primates mexicanos
CIENCIAS DE LA VIDA / ZOOLOGÍA.
Su vida en grupos facilita la transmisión de enfermedades infecciosas.
Los primates no humanos se distribuyen en las zonas tropicales del mundo y sólo se les puede encontrar en algunas regiones de América, Asia y África. Por ejemplo, en el continente americano existen lo más al norte a partir de la zona de los Tuxtlas en Veracruz, México y lo más al sur en Corrientes, Argentina.
Actualmente, se reconocen alrededor de 500 especies de primates y más de 170 se encuentran en América Latina, siendo la región más importante para la diversidad de estos mamíferos. En nuestro país sólo habitan tres especies: el mono aullador de manto (Alouatta palliata), el mono aullador negro (Alouatta pigra) y el mono araña (Ateles geoffroyi).
Los primates mexicanos están considerados en peligro de extinción, por la pérdida y la transformación de su hábitat, ya que son animales arborícolas, que dependen de los bosques y selvas para alimentarse y refugiarse, y si alguno de éstos desaparece, también se pierde una parte fundamental de los recursos que necesitan para sobrevivir.
“Con la transformación de las selvas tropicales, estas especies han sufrido bastante y hoy muchas de las zonas en donde se encuentran primates, ya están fragmentadas y solo hay cachitos de selva, rodeados de un paisaje con distintos usos antrópicos: algunos son agrícolas, otros ganaderos y otros son urbanos. Incluso tenemos poblaciones de monos que ya viven en las ciudades y cambian su alimentación, su estructura social y su conducta”, explica la doctora Brenda Solórzano García, de la ENES Mérida de la UNAM.
A esta problemática se le suma el tráfico ilegal de fauna silvestre, que afecta particularmente a los monos araña, debido a que algunos ejemplares son capturados para venderlos como mascotas.
Entre las funciones que cumplen en el ecosistema los monos araña y los monos aulladores se encuentra la dispersión de semillas, pues al consumir frutos y desplazarse por diferentes zonas del bosque, contribuyen a que éstas lleguen a nuevos sitios, con lo cual se favorece la regeneración de selvas.
Además, forman parte de las cadenas alimenticias y son presas de diversos depredadores como aves rapaces y grandes felinos como los jaguares y los pumas.
La investigadora señala que a nivel de microorganismos, los primates, al igual que el resto de los animales, alojan distintos parásitos fundamentales para el buen funcionamiento de un ecosistema, ya que regulan redes tróficas, influyen en la supervivencia y en el éxito reproductivo de sus hospederos, además, son clave en los procesos evolutivos, pues constituyen presiones de selección que aumentan el potencial adaptativo.
“Los primates son un grupo muy carismático, es muy emocionante verlos en su ambiente natural, cuando uno va caminando por la selva y de repente los escuchas, los ves, empiezas a conocer cómo son sus grupos, a reconocer las distintas edades: los chiquitos, los juveniles y que están jugando. Es un grupo muy bonito de trabajar, aparte porque son especies sociales y se pueden hacer muchos estudios: ecológicos, conductuales, de parentesco, de conformación de grupos y genéticos”.
Daños a su salud.
La salud de estos primates puede verse afectada por múltiples factores. Su comportamiento social es uno de ellos, al vivir en grupos, las enfermedades infecciosas o parásitas pueden transmitirse con facilidad entre individuos.
El estrés también puede afectar su salud, ya que cuando los animales se encuentran sometidos a condiciones adversas, su sistema inmune se debilita, lo cual también ocurre porque no se alimentan bien y su condición fisiológica no es la más adecuada.
También les afectan las características del paisaje en donde viven. Cuando un ecosistema es transformado, pueden llegar nuevos agentes infecciosos –introducidos por ganado o por los mismos humanos–, a los que los primates no habían estado expuestos.
Además, el cambio climático constituye una amenaza adicional. La doctora Solórzano explica que en 2024, en la zona de la Chontalpa, Tabasco, hubo una gran mortandad de primates. Al investigar sus posibles causas, los primatólogos encontraron que las altas temperaturas, la escasez de lluvia y la disminución de la cobertura forestal ocasionaron un choque térmico crónico en los monos y éstos empezaron a morir.
Para comprender mejor cómo responden los primates a estas condiciones, el equipo de investigación encabezado por la doctora Solórzano trabaja con nuevas herramientas moleculares.
“En el laboratorio nosotros tenemos proyectos importantes que tienen que ver con técnicas moleculares de transcriptómica para poder estudiar qué genes se activan cuando los monos se empiezan a sentir mal e intentar detectarlos antes, como una forma de monitoreo, pero todo esto lo tenemos que hacer a partir de excretas, por eso nos ha llevado tiempo aislar esos genes”.

Observaciones en campo y en laboratorio.
La investigadora, quien es integrante del Laboratorio de Parasitología y Medicina de la Conservación, se ha dedicado desde hace muchos años a conocer cuál es el estado de salud de las poblaciones de primates mexicanos. Su trabajo ha permitido identificar las especies de parásitos asociadas a estos animales, así como aquellos que pueden compartir con fauna doméstica, incluso con los humanos.
Explica que un reto para estudiar las enfermedades es que al ser especies amenazadas es necesario realizar las investigaciones con la menor manipulación posible. Por ello, se debe reducir al mínimo la manipulación y perturbación de estos animales. Además, al ser animales arborícolas esto dificulta la obtención directa de muestras, por esta razón, su equipo utiliza métodos de muestreo no invasivos y trabajan principalmente con excretas.
El procedimiento de obtención de muestras comienza en la selva. Los investigadores localizan al grupo de monos que desean estudiar, y registran la cantidad de hembras y machos, y la presencia de crías. Después colectan las excretas siguiendo protocolos estrictos de bioseguridad, para llevarlas al laboratorio en donde son procesadas y analizadas para obtener mucha información.
“En nuestro laboratorio en la ENES Mérida tenemos muchos años enfocándonos en estandarizar protocolos para obtener la mayor información posible acerca del estado de salud de estas poblaciones incluyendo estudios genéticos de los monos, de sus microparásitos y macroparásitos gastrointestinales, y parásitos de la sangre. Además, estamos empezando a estudiar contaminantes, metales pesados y resistencia a antibióticos, todo a partir de excretas”.
Trabajar con excretas tiene sus retos. Antes de realizar los estudios, los investigadores deben eliminar el material que no les sirve y después de esta limpieza les queda muy poco material para sus análisis. A pesar de esto, la investigadora explica que han podido obtener mucha información molecular de los monos, sus parásitos, patógenos y bacterias.
Como parte de su labor también realizan trabajos en colaboración con investigadores de la Universidad Veracruzana, del Instituto de Ecología de la UNAM y del INECOL.
- Los parásitos son parte de una paradoja, porque por un lado son indicadores de salud de un ecosistema, pero a nivel individual, es decir, de un único hospedero, lo que se espera es que no tenga parásitos y esté saludable.
Entre lo que ha encontrado en sus investigaciones es que estos primates tienen un tipo de parásito que es un nematodo altamente específico, es decir, cada una de las tres especies que habitan en México tienen su propia especie de parásito:
“No importa si viven juntos, si son amigos, o si comparten comida, estos parásitos no los comparten. Eso es una asociación evolutiva muy íntima, en donde el parásito y el hospedero ya han desarrollado estrategias de reconocimiento y de evolución conjunta que se le conoce como coevolución”.
La doctora Solórzano narra que cuando descubrieron esto en las especies mexicanas, buscaron si ocurría lo mismo en las especies de otros países. Para ello trabajaron con grupos de investigación en Costa Rica, Colombia, Ecuador y Brasil, y han detectado que esto mismo ocurre en todas las especies de primates Neotropicales.
El hallazgo permite comprender que la historia evolutiva de los primates no puede estudiarse de manera aislada. A lo largo del tiempo, sus organismos asociados también han evolucionado junto con ellos, estableciendo relaciones cada vez más específicas.
“Estamos armando una historia súper bonita de cómo van surgiendo las especies de primates y atrás van surgiendo sus parásitos. Es una historia muy interesante que empezamos descubriendo aquí con los primates en México y nos ha dado muchas alegrías ver que estos patrones se siguen cumpliendo”, concluye la ecóloga.
Por: María Luisa Santillán.
Sitio Fuente: Ciencia UNAM